Fernanda Soñaba. Eilan estaba en algún lugar en la oscuridad, y yo lo llamaba, pero no podía oírme. Intentaba hacerle señas, pero no podía verme. Cuando trataba de ir hacia él, mi pierna dolía tanto que no podía moverme. —¡Eilan! —grité. Él reía, hablaba con alguien. ¿Por qué podía verlo, escucharlo, pero él no podía verme ni oírme? —¡Eilan! —volví a llamar. —Fernanda —dijo alguien a mi lado, pero lo ignoré. No me importaba nadie más que Eilan. Necesitaba que me mirara. Si tan solo me mirara, si me sonriera, sabría que todo iba a estar bien. Esta oscuridad no duraría para siempre y… —Fernanda —dijo alguien, y algo cálido tocó mi hombro. Abrí los ojos lentamente. Todo a mi alrededor era gris, apenas podía ver, pero alguien estaba arrodillado junto a mí. Una luz se encendió y vi su ros

