Capitulo 13 - Hermanas

1479 Words
Capítulo 13 Hermanas Mia La distancia del hotel a la casa de mi papá estaba a cuarenta y cinco minutos. Ya habíamos llegado hace 5, aparcamos el auto a unos metros de la casa y desde esa distancia podía ver las personas llegando, el jardín perfectamente decorado con los colores rosa pastel y blanco y lleno de tulipanes, al parecer alguien en esa casa era amante a esas flores. —Vamos. —me dice Asher y asiento. Estoy muy nerviosa a pesar de todo tengo muchísimo tiempo que no veo a mi papá en persona y mis hermanas las voy a ver por primera vez. Esto es una locura, pero igual tengo que hacerlo. No vine desde lejos para acobardarme ahora. Tomada de la mano de Asher, nos dirigimos a la fiesta. En la entrada hay una mujer que según creo es la encargara de recibir a los invitados. —Buenas tardes —le saludo. —Buenas tardes —me dice. —Nombres por favor. —Mia Hernández y Asher Brown. La mujer me mira un poquito raro y luego desvía su vista a la lista que tiene en la nano y luego verificar si nuestros nombres están nos mira. —Aquí tengo a Mia Hernández, pero no a Asher Brown. —Bueno, él viene como mi acompañante. —En ese caso, bienvenidos al paraíso de Ivie & Queen. Pasamos adelante y todo está muy bello la verdad. Hay muchas personas que ni idea de quienes son, pero en fin no vine a verlos a ellos. Miro a mi alrededor y diviso a mi papá a lo lejos viniendo hacia mí, al parecer la chica de la entrada le aviso de mi llegada. —Mía, bienvenida. Me da muchísimo gusto que vinieras. —me da un abrazo. —Si, también me da gusto verte —le digo sin mucho ánimo. —Tú debes de ser Asher —se dirige al hombre a mi lado. —Sí, así es señor. Se dan un apretón de manos. —Ven Mía, te quiero presentar a tus hermanas. Las dos susodichas están hablando con unos chicos. —Hijas, me permiten un minuto. —las dos se voltean y son idénticas, no me había dicho que eran gemelas. —Si papá… Aprieto la mano de Asher la cual no he soldado desde que nos bajamos del auto. Estoy a punto de caer en un colapso interno. —Les quiero presentar Mia, su hermana. Ambas se quedan mirándome y siento que estoy viendo doble. Me sonríen y no puedo evitar hacerlo también. Son muy bellas y tienen los ojos de papá y los míos. —Hola —me dice tímidamente. —Hola. —Yo soy Ivie. —Y yo soy Queen. Al notar de no digo nada por lo estupefacta que estoy, me abrazan. —Mucho gusto en al fin conocerte. —El sentimiento es mutuo —les digo. Mi papá se lleva a Asher a habar y me deja sola con mis hermanas. No sé qué decirles ni cómo actuar, en cambio, ellas hablan demasiado, me cuentan cosas que no les pregunto. Son muy enérgicas y alegres, nada parecido a lo que me imaginaba de ellas. —Papá dijo que vas a la universidad y que vives en Seattle —me dice una de ellas. —Si, así es, ¿y ustedes en que grado están? —Ya estamos en último grado, el año que viene iremos a la universidad. —Que bien. Seguimos hablando de cosas triviales, ellas más que yo. —Sí, papá es el mejor. Amamos cuando deja de lado su trabajo para pasar tiempo con nosotras. Los cumpleaños anteriores eran una locura, cuando cumplimos catorce pasamos en Milán una semana. Y cuando le dijimos que te queríamos conocer, o paro hasta convencerte de que vinieras. A él le encanta cumplir nuestros deseos — me dicen y justo ahí, en ese instante, mi corazón se volvió a romper. Es duro escuchar como ahora entiendes que cuando alguien quiere estar contigo no hay obstáculo que no pueda superar y ahora, entiendo las vanas excusas de mi querido padre, él nunca ha querido pasar tiempo conmigo. Ahora entiendo todo. Me quedo pensativa y mis hermanas están tan concentradas que no se dan cuenta de lo mucho que me afectan sus palabras, sé que no lo dicen den manera intencional, pero aun así me duele saber que a mi padre no le ha importado