CAPITULO 25 Ray Dios santo es viernes y al fin he decido parar con la sala del descubrimiento. ¡Mierda! he trabajado toda la maldita semana sin descanso. Recordar cada cuerpo que azoté, que excité que llevé al orgasmo o que le produje dolor me da repugnancia. He vomitado varias veces después de las sesiones. Estoy hecho una mierda. Mi padre me ha llamado un par de veces; siempre le contesté lo más normal que pude. El cree que ando en un viaje de negocios. Cada vez que hablo con el pregunto por mi hermana Lili, gracias al cielo ella se mantiene estable. Y los calmantes para el dolor han hecho su trabajo. Jack me visitó a diario, me trajo comida y ropa limpia. En pocas ocasiones hablamos, yo siempre estaba ocupado. Lo único que recuerdo que me dijo día tras día:

