Capítulo 6 (editado)

4357 Words
El bergantín Hegel levanta áncora durante una fresca mañana. El capitán Jack Mason revisa las coordenadas marítimas e inspecciona la radio, que tiene en el camarote, para sintonizar la frecuencia del puerto soviético cercano. Quisieron atracar en China o en Corea, pero el espectáculo debe seguir hacia la Unión Soviética. El retorno lo irían a tomar cuando navegaran hacia Estados Unidos. Marche y Teodoro suspiraron del aburrimiento, ya que viajar en un barco impulsado por velas, es un fastidio. Sí, el mismo inversionista de la idea también está harto. El dinero que acumuló en la gira, probablemente no cabría en la caja fuerte del banco inglés. Sin dudas es un éxito la gira de un bergantín por aguas orientales y occidentales, dado que ofrece un show a los habitantes de los puertos. En la Unión Soviética se preparan para recibirlos. La gente que va a presenciar el evento, cruza la frontera con china; luego viajan en el tren transiberiano hasta llegar al puerto. Marche habla sobre la historia de la ciudad. Estando cerca de j***n, no pudo evitar ser atacada por los japoneses a principios de siglo. La guerra ruso-japonesa fue un punto clave para alzar el ego nipón como un imperio prepotente. Además, tuvo lugar un incidente histórico durante una visita de la Triple entente durante la Gran guerra, pero nada allende de lo trágico. La ciudad marítima cuenta con su propio escudo, una plaza de la revolución, calles llamativas, el ferrocarril que los conecta con Moscú y una economía un poco salvable en comparación de otros sitios. —¿Iremos a Moscú? —pregunta Teodoro, quien había leído novelas soviéticas. —Me gustaría visitar Leningrado, ¿tú qué dices? —Estoy de acuerdo. Quizás pudiera hacerme una idea de la arcaica San Petersburgo que tanto describía Gógol y Dostovyeski. —Pasear por la avenida Nevski ja, ja, ja —bromea—. Solo cambiaron el nombre, sigue siendo la misma San Petersburgo. Conversaron en cubierta. Unos marineros charlan animados a los costados; el capitán fuma un tabaco mientras admira el mar desde popa; el vigía del carajo descansa bajo la sombra de un techo improvisado; se oye el ajetreo en el interior de la nave. Jack, con su espesa barba negra, hirsuta y brillosa por un misterio incognoscible —Teodoro se hizo la idea de que el capitán la asea con champú, ya que es imposible que una barba posea un brillo tan especial—, se acerca, entonces a Marche y Teodoro. —Atracaremos en Vladivostok. —Da una palmada amistosa a Marche a modo de camaradería, su voz es gruesa—. ¿Nervioso? —¿Por qué debería estar nervioso? —pregunta con reticencia. —Tiene usted cara de pasmado —responde el capitán, dando una calada al tabaco. Teodoro no lo notó, pero Marche sí tiene una cara apocada. —Es el aburrimiento, es todo —ofrece como respuesta. Jack lo mira con duda; el humo denso sale de los orificios nasales del capitán, como un dragón que se prepara para expeler fuego. Teodoro se hipnotiza, viendo el humo perderse en la infinidad del aterciopelado cielo, aunque es poco perceptible para el ojo. —Debe extrañar a su mujer, señor Marche —dice Jack para romper el silencio—. No reduce su hombría admitirlo. —Extraño todo de Gran Bretaña, querido Jack —repone con tristeza. —Pronto regresaremos. —Jack parece meditar una opción—. Aún podemos dar la vuelta y omitir el puerto. Marche se sobresalta. —¡No cancelaremos el espectáculo! —niega con voz autoritaria. Jack emite una risa amarga, da unos golpes al tabaco y luego, una vez en sus labios, cala profundo—. Nos esperan miembros del gobierno soviético, están fervientes de contemplar el bergantín Hegel. —¡Vamos hombre! No te lo tomes a pecho, trataba de ayudarte, pero el fulgor en esos ojos de gaviota me confirman que aún está usted espabilado —puntúa Jack. —¡Claro, capitán Jack! —Ríe, despacio. Teodoro identifica que su risa es sincera, pero oculta una inquietud. Marche había ocultado a la perfección su plan. Un m*****o de la organización del tablero n***o lo espera en Leningrado. Las indagaciones sobre la muerte de su padre, lo llevaron a contactar a Baburin, un condenado espía y soplón que ha recibido elogios durante su vida como agente doble. Acérrimo a los ideales del partido comunista, jamás osó traicionar a sus camaradas. Teodoro desconoce las intenciones de Marche, ya que el empresario quiere llevarse al muchacho para integrarlo a la investigación. Marche requiere de un respaldo en caso de que algo peor llegara a ocurrir. No he relatado los preparativos del bergantín, porque narré los sucesos que enlazan a los personajes. Si recuerdas, se hizo énfasis en la persistencia de Marche en observar las escabrosas evidencias de la muerte de su padre. Por tanto, llegó a la conclusión que fue un asesinato. ¿Por qué matarían a su padre? Él no era m*****o de la orden. ¿Cómo Marche conoció sobre la orden? Durante sus viajes a inspeccionar el rendimiento de la compañía, hizo su propia investigación, puesto que estaba en un callejón sin salida de parte del gobierno. Los miembros del tablero n***o lo seguían, sabían que alguien estaba jugando a entrometerse en sus asuntos. En consecuencia, fue raptado cuando iba a partir a Galés. Su intento frustrado de ir a la zaga de las pistas que lo conducían a uno de los territorios secretos de la orden, terminó en un encuentro inesperado. Apresado en un coche n***o, con ventanas oscuras como el fondo de un precipicio en una montaña, forcejeó y gritó para que lo dejaran libre; sin embargo, uno de los hombres, apiadado de las súplicas, siendo este un marido ejemplar y padre de doce niños, retiró la capucha, puso el filo del cuchillo en el cuello de Marche y clavó sus ojos gélidos, como el hielo del Ártico. Su aliento a brandy caro, hizo que Marche denotara el aroma típico de la burguesía londinense. Entonces, adivinó que el individuo tenía una posición alta en el mundo del espionaje. Pero su rostro cuadrado, barba afeitada, que confería matices grises con diminutos puntos negros que poblaban la epidermis; globos oculares azules con motas cenicientas alrededor del iris, que indicaban el inicio de una ceguera paulatina; labios lozanos como la apariencia elegante de su saco, acompañado por una corbata roja, que tenía la distinción de la realeza en la solapa. Esta era un amigo cercano de su padre y uno de los mejores consejeros de la compañía. Marche reconoció a Brandon. El tal Brandon esbozó una media sonrisa, pidió al conductor que redujera la velocidad para conversar sobre el motivo de la captura, no sin antes confrontar un interrogatorio expeditivo para saber cuánto logró indagar y con que propósito lo hacía. Él mismo había estado siguiendo a Teodoro, pues había identificado que el empresario perseguía una venganza imposible. Brandon ofreció un cigarrillo, Marche lo aceptó de buen grado para acompasar con su interlocutor. Dejaron un resquicio en las ventanas del auto para la extracción del humo. El conductor era un ajado portador de huesos que hedía a tuberculosis. Pese a su enfermedad, trabajaba, exponiendo su vida a los desagradables entes de la muerte. Brandon hizo las presentaciones, exhalando humo, lento, y permitiendo que se formara en el entorno, una neblina translúcida y poco halagüeña. Barajó las palabras que iba a decir, chistó al ver un semáforo en rojo. Luego del cambio de color, el mundo seguía en movimiento mientras ellos continuaban sentados. Brandon divagó sobré el asunto principal para saltar a un diálogo insustancial, primero para calmar a Marche, que parecía asustado; segundo, para ir entrando a fondo en el meollo de la cuestión personal. Después de hablar sobre el clima de Inglaterra, que lo comparaba con países europeos a nivel climatológico, inició la narración, distraído con el retomar de velocidad y las casas que pasaban alrededor. La creación de la orden era conocida tenía un propósito con base en sus ideales y objetivos principales. No hace falta recalcarlo, pero hay una meta y esa meta es eliminar a los sobrevivientes del Eje que forman parte de la orden del tablero blanco. Brandon, en ese momento del pasado, explicó que su trabajo sigue siendo aniquilar Nazis para limpiar la escoria del mundo, por así decirlo: la basura política. Hace unos años, al final de la guerra, en 1945, la orden del tablero n***o se vio envuelta en una disputa entre sus miembros honorables de Inglaterra, cuna de la organización y sede