Es imposible disipar el terror que embarga a mi cuerpo cuando Balthazar suelta aquellas palabras. Mucho menos cuando su brazo debajo de mi espalda se tensa en consecuencia a algo que parece escuchar en el exterior de la casa, y que yo no logro captar en absoluto. Al notar que mi cuerpo tiembla levemente debajo del suyo, Balthazar deja de observar alrededor y baja su atención a mí, advirtiéndome con su mirada que me controle mientras pasa dulcemente sus dedos sobre mi espalda para tranquilizarme. —Tenemos qué movernos, Valerie, esta posición no nos favorece. Aún se encuentran a varios metros de la mansión y no nos verán si nos trasladamos ahora — susurra Balthazar, luego de unos segundos de estar observando a nuestro alrededor con el ceño fruncido y, seguramente, de estar intentando escuch

