Al marcharme de mi propia casa por culpa de la intrusa que andaba desnuda en ella, me dirigí al bar que me esperaba Lucas. La misma mesa de siempre, la más próxima a la pared. Lo apartada que es esta mesa era motivo suficiente para elegirla en cada visita. Pido un whisky antes incluso sentarme. Lucas me observa con cierta curiosidad. He sido un blanco muy fácil. Jamás me apresuro en pedir el trago, simplemente espero en mi silla hasta que el camarero lo traiga. — ¿Qué sucede ahora? —pregunto. Antes que el tema de conversación sea yo, lo paso a él. — ¿A ti? —cuestiona. —No tengo una chica de quince años volviéndome loco —suelto porque aunque se ha mantenido en silencio sé lo que sucede con Lia. Él me mantiene la mirada por algunos segundos en silencio para luego prenderse del vaso, q