principal. Un m*****o manifestó su disgusto sobre los ideales de la orden, estaba en contra de la disolución cuando acabaran de asesinar a los Nazis restantes. La causa de esto, era porque sintieron ser parte de una broma, un chiste mal contado. Como entenderán, muchos dejaron a un lado a sus familias en pro de proteger el hogar donde residían, se hicieron pasar por muertos. No era fácil estar, de la noche a la mañana, redivivo en plena avenida contigua a la casa de un familiar que creyó en tu muerte durante años. Era un dolor emocional inexplicable para sus familiares. La historia de cada m*****o afectado por esta crisis de identidad, era variada. Sus hijos crecieron sin padres ni madres, otros fueron sepultados, supuestamente, y sus padres siguieron sus vidas; como resultado nefasto, ellos fueron observadores de sus seres queridos en las sombras, presenciaron el olvido de sus familiares. «Sus vidas estaban atadas a los ideales de la orden, su respirar, su hablar, su pensamiento, todo. Ellos eran la orden per se y nosotros, quienes entendemos que la partida está llegando a su fin, debemos continuar por un paraje incierto con una nueva máscara al mundo, pero los suspicaces a perseguir con acérrimo apego el barandal que limita la caída hacia el olvido, se negaron a reemplazar quienes fueron. Duele y créeme, tengo doce hijos y una mujer, ella consiguió un nuevo esposo. Estuve en su boda, oculto en la sombra de su añoranza, y vi sus lágrimas antes de subir al altar. Sabía que lloraba mi recuerdo, deseaba gritar: “estoy vivo”; mas si lo hacía, ella amanecería muerta, y mis hijos decapitados por mis enemigos». Quien se alzó y se declaró líder de la rotunda oposición a disolver la orden, fue el agente Clark, padre de un nativo y m*****o de la orden llamado Kawak. El hombre estaba obstinado de pertenecer a un grupo que eliminó su identidad. Pero no solo era su evidente molestia lo que enaltecía al grupo opositor, sino que, a su espalda, había cometido actos atroces en contra de la orden y a favor del tablero blanco. Sin embargo, era horrible lo que descubrieron luego: la facción renegada, existía antes del decreto para disolver la orden oficial. Clark lideró estos hombres, creyó que jamás alcanzaría a causar pavor o gestar una batalla para dominar Gran Bretaña. Las predicciones fallaron, cuando el día de la reunión, retiró su faceta afable, callada y sumisa, se delató como el rey blanco. Nadie creyó en esta estupidez hasta que Galés estuvo bajo su control. Horrorizados, trataron de asesinarlo allí mismo, pero falló, lo tenía todo planificado, en la antecámara activaron dispersores de gas mostaza. Brandon salió ileso, al ser uno de los afortunados en escapar. Por suerte, y desgracia a la vez, el rey n***o no estaba presente. La desgracia derivó de la astucia de Clark, pues mantenía una reputación ufana con el rey n***o. Asimismo, disuadió al rey n***o, a través de extensas manipulaciones y tretas, de haber traicionado la orden, lo cual dio tiempo a seguir fortificando su grupo. Se dio por hecho que murieron los miembros testigos de su fechoría. Los sobrevivientes del atentado, fueron a reunirse a un bosque, pero comenzó la cacería. Murieron diferentes agentes que habían sobrevivido en cuestión de un soplido. Brandon seguía vivo y no sabía cómo. Marche, sin poder creer la verosimilitud de tal declaración de hechos contundentes, preguntó qué tuvo que ver su padre dentro de la orden. Brandon confesó que era un aliado del rey n***o, por ende, los enemigos fuertes como Clark, buscaron asesinarlo. Aunque, había una historia secreta, un detalle más dentro del escabroso asunto de la intrincada historia. El padre de Marche era el dueño de un taller de reparación de barcos, en el puerto de Bridgepark. Esto lo desconocía totalmente Marche. El empresario reaccionó con sorpresa y entendió porqué su padre compró aquel terreno durante el día de su cumpleaños. No era por casualidad que lo había hecho. Entonces, Brandon, prosiguiendo el relato, informó que Clark trató, por medio del padre de Marche, introducir gente extranjera a Inglaterra, so pretexto de reparar un barco aliado que había sido dañado en combate. El padre rehusó