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1122 Words
Cuando esperas algo con fuerza los días pasan lentamente, pero cuando ya tienes lo que anhelabas, los días parecen ir en cámara rápida. A esa conclusión había llegado Xian al dejarse caer en el suelo por el dolor y ardor en sus piernas y brazos. Se extendió en el suelo sin importarle nada más que darle descanso a su cuerpo y respirar. Luego de que el entrenamiento con el líder Firas terminase, Xian había decidido probarse y llevarse al limite, al arrastrar un neumático de su propio tamaño. En realidad era el cuarto día que lo intentaba y se sentió orgullosa al ver que había avanzado casi hasta la mitad del campo. —Te tomaste en serio lo de llevarte al limite, ¿no es así? Su voz la hizo levantarse de inmediato. —¡Estás aquí! ¡Ya estás bien! —Yo siempre he estado bien — corrigió con una sonrisa —, el caso es que ya me han dejado volver al servicio. El Sargento Garren tenía su uniforme puesto, ya no había una venda en su cabeza, e incluso la mayoría de los cortes en su brazos habían desaparecido. —¿Tanto te hacía falta que no puedes dejar de mirarme? Xian giró sus ojos. —Definitivamente eres tú — Se quejó soltando la cuerda de su cintura. Dos semanas habían pasado desde que Xian le había visto en el hospital, dos semanas en las estuvo recuperándose y ella entrenando. —Al fin has sido dado de alta, lo único que sabía de ti era — hizo comillas con sus dedos —, que estabas bien. —Eso y que además me necesitan para la explicación que les darán mañana, considerando que el Capitán Kang necesita más tiempo para recuperarse. Ella se quedó en silencio un par de segundos, quiso preguntar más obre el capitán Kang, pero no pudo hacerlo. —De cualquier manera, puede que no hayas sabido mucho de mí, pero yo fui informado de tu progreso cada día — dijo ayudándola a empujar el neumático a su lugar. —No lo creo. —¿Ah, no? — hizo una mueca de sorpresa — He estado al tanto de todo, desde el hecho de que fuiste capaz de escalar un metro de altura solo con tus brazos, hasta el hecho de que te caíste torpemente al patearle la pelota a un niño en el área común. La boca de Xian se abrió ante la sorpresa. —¿Tú también te enteraste de eso? ¿Es que todo el hormiguero lo sabe? Él hizo una mueca que lo confirmaba. —No puede ser. Xian se alejó de los neumáticos y se sentó a un costado del campo. —¿Al menos te reíste? — preguntó mientras lo veía sentarse a su lado. —Lógicamente. —Supongo que cualquier cosa puede suceder mientras estás vivo. —Ese es el punto — señaló —. Mientras estés vivo. Xian miró hacia arriba, observando el cielo más lejos de lo que podía pensar. —Suenas como si hubieses perdido a alguien — resaltó Xian. Primero lo escuchó suspirar pesadamente y luego decir: —He perdido a más personas de las que puedo contar o las que quiero admitir. Lo miró de inmediato, observando su rostro por cualquier indicio de angustia, sin embargo, todo lo que veía era nostalgia encapsulada en su triste sonrisa. —El camino de las grandes responsabilidades es solitario y frío — explicó mirando al cielo. —No tenía idea de que te sentías de esa manera, no es necesario que hables al respecto. —Está bien, no te preocupes — le sonrío —. Después de todo, probablemente te sientas identificada, no es como si hubieses estado rodeada de personas que sientan un verdadero afecto hacia ti. —Eso sonó rudo — se quejó —, pero es cierto. Todo el afecto que he sentido, ha estado solo en mi mente, nunca lo he vivido. Pero viéndote, no sé qué es peor, no haberlo tenido nunca, o haberlo tenido y perdido. —Supongo que la dos opciones son crueles. —Lo siento mucho. —Lo siento mucho también — le golpeó el brazo con el codo —. Tú ni siquiera sabes lo que es extrañar. —No lo sé. Pero podrías explicármelo, parece que extrañas a alguien. Él la miró un instante, en sus ojos notó tristeza y en su sonrisa, las ganas de ocultarlo. Apartó la mirada y la enfocó en sus propias manos. —Extraño a muchas personas que he dejado atrás y que me han dejado también — confesó suavemente —, pero sobretodo a mi padre. Xian había aprendido en esos meses que los nativos tenían la oportunidad de conocer y vivir con sus padres, mientras que ella y los que habían vivido por perspectivas, nunca habían conocido ni siquiera a su madre. Los únicos que conocía era los robots que la cuidaba, Hira, Heishi y Heike. —¿Eran muy unidos? —Bastante — se colocó de pie y empezó a caminar en círculos frente a Xian —. Él me hizo quién soy hoy, me dio esta posición y me cargó con esta responsabilidad. —¿Eso es resentimiento? —Un poco, lo es. Yo no pedí cargar con la responsabilidad de la verdad, pero él me hizo conocerla así que, no puedo alejarme. Xian observó su expresión e intentó comprender a profundidad sus palabras pero no lo lograba. —Te encanta hablar de forma generalizada. —No es eso — rio —, lo siento, no quiero confundirte. —No temas hablar abiertamente, no voy a contarlo por allí. Él se sentó y luego se acostó en el suelo. —Estoy enojado con él por dejarme atrás — confesó amargamente —. Murió hace unos años, murió antes de que estuviera listo para continuar lo que él estaba haciendo, y no me quedó otra que aprender en el camino. Este en el que he perdido a más personas de las que quiero mencionar, unas porque han muerto, han sido asesinadas y otras porque solo me han traicionado, al punto de que me he vuelto un poco ermitaño. —No he vivido de primera mano algo como eso — respondió Xian acostándose a su lado para ver las estrellas —, pero creo que aunque resultes herido una y otra vez, como en la batalla que no puedes dejar de enfrentarla, no puedes cerrar tu corazón. —Oh, no lo he hecho. Es por eso que estás aquí — Xian encontró su mirada —, no serás de los que me traicionan, ¿o sí? —Confío en que ninguno de los dos traicionará al otro. —Confiaré en ti. 
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