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Había terminado el sexto día de entrenamiento correspondiente a las retiradas. Entendía por qué llevaban tanto tiempo de entrenamiento físico y mental, era que habían pensado en cada posibilidad y querían estar preparados. Los planes de retirada tenían varias variables, tenían que estudiar las condiciones que les quedaban luego del ataque, como la cantidad de bajas por ejemplo. Así que había puesto de su parte para aprender su función y cumplirla a cabalidad, después de todo, cada uno de ellos era una pequeña parte del gran plan, pero cada parte formaba el todo. No tenía duda de que haría lo que tuviera que hacer, sacrificaría lo que tuviese que sacrificar para cumplir su función, que en principio consistía en cuidar del Sargento Garren. Pero en ese momento, Xian todo lo que necesitaba era ver que el Capitán Kang había llegado sano. Esperaba que estuviera intacto. ¿Por qué tenía que haber salido de nuevo? ¿Qué necesidad había? —Trata de quedarte atrás — le pidió la doctora Lysa extendiéndole la bata médica. —Sí, señora, prometo que no voy a estorbar — se colocó la bata con una gran sonrisa en el rostro. La doctora Lysa la miró con una mueca de desaprobación y desconfiada en el rostro. —¡Ah, sinceramente! ¡Las cosas que me haces hacer! —No es nada malo, estoy siendo solo una ayuda — dijo colocándole las manos en los hombros. —Sí, pero no se supone que los combatientes se ofrezcan como voluntarios — se apartó de ella y caminó hacia la puerta —. Ya, vamos, solo asegúrate de ayudar en todo lo que puedas sin estorbar. —Sí, señora — dijo firme y luego sonrió ampliamente —. Eres la mejor. Xian saltó como niña hacia la puerta, los mismos nervios de saber si todo había salido bien, le hacían actuar de manera exagerada. Siguió a la Doctora Lysa y tomó un carrito de utencilios para empujarlo hacia la entrada oculta. Caminó junto a los enfermeros y enfermeras, doctores y demás, que se movilizaban con todas las cosas necesarias para atender a los combatientes heridos, como estaba estipulado cada vez que regresaban de una misión o entrenamiento. Los admiraba por decidir dedicarse a ser quienes pueden ayudar a que una persona viva o no tras momentos críticos. Por eso sabía que la medicina no era su fuerte, le ponía nerviosa pensar que podría cometer un error que costara la vida de alguien. Claro estaba que en su trabajo, quizás tendría que herir a alguien que luego no pudiera ser salvado, sin embargo, eso era un dilema mucho más grande y un tema complicado, porque al mismo tiempo estaba luchando para que otras personas fuesen liberadas. Al llegar a la entrada oculta, caminó primero por los pasillos siguiendo a los demás y luego preguntó a uno de los doctores: —Disculpe, doctor, ¿dónde necesita esto? —Puedes colocarlo allí — le señaló a unos tres metros junto a la pared y junto a una camilla —, muchas gracias. —Está bien. Dejó el carrito allí y visualizó todo el espacio, las compuertas se mantenían cerradas, la luz seguía siendo blanca y esperaba que no cambiara a roja cuando ellos llegaran, como había sucedido con su primera misión especial. Según sabía, no tenían una forma de saber a qué hora estarían llegando exactamente, podía ser en cualquier momento, así que se sentía ansiosa. Decidió regresar al hospital por si necesitaban llevar algo más y resultaba que faltaban un par de camillas. Así que tomó una y la empujó por todo el recorrido. ¿Con qué se habrían tenido que encontrar esa vez? —¡Rápido, rápido! — apareció frente a ella una enfermera saliendo del último pasillo para llegar a la entrada —¡La luz se encendió! El corazón de Xian latió con más fuerza, y sintió la preocupación volver a inundarla empujó la camilla más rápido de lo que seguro se necesitaba, y atravesóel último pasillo. —Por aquí — pidió alguien. Ella primero observó la luz, seguía siendo amarilla. "Verde. Verde. Verde". Fue todo lo que pidió y pensó. Movió la camilla y la colocó donde le indicaban, luego se apartó retrocediendo más o menos al centro de la formación. Debió irse hasta el fondo pero su curiosidad no la dejó hacerlo. Los segundos que pasaron en realidad le pareció como si fueran eternos. Y entonces, la luz cambió. A pesar de que era color verde, el alivio no era completo hasta que no viera al Capitán Kang. —Prepárense, estén atentos — indicó el director del cuerpo médico al centro. ¿Estaría bien? ¿Se estaba preocupando demasiado? Pero es que el Capitán Kang siempre encontraba la manera de resultar herido, probablemente porque no tenía reservas en lanzarse al peligro de primero. Las compuertas se abrieron. Xian se alzó de puntillas e