esta petición misteriosa de Clark; además, Clark robó la identidad de un superior militar de la armada y lo usó para manipularlo. «Tu padre tenía una intuición especial para evitar artimañas, algo que tú heredaste», dijo Brandon con una sonrisa paternal. Marche no pudo evitar devolver la sonrisa, con cierto temblor en la comisura del labio, pues estaba nervioso. El rey n***o fue informado, pero Clark era un maestro del camuflaje y, por ello, no supieron quién intentaba, por medios sospechosos, introducir alemanes a Inglaterra. Después de aquellos sucesos, se desató el incendio de Bridgepark, por un supuesto accidente. Clark había planeado el incidente. La jugada fue perfecta. Incluso, había planeado matar a su hija junto Kawak. Oportunista como es, permitió el arribo de sus seguidores alemanes en Inglaterra, para seguir expandiendo el control sobre Gran Bretaña. «Ibas a Galés, me enteré por tus huellas, llevo días, persiguiendo tus movimientos. Si hubieras ido a Galés, no volverías vivo y quizá tu esposa estuviera muerta. Te han estado siguiendo. Sí, cuando te secuestramos, cuatro sujetos esperaban abordar la nave para ir a Galés, miembros de la facción renegada. Saben que eres el hijo del dueño de los talleres de reparación de barcos. La comitiva de la empresa está plagada de los sobrevivientes, el rey n***o no lo sabe y tu padre mucho menos sabía esto, nos presentamos con identidades falsas para obtener el puesto que tenemos hoy día para poder protegerte». Unió las piezas y el atolladero dentro de Marche, fue desbloqueado. Los días en los que era apartado de la empresa, eran consejos reales, no pretendían traicionarlo, querían protegerlo de los enemigos de su padre. En un momento dado, recordó la muerte del padre de Teodoro. Preguntó finalmente sobre las víctimas de la serie de asesinatos en Bridgepark. «Cada aniversario, Clark asesina a diez personas junto a sus compinches. Es un modo de hacerse notar y despistar nuestra facción sobreviviente. Nos encontramos divididos, Marche. Nada es seguro para nosotros. Cuatro facciones: n***o, blanco, renegado y sobreviviente. La facción renegada está causando estragos en nuestro país. Hace unas semanas, el rey n***o partió a Estados Unidos para encontrarse con Kawak y perseguir supuestos alemanes, según un llamado de alerta en América. Fue escoltado por una dama francesa que vela por su seguridad. Desconocemos a qué llegará esto, Marche, pero aquí y ahora, es momento de decirte lo que deberás hacer, porque estás en el punto de mira de los vasallos de Clark». De modo que Marche planeó construir un bergantín a vela, sin motor. Tenían uno en un museo marítimo. Realizaron gestiones con el gobierno, para arreglarlo y preparar la nave para que estuviera en perfectas condiciones. «Recorra Europa hasta Asia, debe encontrarse usted en la Unión Soviética con Punin y Baburin, agentes del servicio n***o. Debe viajar de Vladivostok hasta Leningrado. Es un viaje arduo, pero valdrá la pena, dado que allá estará disponible el informe que deberá ser enviado a Kawak. El hijo de Clark es el único que puede desafiar el ingenio de tan lógico enemigo. El rey n***o tardará sus meses en irse, usted debe zarpar antes de que el rey n***o esté en América. Una ola de masacres internas será librada sin la presencia del rey. No sabré decirle si estaremos vivos cuando usted regrese, pero garantizamos que usted si lo estará y es importante su llegada a la Unión Soviética». Marche lo pensó detenidamente y aceptó. Pero quiso saber quién asesinó a su padre. Brandon respondió: «Clark». Teodoro y Marche, unidos por las causas de la vida, tienen un objetivo en común para vengarse de la muerte de sus padres. Sin embargo, Marche no quiere que su futuro heredero se vea arrollado por los anhelos de dar con un asesino peligroso y a parte, con poder político. Marche termina de evocar sus objetivos principales en la Unión Soviética. —Capitán Jack, puede usted mostrarme su brazo izquierdo —solicita Marche, audaz. El capitán, sin escrúpulos, enseña el tatuaje de una torre negra con una cruz blanca en el centro: el símbolo de los sobrevivientes. Marche sonríe, cómplice. Jack guiña el ojo tan rápido que Teodoro ni