El sol se ocultaba tras las colinas, tiñendo el cielo de tonos dorados y rosados mientras el pequeño pueblo de Ravenwood se sumía en la penumbra. En una callejuela adoquinada, un grupo de jóvenes se reunía en torno a un viejo farol que apenas arrojaba luz sobre sus rostros ansiosos.
"¿Están seguros de que quieren hacer esto?", preguntó Jake, el líder del grupo, con una mezcla de emoción y nerviosismo palpable en su voz.
Los otros asintieron en silencio, sus corazones latiendo al unísono con la promesa de aventura y misterio que se cernía sobre ellos.
La mansión había sido el tema de innumerables historias de terror que habían circulado por el pueblo durante décadas. Se decía que estaba encantada por los espíritus de aquellos que habían perecido en sus sombríos pasillos, y que cualquier alma lo suficientemente audaz para aventurarse dentro nunca volvería a ser la misma.
Con linternas en mano y nervios de acero, el grupo emprendió su marcha hacia el borde del bosque donde se alzaba la mansión. La luna, apenas un delgado arco plateado en el cielo, arrojaba sombras fantasmales sobre los árboles retorcidos y el sendero cubierto de musgo.
A medida que se adentraban en la oscuridad del bosque, el aire se volvía denso y cargado, como si estuviera impregnado con la misma malevolencia que envolvía la mansión. Ramas crujían bajo sus pies y susurros indistintos se filtraban entre los árboles, alimentando el creciente nerviosismo que se apoderaba de ellos.
Finalmente, emergieron de entre los árboles para encontrarse cara a cara con la imponente silueta de la mansión. Sus torres se alzaban contra el cielo nocturno como garras retorcidas, y sus ventanas vacías parecían ojos vacíos que los observaban desde las sombras.
Con un último vistazo entre ellos, los jóvenes cruzaron el umbral de la morada, adentrándose en la oscuridad que aguardaba en su interior.
El interior de la mansión era un laberinto de pasillos polvorientos y habitaciones en ruinas. El aire era espeso y cargado, como si estuviera impregnado con siglos de miedo y desesperación.
A medida que avanzaban, los susurros se intensificaban, transformándose en murmullos que parecían susurrar sus nombres desde las sombras. Cada paso resonaba con un eco siniestro que parecía seguirlos a cada paso, alimentando el creciente sentido de paranoia que se apoderaba de ellos.
De repente, un ruido estridente rompió el silencio, haciendo que todos se detuvieran en seco. Sus linternas temblaban en sus manos, iluminando las sombras que se retorcían en las paredes y los rincones oscuros.
"¿Qué fue eso?", susurró Emily, su voz temblorosa con miedo apenas contenido.
Nadie respondió, todos demasiado atrapados en el terror que los rodeaba para pronunciar palabra alguna. Con el corazón en la garganta, continuaron su avance por los pasillos retorcidos, sin saber qué horrores aguardaban en las profundidades de "La Morada de las Sombras".
Y así, en medio de la oscuridad y el misterio, comenzó su descenso a lo desconocido, donde la verdad acechaba en las sombras y los secretos oscuros de la mansión aguardaban para ser descubiertos.