Tres días fueron suficientes para coger un bus y viajar junto al chico por varios estados. Solo así estariamos seguros de que mi madre no nos encontraría. Pero en realidad desde lo más recóndito de mi corazón no tenía muchas esperanzas, sin una carta y de la forma más impulsiva como había hecho mi escapada, era probable que ahora me creyera una traidora y mala hija por no tomar en consideraciones sus deseos. ¿pero que deseos eran esos? Ella me estaba vendiendo por algo de poder y riquezas a aquel hombre guapo. Me sentía una verdadera tonta por no notar lo que sucedía a mi alrededor, todos esos cambios en ellos, su piel brillante y blanca, sus ojos cambiantes y a veces esa mirada agresiva y vacía que estremecía todos mis miedos. Mi madre no era ni la sombra de lo que solia hacer. La pérd