cuenta se da. —Tengo tabaco en el camarote, ¿quiere usted uno? Puedo traerle al chico… —No fumo —aclara Teodoro. —Es un niño por el momento, deja sus pulmones intactos —dice Marche, amenizando el rechazo—. Tráeme uno, necesito relajarme. Jack hace una risa agria y canturrea una lírica en mal francés, mientras camina hacia el camarote. —Es un buen tipo —confesa Marche. —Me da miedo —contrapuntea Teodoro. —Lo que más tememos es aquello lo que un día nos protegerá —repone, mirando al cielo. Unos trazos de nubes cubren el cenit, se mueven con el viento que hedía a salitre. Un pelicano grazna. Se encuentran en aguas chinas—. Pronto llegaremos a Vladivostok. —Así es. —No te separes de mí, ¿bien? —¿Por qué debería separarme de ti? Eres el único de confianza en todo este grupo de hombres sudorosos y pestilentes a rata muerta. —Son hombres admirables Teodoro, no pienses lo contrario de ellos. Quizás su apariencia no sea correcta, pero ¿quién diantres viste correcto en estos lares? Estamos navegando y ya casi cumpliremos un año lejos de Inglaterra. —Usted divaga un poco. —Tal vez estoy embebido con una serie de teorías en el fondo que no logran converger. —¿De qué hablas? —Lo miró, extrañado. —No lo sé. «¿El rey n***o seguirá en América? ¿Kawak podrá enfrentar a su padre y defender a su hermana? ¿Podré vengarme y vengar a Teodoro? Es todo confuso y la trama de esta obra es complicada. Espero se solucione todo al final, cuando Clark caiga», cavila Marche, cerrando los ojos y centrándose en oír la orquesta marina. El sendero lo lleva por un camino tortuoso unido a Teodoro y Drew. Ruega, en el fondo, que su esposa esté bien y siga visitando a Drew. Aunque estén en territorio enemigo, todavía prevalece un grupo secreto el cual desconoce Clark, mencionado grupo opera por el bienestar de los pobladores de Bridgepark, siendo estos sus aliados más cercanos a la hora de proteger a su amada en la distancia. Cerca del distrito de Primorsky, hay un bosque seco. Los espigados árboles agrietan el pergamino celeste. Un disparo, una bala, un c*****r. Las aves baten sus alas hacia el infinito, gorjeando, ansiosas por el retumbar horrísono. Punin, m*****o de la orden del tablero n***o, acaba de ejecutar un renegado. Su rostro níveo, calva reluciente que resalta dos líneas de cabellos hirsutos, largos, tendidos hasta los hombros, parecen de paja de lo reseco que están. Fuma un cigarrillo, pero está por acabarse. Lo entierra en el ojo de el c*****r y regresa. Cerca de la carretera, un coche espera por su regreso. Abre la portezuela y se sienta. —Serafimovskoye Kladbishche —ordena. Su voz áspera pone los pelos de punta. El cochero asiente. Sentado a la espera de su camarada, Baburin acaricia el ushanka. Después acomoda una de las orejeras. Tiene el emblema de la nación en el centro. Sus ojos pálidos, verdes y viejos, muestran una reproducción permanente de una película de guerra que transmite las catástrofes más atroces que un ser humano puede cometer. Abrigado, estira las piernas sin levantarse. Está cerca del mausoleo. Suena el motor del coche, como una letanía, hasta acercarse lo suficiente para replicar el sonsonete tedioso de toda maquina humeante. El cementerio Serafimovskoye Kladbishche, es un sitio sombrío. Aquí y allá hay diversos ángeles rotos que custodian la morada del cascarón que un día habitó un alma. Punin se baja del coche y se sienta al lado de Baburin, en el banco. El cabello corto, rubio y lacio, de Baburin, hace que recupere unos años de su juventud perdida, pues el caballo del tiempo, no deja de galopar a siniestro avance. A veces, las grietas de las lápidas son interpretadas como una lóbrega moraleja a los años que roen a la juventud. —¿No dijo nada? —Baburin sigue acariciando el Ushanka. —No. —El hijo de Rick Warren está en aguas chinas —informa. —Leí las noticias en el periódico, sobre el espectáculo —objeta. —¿Qué te pareció? —Una idea ridícula —comenta, limpiando una mancha de sangre en la bota. —Para mí es adecuada. Un bergantín a vela que guarda al hijo de un escritor prolijo. —El manuscrito es la clave para salvar la operación —repone, sacudiendo la nieve de los hombros—. Un cuento fútil. —¿Lo leíste alguna vez