estar lejos de mí todo este tiempo. Él y Asher vuelven y me pide que hablemos en privado, lo sigo a dentro de la casa y nos quedamos en lo que creo que es su despacho u oficina. Trato de disimular que quiero llorar. —Hija, quiero que empecemos de nuevo, quiero que estemos más juntos, pasar tiempo contigo, hacer cosas de padre e hija, recuperar el tiempo que hemos perdido —me dice y una serie de recuerdos llegan a mi mente al oír sus palabras. —Recuerdas esa vez, cuando tenía 9, hubo temblores de tierra en esta zona y las casas este, se movían de lado a lado y yo estaba en la cocina y mi mamá en la sala. Cuando mi mamá fue a socorrerme para estar junto a mí una de las paredes de derribo y yo quedé atrapada durante horas hasta que llegaron son bomberos. —No, no lo recuerdo —me dice agachando la cabeza. —Por suspenso que no lo recuerdas, no estuviste ahí, ni antes ni después de que sucedió. La única voz que escuche fue la de mi mamá, diciendo que ya va a ayudarme a salir y aunque ella sabía que ella no podía ayudarme, estuvo ahí intentado, calmándome detrás de los escombros —le digo con ojos llorosos. —Hija yo... Me seco las lágrimas que me han salido para seguir hablando. —Un año después, en mi cumple número 10, te llamé y te dije que no quería ningún regalo. Que el regalo perfecto para mí era que vivieras a verme y que estés conmigo, aunque sea un rato —se me vuelven a salir las lágrimas. —Me quedé esperándote y no quise soplar las velas porque pensé que estarías ahí para soplarlas conmigo. >> ¿Y sabes que es lo peor de todo esto? Que yo, a pesar de todo, seguía esperando, seguía queriéndote. Cada regalo que enviaste lo revivía como si fuera una parte de amor tuyo. Confundía las muestras de afecto con lo material, con algo si valor. Y hasta ahora me doy cuenta de que solo intentabas hacerte sentir bien a ti mismo, haciéndote creer que con eso ibas a hacer un buen padre. —Yo si te quiero hija —intenta acercarse, pero no lo dejo —. Sí te quiero. —Un padre que quiere a su hija no la abandona, aunque tenga miles de problemas con su madre, siempre, siempre busca la manera de estar junto a ella —lo dije con más rabia de la que sentía. —Mamá nunca te iba a impedir que me vieras, tú solo tomaste esa decisión. Haciendo tus cosas desde la distancia. En los últimos años, cuando me regalaste el auto, ni siquiera viniste a entregármelo. El departamento solo fuiste a la firma de los papeles, creo que ni siquiera has entrado a ver cómo es. Se queda callado, sabe que todo lo que estoy diciendo es verdad y me duele que solo se haya dado cuenta por qué ya yo no me podía callar más. —Sabes otra cosa que me causo un gran dolor. Cuando mi mamá se tuvo que ir de viaje por su trabajo y te pregunte si podía quedarme contigo, mientras tanto ella volvía y me dijiste que no. >>Espero de verdad que nunca hayas sido así con tus otras hijas. Y que ellos si hayan sido felices contigo, aunque por lo que me han contado, ya lo creo que sí. Y no te equivoques en lo que has dicho anteriormente, no hemos perdido el tiempo, tú lo has perdido y te aseguro que a partir de ahora me has perdido a mí. He escuchado centenares de veces que debemos hacer las paces con nuestros demonios internos para vivir en paz, creo ya que yo hice las paces con los míos. Con mi papá ya no hay opciones ni oportunidades. He sacado todo lo que dolía y me siento mejor. Él siempre será mi padre y de alguna u otra forma siempre lo voy a querer. Todo esto fuera cierto si no estuviera a punto de colapsar. Busqué a Ángel, que estaba en el jardín hablando con una de mis hermanas, y le dije que nos vayamos. —¿Paso algo? —me pregunta cuando entramos al coche. —No puedo perdonarlo, no puedo— le digo y me abraza y empiezo a llorar. —Tranquila, sí.
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