intentó ver mejor entre el cuerpo médico. Empezaron a entrar los combatientes. De primero visualizó al entrenador Firas seguido del equipo asegurador de esenciales, iniciando la formación aquellos combatiente que resultaron más heridos, a los cuales se apresuraron algunos enfermeros y enfermeras. Aún cuando había sido tan bien entrenada, le sorprendía ver la organización que tenían para todo, como hacía el cuerpo médico en ese momento. Los enfermeros colocaban a los heridos en camillas, y empezaban a atenderlos, mientras más combatientes seguían entrando. Apareció en el panorama, el líder Elle seguido del equipo de respaldo. Igualmente, los heridos fueron tomados por más enfermeros y enfermeras. De esa manera, Xian quedó apenas rodeada de personas, la mayoría se dirigieron a verificar donde o a quien podían ayudar. Ella siguió plantada en su lugar hasta que los demás combatientes terminaron de llegar y entonces, lo vió. —Capitán Kang... Dió un paso hacia adelante, pero se detuvo en su lugar. Aún con la capucha de la chaqueta cubriendo su cabeza y la tela tapando la mitad de su rostro, Xian podía reconocerlo, sabía que era él porque había sido el último en entrar... y por su contextura. Lo vio caminar dentro y las compuertas cerrarse detrás de él. Así como era el primero en salir, era el último en entrar, todo lo que quería hacer era acercarse a él y golpearlo justo en el rostro por ser de esa manera y mantenerla preocupada cada bendito día. Su arma estaba guindada en su hombro derecho, lo examinó con la vista de pie a cabeza, sus pantalones estaban rotos en los muslos y su chaqueta estaba rasgada en su brazo izquierdo. No podía ver si estaba herido gravemente o no. No podía distinguir si había sangre en su ropa o no por el color de la misma. Cuando estuvo más cerca, le vio quitarse la capucha y bajar la tela que cubría su rostro. Había algo en su mejilla izquierda pero no podía distinguir qué era. Avanzó, quería atenderlo, quería sanar sus heridas. —Ven aquí, ayúdame a cargarlo a la camilla — le tomó alguien por el brazo. Era una enfermera nativa que intentaba levantar a un combatiente del suelo, el cual parecía tener problemas con su pierna. —Claro. Ella se acercó sin dudarlo, le tomó el brazo y lo pasó por encima de sus hombros, tal como hizo la otra enfermera. —Muy bien, a la cuenta de tres — le indicó esta —. Uno, dos, tres. Y así lo alzaron y lo apoyaron de la camilla, luego este se subió con menos esfuerzo. —Gracias — continuó atendiéndolo —, ¿podrías llamar al doctor Gien? Tenemos que extraer lo que se adentró en su pierna. Xian se sintió nerviosa. —El doctor... si, claro. Dudó hacia dónde caminar. No conocía a ese doctor, no sabía quién era. Habían muchas personas de blanco y n***o y eso le golpeó la vista. Caminó un par de pasos cuando sintió que alguien le tomó el brazo y la giró. Al enfocar su visión, su corazón se detuvo. —¿Qué es lo que estás haciendo? Sus ojos rasgados la capturaron inmediatamente, pero vio en ellos desconcierto, enojo y cansancio. —Yo... —¿Tú qué, combatiente Xian? — su voz fue dura — ¡No eres del cuerpo médico! —Es que yo solo... —Vamos. Él la jaló del brazo. La rapidez con la que se movía solo le indicaba lo apresurado que estaba por sacarla de allí, lo que significaba que efectivamente no estaba agradado con ella. Caminaron lejos de la entrada oculta, adentrándose dos pasillos dentro del hormiguero. Una vez que estuvieron mi suficientemente lejos, él la soltó bruscamente y se giró con manos en la cadera. Enojado su mandíbula se tensaba, lo que le hacia ver más fuerte de lo que normalmente su apariencia denotaba. Se veía increíble. —¿Por qué siempre me haces tener que regañarte? Eres como una niña que no puede quedarse quieta, combatiente Xian. Ella no le hizo caso, en cambio tomó su brazo y levantó la manga. —¿Qué haces? —¿Se lastimó? ¿Fue un animal? — preguntó detallando su brazo. Le dio vuelta, miró arriba y abajo y solo identificó un rasguño desde el codo hasta centímetros antes del hombro. No sé veía profunda. Él apartó su brazo de golpe. —Eso no es de tu incumbencia, ese no es tu trabajo. Examinó su rostro, lo que había visto a la distancia era una cortada debajo de su ojo izquierdo. —¿Y eso con qué fue? ¿Le duele? Ni siquiera lo lavó — reprochó llevando su mano hasta el punto en cuestión. Sin embargo, justo antes de que pudiese tocarlo, él capturó su muñeca. —¡Ya basta, combatiente Xian! El volumen de su voz y el paso que dio acercándose a ella la hicieron quedarse helada en su lugar. Su corazón se detuvo. Le fascinaba poder observar sus ojos de tan cerca, la forma que tenían sencillamente la hipnotizaba. Sin