capitulo 12

1058 Words
—Eso es, nena, grita para que pueda oír lo que te hago — mi sexo se vuelve una laguna al escuchar su ronca voz. Sin poder evitarlo por más tiempo, otra potente explosión me obliga a soltar otro vergonzoso grito. Por varios segundos, quedo idiotizada y jadeante sobre el espejo mientras Balthazar sigue moviéndose dentro de mí. Alarga mi éxtasis mientras toma lo que quiere de mí. Las contracciones de mis paredes alrededor de él le hacen gemir más alto, haciendo todo tipo de cosas a mi sistema. Los ruidos que hace son tan excitantes y masculinos, que me encuentro excitándome de nuevo, a pesar de la sensibilidad que me dejó el ultimo orgasmo. Pocas, pero bruscas embestidas más y su m*****o comienza a descargarse dentro de mí en fuertes chorros calientes, logrando sacarme un suave gemido al sentir su prominente corrida llenándome de nuevo y sacándole a él un último y ronco gemido sobre mi oreja. Agitada y respirando irregularmente contra el espejo, aún logro sentir como Balthazar se desplomaba sobre mi espalda, presionándome más contra el espejo y dejándome aún elevada en el aire, con él enterrado en mi interior profundamente. Su respiración no parece tan brusca como la mía, pero sí logro sentirle inhalar con fuerza sobre mi cabello mientras sus brazos me rodean con más fuerza la cintura. Me obliga a quedarme quieta en su firme agarre. Luego de unos segundos, la claridad llega a mi cerebro como una fuerte bofetada, sacándome un pequeño jadeo de sorpresa al reparar en lo ocurrido con su cuerpo mientras follábamos. Sigue cambiando. Curiosa, me remuevo entre sus brazos, queriendo zafarme. Pero Balthazar me obliga a quedarme quieta al rodear más firmemente mi cintura con sus antebrazos, los cuales comienzan a perder el oscuro color y ahora parecen tornarse cada vez más claros y de un color humano. Con fuerza, me pega más a su cuerpo, enterrándose más profundo dentro de mí y sacándome un gemido ahogado al sentirlo estirar un poco más mis sensibles paredes. —Quieta — advierte roncamente sobre mi oreja. —¿Cómo...? — intento preguntar en un gemido ahogado por el placer de sentirlo aun removiéndose en mi interior, pero él me corta volviendo. —Dijiste mi nombre — susurra con su grave voz, logrando sacarme un jadeo ahogado al volver a moverse dentro de mí. Sale unos pocos centímetros y luego vuelve a su lugar con profundidad, repitiendo el proceso en casi imperceptibles embestidas —. Sellaste el ritual. Pediste por mí para ser traído a la realidad y me otorgaste la libertad de volver a este mundo. Yo soy libre, pero tú perdiste tu libertad, niña ingenua — se ríe ronco sobre mí oído. Maldición, ¿qué he hecho? —¿Qué? — aterrada, intento removerme para que me suelte, pero Balthazar no me da la oportunidad al comenzar a moverse dentro de mí de nuevo, ahora saliendo por completo y entrando con más dureza y profundidad. Con astucia, logra quitar de mi cabeza cualquier pensamiento coherente, sacándome fuertes gemidos en el proceso. No entiendo qué significan exactamente sus palabras, pero si él sigue fallándome así de bueno todos los días, fácilmente podría dejar pasar el significado ellas. Sin dejar de entrar y salir de mi interior, y haciendo uso de su fuerza paranormal, Balthazar separa mi cuerpo del espejo y comienza a caminar hacia la cama conmigo en brazos mientras sus manos toman mi cintura con fuerza y me obligan a subir y a bajar sobre su cuerpo. —Me aprietas tan bien, Valerie — gruñe sin dejar de penetrarme a su antojo. Y me doy cuenta de que su palabrerío sucio me excita más, porque me empapo aún más cada vez que habla. El chapoteo que genera nuestros sexos chocando hace eco en la habitación de forma erótica. Un alto gemido escapa de mis labios cuando, al llegar al borde de la cama, sale de mi interior con brusquedad y me deja caer sobre el colchón. Mi espalda se estrella contra el colchón y reboto. Balthazar se relame mientras mira mis pechos rebotar, y yo aprieto las piernas al verle tomar su m*****o y darse lentas caricias mientras me analiza desnuda en la cama. —Un día haré que esas tetas me reboten en la cara mientras te jodo — gruñe y yo gimo. Quiero que lo haga ahora, pero, en cambio, observo como ignora la expectación en mi mirada y se gira hacia una de las mesas de luz. La excitación queda en segundo plano cuando le veo sacar de allí los mismos amarres que usó conmigo la noche anterior y que ahora logran enfriar un poco de mi calentura. —No — jadeo, girándome en el colchón e intentando gatear hacia el otro lado de la cama. Ignoro el dolor muscular y la incómoda humedad de su corrida entre mis piernas mientras me arrastro sobre las sábanas para alejarme de él. Pero no logro ni llegar a la mitad, porque una de sus manos, la cual ya no es ni fría ni invisible, me toma del tobillo y tira de él con fuerza, obligándome a volver a girarme y a quedar en la misma posición en la que me dejó cuando me tiró sobre el colchón. — Shh, nena — Balthazar sonríe con espeluznante diversión, dejándome muda. Sus dientes blancos y rectos me dejan sin aliento. Es, ahora, un hombre humano realmente sexy. De esos que te harían voltear al verlos si te los cruzas por la calle —. Solo será esta última vez, Valerie — me advierte y me devuelve a la realidad. —Púdrete — intento forcejear y tiro de mi tobillo para soltarme, pero es totalmente en vano cuando sus manos tiran de mi brazo también. Antes de que siquiera pueda parpadear, encadena mi muñeca a la cabecera de la cama, sacándome un jadeo de sorpresa cuando reparo en cómo las manos que me sostienen parecen estar cambiando de color a medida que pasan los segundos. Ya no es una piel azul pálido, sino que comienza a adquirir un bronceado natural. ¿Qué...? Totalmente en shock, me quedo viendo sus manos como una tonta mientras Balthazar se encarga de encadenar mi otra muñeca y mis tobillos a los postes de la cama, dejándome en la misma posición sumisa de la noche anterior.
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