La casa olía a musgo y grandes recuerdos que nadie se negaba a soltar, los guardaba tan recelosamente que solo ignoraban que existía y no decían mas nada. Luego de ese encuentro no vi más a Gabe en mi presencia, ni siquiera sentí su mirada rondándome lo que de verdad me aliviaba mucho pues siempre su forma de verme era como la de una cosa mala como si fuera un mal augurio para todos. El lunes por la mañana fue mi primer día en casa con el señor Rodríguez, mi tutor nuevo en casa. Aquel era muy delgado y larguirucho con un mostacho muy gracioso y cara demasiado pequeña para su cuerpo, su tez era morena y compaginaba bien con su cabello corto y n***o que llevaba recelosamente peinado. Me pareció alguien muy amable y encantador mientras me hablaba sobre la revolución francesa para esperar a