embargo, su enojo hizo sentir mal a Xian, no quería que se enojara con ella. —No tienes que estar aquí, ¿no lo entiendes? — soltó su muñeca —. Que te hagas pasar por personal médico es una falta muy grande, ni estás capacitada para ayudar y puedes ser un estorbo para los profesionales. ¿Qué es lo qué pasa por tu cabeza? Se quedó en silencio un instante. Estaba intentando controlar sus emociones. —Responda — exigió con ceño fruncido. —Preocupación — soltó sin más, pensar no le había ayudado. —¿Qué? —Estaba preocupada por usted, Capitán Kang. Los hombros del Capitán Kang cayeron, como si hubiese sido tomado por sorpresa. —Combatiente Xian... —Con todo respeto, Capitán Kang — habló impulsivamente —. Usted es de mucho valor para la organización, creo que se subestima a sí mismo lanzándose al peligro de primero, o bien tiene complejos de héroe, porque no me parece necesario que esté arriesgando su vida cuando no es necesario. No tenía por qué salir de nuevo al exterior cuando ya había salido una vez. —Con todo respeto, Combatiente Xian — su voz fue dura de nuevo —. Eso no es de su incumbencia. Mis decisiones son mías y usted no es quien para cuestionar mi juicio. Sé lo que hago, sé por qué lo hago. Debe confiar en mí. —¿Cómo puedo confiar en alguien que solo se lanza a los precipicios? Él bajó la cabeza y suspiró cansado, frustrado probablemente. Luego volvió a mirarla. —¿Cómo puedo pedirte que entregues tu vida, cuando no me ves dispuesto a dar la mía también? Sus palabras le impactaron y sintió sus defensas caer. Aún así, sus sentimientos estaban a flor de piel, no pudo contener sus pensamientos. —Pero no puedo perderlo — salió de sus labios sin poder controlarlo, como si hubiese sido obligada a decir la verdad —, es decir, nosotros, me refiero a qué con demostrarlo una vez es suficiente, usted es nuestro líder, nuestro Capitán, si algo le sucede, sí, quizás la líder Alice pueda asumir su lugar, pero si desde un principio usted fue elegido para esta posición es porque es más que esencial, es vital para el desarrollo de las cosas y no puede actuar de esta manera. Creo que eso es una muestra de irresponsabilidad de su parte. Él dejó salir una carcajada sin gracia, y la miró cansado. —¿Irreeponsabilidad? Irresponsabilidad es la suya por hacerse pasar por un interpgrante del cuerpo médico cuando no lo es, solo por una curiosidad estupida. —Saber de usted era mi curiosidad. —Es estupida — señaló como si fuese obvio y se aceró de nuevo mirándolo a los ojos como para transmitirle su enojo y decepción —. Escúcheme bien, combatiente Xian, usted no debe estar preocupada por mí o intrigada por mí. Su única preocupación y su atención debe estar en su líder, el Sargento Garren. ¿Quedó claro? —Pero es que usted... —¡Pero nada! — se quejó retrocediendo — ¡Ya pare con esto, combatiente Xian! ¡Concéntrese en lo que debe hacer! ¡Ya aléjese de mi! ¡Deje de preocuparse por mi! ¡Ocúpese en cumplir su función! ¡Ocúpese del Sargento Garren! ¡Esa es su única prioridad como su compañera de batalla! El pecho de Xian se comprimió, sintió un pesar recorrer su cuerpo, se sintió triste. ¿Por qué se preocupaba por él cuando este solo la alejaba? ¿Por qué se sentía atraída? ¿Por qué le trataba de esa manera? ¿Por qué siempre tenía que hacer que esos preciosos ojos rasgados terminaran viéndola con decepción? —Yo creí que alguien debía preocuparse por usted también. —No, no deben — corrigió y pasó una mano por su rostro —. Que sea la última vez, combatiente Xian, la última, que usted hace cosas que no debería por preocuparse por mí. ¿Quedó claro? Xian no pudo sostenerle la mirada así que miró hacia un lado. Un nudo apareció en su garganta, quería llorar. —Le hice una pregunta, combatiente Xian. —Sí, señor. —Sí, señor, ¿qué? — exigió. —Quedó claro —lo miró sería —. Nunca más volveré a preocuparme por usted. Él la miró por varios segundos. Hubo un silencio entre ellos. ¿Por qué no podía poner una sonrisa en su rostro? ¿Por qué debía ser especialista en hacerlo enojar? ¿Y por qué siquiera debía importarle eso? —Muy bien — se colocó derecho —. Ahora retírese de inmediato y vuelva a su dormitorio. —Sí, señor — se colocó erguida —. Restauración — hizo el movimiento con sus manos. Sin verlo de nuevo, Xian se movilizó por su lado y se alejó de él. Debía dejar eso atrás. Pero es que no entendía cómo podía sentirse atraída hacia él, ni ella misma comprendía el por qué de sus acciones. Sea como sea, estaba determinada: el Capitán Kang, solo era la voz de mando. No tenía que darle más importancia o relevancia. Todo sentimiento, debía quedar por fuera. 
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