Nerviosa, me paseo por la oficina en la que Balthazar me dejó junto con Aitor mientras él y Troian fueron a reconocer el supuesto cuerpo de Charles D'Alesso, quien presuntamente apareció muerto por la madrugada en los límites del territorio de la secta de Balthazar. —¿Qué tal si es una trampa, Aitor? — pregunto tan rápido que casi no se me entiende, girándome hacia el susodicho y obligándole a dejar de leer los papeles que se encuentra leyendo en uno de los sofás de cuero de la oficina del lugar al que Balthazar me presento como el Panteón. —El malo no puede morir así porque así, Aitor, ¿en qué historia el villano muere sin siquiera una pelea o algún derramadero de sangre? — pregunto con rapidez, acercándome a él y agudizando mi voz cada vez más —. Cierto, en ninguna. Esto tiene que ser

