DARIUS —¿Qué planes tienes después del partido del viernes? —Owen lanza otro dardo al tablero en la pared de mi oficina. Gruño. —No estoy seguro de que vaya. Se da la vuelta y me mira boquiabierto. —¿Estás enfermo o qué? Lo fulmino con la mirada desde detrás de mi escritorio. —Tengo otras cosas que hacer. Sus cejas se fruncen con sospecha. —Este es su último partido en casa. Suspiro. Sí, lo sé. También sé que tengo los mejores asientos junto a la cancha. Que Owen y yo nunca nos perdemos un partido importante de los Olympus City Jaguars. Pero esta semana es diferente. Yo soy diferente. —¿Qué cosas tienes que hacer? —recoge los dardos que no acertaron en el tablero. Me contengo de la urgencia de reprenderlo. No ha hecho nada malo y no merece ser el receptor de mi mal humor. Pero e