cuando Rick vivía? —Nunca pisé Inglaterra —puntualiza—. Estaba en el frente, matando alemanes, ¿recuerdas? —Yo en Siberia, desollando japoneses —añade Baburin. —Es entretenido eso de desollar gente, pero me gusta disparar contra ellas, es misericordioso. —Me aburren tus ideales religiosos. —La religión es para los hipócritas, es mejor creer que Dios es el ser humano. —Dios dispara y pregunta después. —Dispara y se larga, jamás pregunta por un c*****r. —Punin mira a Baburin—. Los c*******s no hablan… ¿Qué diablos haces acariciando el ushanka? —¿Te has preguntado alguna vez por qué nos llamamos como la obra homónima de Iván Turguénev? —No deja de contemplar el ushanka. Pasa el dedo en el emblema soviético. —No y me disculpas, no representamos a Rusia en ningún sentido, es como si fuéramos una parodia mal gastada de un maníaco escritor que redacta por dinero —arguye extrayendo el revólver, puliendo el cañón con la tela del abrigo. —La Unión Soviética es una broma de mal gusto, ¿no crees? La condena absoluta de nuestras acciones de modificar un Estado. —Esperemos no escuchen tu lengua. —Me la cortarían. —Mira con una sonrisa desafiante a Punin—. Ya somos seres censurados, ¿qué puedes esperar? —Me da igual la censura si el mundo está jodido por un psicópata inglés. —Saca una cigarrillo y comienza a fumar—. Sus esbirros han llegado a nuestro territorio, por suerte, no tenemos desertores aún. —No los tenemos por el adoctrinamiento del sistema. El carácter soviético nos unifica como una entidad única. —La madre patria, nuestra Unión Soviética, lealtad, unión, camaradería. En resumen, un pueblo que sangra, pero es alegre por su miserable libertad. —Los individuos necesitan libertad para no pensar, es preferible trabajar y mantener la mente ocupada a sostener un pensamiento radical que te impulse al s******o. —Estás muy filosófico hoy, Baburin. ¿Alguna noticia de Nástenka? —Ninguna. —Pues, seguirá molesta con nosotros. —Fue a recibir a Marche al puerto. —Tardarán días en llegar, ¿no crees? —Semanas en el peor de los casos, el invierno arrecia y los trenes pueden obstruirse. —¿Enviaste el informe a Kawak? Baburin asiente como si le pesara dar una respuesta concreta. Prefiere acariciar el ushanka. —No volverá, amigo mío —dice Punin con lamento. —Nuestra hermana fue valiente. —Una nota de vacilación en la voz afligió el corazón de Punin. —No podemos proteger a nuestros seres queridos de la muerte. Hasta el más desalmado hombre que ha cometido los peores crímenes contra su propia especie, es capaz de sentir algo por los seres que ama. —Te estimo mucho, querido Punin. —Al menos en ello, nos asemejamos a la obra de Iván. —Tú, antes de arruinar tu vida integrándote al servicio, eras elocuente como Punin. Adorabas recitar poemas y mi hermana, toda atenta, te escuchaba. —No me hagas llorar aquí, Baburin. —Observa la posición del sol—. Deberíamos marcharnos. —¿Sabes? Firmé con el nombre de Teodoro. —Kawak no sabe quién es Teodoro, ni yo lo sé. —Encoge los hombros con indiferencia. —Es el supuesto hijo adoptivo de Marche —dice Baburin, levantándose—. No pertenece a la orden y, además, si interceptan la carta, no nos veremos comprometidos. —Hubieras optado por usar un nombre menos delator. —Tira la colilla consumida al suelo, pisándola. Deja una macula negra en el suelo. —Quizá, pero servirá para despistar al enemigo. Nadie se fija en el hijo adoptivo de un hombre, deben ir tras el hombre. —Como todo cazador, apunta al padre y no a la cría. —Ríe por lo bajo. —Somos lobos del invierno, hijos de la nieve y, cuando llega la primavera, retornamos a las raíces de la tierra. —Miró hacia un sendero y señaló una lapida—. Allí descansa ella. —No traje una rosa. —Pero yo traje su ushanka. —Ve y déjaselo, esperaré aquí. —Tío Punin debería venir. —No, por favor, ve tú. —No retengas lágrimas, no tiene nada de malo llorar un poco. —Mucho he llorado por ella. —Esperemos no llorar para regar la tumba del otro —sentencia Baburin. El crepúsculo pinta el cielo con la maravilla pictórica del invierno. Causa un filtro único de colores amenizados. Baburin posa el ushanka en la tumba de su hermana.
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