Capítulo 15
Isabel, Otra vez.
Mia
Este mes empezaban los exámenes finales del periodo de la universidad y ya yo estaba agobiada sin antes comenzar bien. Los mendigos profesores me tenían estresada y de mal humor todo el santo día.
No sé si lo había comentado antes, pero estudio Marcketing. Amo la carrera, pero eso no quita que me estrese un poco todo el proceso de ella. Procuro concentrarme en terminar las tareas que tengo que entregar esta semana porque si no, no poder tomar los parciales y no me apetece repetir periodos universitarios.
Cuando al fin puedo terminar al menos la mayoría, estoy cabreadísima. Solo me faltan unas tres y adiós a las tareas y bienvenidos los parciales.
No sé por qué estaba tan enojada, se supone que si ya estoy terminado lo que me falta debería estar feliz, pero no, no lo estoy y para no terminar rompiendo mi computadora y mis cuádrenos de apuntes decido irme a descansar.
Cuando llego a mi habitación lo primero que veo es a Angel, acostado en la cama. Cuando llego del trabajo dijo que había tenido día pesado y necesitaba descansar.
Cierro la puerta de mala manera y se despierta con el ruido.
—¿Pasa algo? —me pregunta con cara de confusión.
—No, solo estoy estresada —le digo pasando las manos por mi cabello.
—¿Quieres que te dé un masaje? —la idea me anima un poco.
—Me daré un baño primero —le digo y asiente.
—Me pasas mi celular —me dice. —Está en una de esas gavetas —señala la mesita de noche.
Tomo el celular y automáticamente se enciende la pantalla que tiene una foto nuestra, es una foto que yo misma edite, simulando que estamos besándonos frente a un atardecer, y llega un mensaje, la barra de notificaciones me permite ver el remitente y lo que dice.
Isabel: Ey, podemos hablar. Es importan…
Me quedo mirando la pantalla unos segundos y reúno la paciencia que no tengo y más que estoy cabreada.
—¿Por qué Isabel te sigue escribiendo? —le pregunto pasándole el teléfono.
—Ya te he dicho que es una amiga, estudiaba conmigo en mi antigua facultad.
—Pues no me agrada y espero que seas considerado al pedirle que no te vuelva hablar. —le digo y me doy la vuelta yendo al baño.
—¿Ahora te vas a poner tóxica?
—No es toxicidad, es que no me agrada esa chica —replico.
—Ni siquiera la conoces.
Al momento que me dice eso es como si paciencia llegara a un punto extremo. No quero ser tóxica, pero tampoco quiero callarme las cosas que me molestan como antes. Eso fue lo que destruyo nuestra relación y no estoy dispuesta a callarme.
—No me hace falta conocerla para saber que no me agrada. —le digo y trato de calmarme.
Se queda mirándome y dice nada. —¿No vas a decir nada?
—No tengo ganas de discutir, sí. —se levanta de la cama y sale de la habitación. Maldito. Me quedo unos segundos ahí y de mala gana entro al baño a ducharme. El agua fría aviva mis neuronas y me da energía. Termino de bañarme y me pongo el pijama para ya acostarme a dormir.
Como todas las noches voy a la cocina a tomar agua, veo a Angel hablando por teléfono y no sé qué mendigo bicho del chisme me habrá picado, pero quiero saber con quién rayos está hablando. Me acerco un poco para escuchar y…
—Isa, ya no estés mal. Descuida, pronto se arreglarán las cosas —dice él. Arg, estoy enojada Dios, me devuelvo a la habitación y tomo una almohada. Voy a donde está Angel.
—¿Isabel, otra vez? —le lanzo la almohada en la cara dándole señales que va a dormir en el sofá o cualquier otra habitación, menos en la mía. No le digo más nada y me voy a la cama, no sin antes cerrar la puerta con seguro.
Hago todo lo que puedo por dormirme y no pensar tanto y lo logro. ***
A la mañana siguiente me despierto por los ruidos de la puerta, es Angel tocando.
—Mía, déjame entrar. Necesito bañarme o llegaré tarde al trabajo.
Me hago la dormida y finjo que no lo escucho. A mí que ni me hable.
—Mia, es en serio. Tengo una reunión importante ¿Quieres que me echen del trabajo? —chantajista maldito.
Le abro la puerta y lo miro de mala gana.
—Oye, Isabel es una amiga, amiga. Ayer estaba mal y quería hablar conmigo porque últimamente la ha estado pasando mal.
Se queda a la espera de una respuesta y me quedo en silencio, hace un gesto de cansancio y se va al baño.
Cuando me quedo sola en casa llamo a Karina y le cuento todo.
K: Neni, no puedes ser tan dura con él y tampoco prohibirle a que hable con sus amigas, además ni siquiera sabes si ellos tuvieron algo que ver antes de reencontrarse.
M: Es que me da la sensación de que sí, y esa chica no me agrada.
K: Debes darle la oportunidad, no la conoces.
M: No quiero.
K: Estás siendo muy infantil, Mia.
M: Dios, lo sé, pero no tengo idea de que hacer ahora.
K: Habla con él y resuelvan esto.
M: Vale, lo invitaré a comer.
K: Súper, bueno, hablamos más tarde.
M: Gracias, te quiero.
K: Te quiero.