Por eso, el hecho de que él la abandonara, su traición, la había afectado tanto que estuvo a punto de ingresar en un centro psiquiátrico.
Había sido cautelosa, estaba segura, pero se había equivocado: después de todo el esfuerzo de su vida, la habían engañado, la habían defraudado y se había convertido en lo que siempre había evitado: una carga de la que alguien a quien amaba quería escapar.
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Un golpe en la puerta de su oficina la saca de sus pensamientos. Kyle está allí, con aspecto preocupado.
«¿Está bien, señora? Parece... distraída», dice Kyle, entrando en la oficina. «¿Otro cliente se ha echado atrás, un proveedor ha rechazado un trato?».
Marcia murmura algo inaudible en respuesta y luego dice claramente: «Jullian realmente está moviendo los hilos entre bastidores».
Kyle niega con la cabeza, con una mezcla de incredulidad y frustración en el rostro. «¿El tipo que vino el otro día?», pregunta Kyle, sentándose frente a Marcia.
«¿Quién es ese tipo? ¿Jullian...?» insiste, observando atentamente a Marcia, recordando cómo se le había caído la tapa de la caja y cómo ella y «ese tipo» se habían mirado.
Marcia mira fijamente a Kyle y luego parpadea como si recordara algo. Sí, puede que él no sepa quién es Jullian... ¿por qué debería saberlo?
Ella se aclara la garganta. «¿Has oído hablar alguna vez de Grayson House?», le pregunta Marcia a Kyle, mirándolo fijamente con una mirada totalmente profesional.
Kyle se endereza en la silla. «Grayson House... es una potencia en la industria del alcohol, ¿no?», responde Kyle, con el dedo índice en la barbilla, pensando, con la mirada fija en el techo.
Marcia aplaude una vez. «¡Sabía que había hecho un gran trabajo al contratarte, Kyle!», dice emocionada, y luego, recomponiéndose, continúa.
«Ese tipo, como tú tan acertadamente lo llamas, es el heredero de la Casa Grayson», concluye, cruzando los brazos sobre el pecho y sentándose erguida frente a Kyle.
«¿Qué? Pero... ¿por qué nos ataca entonces? ¡No somos ni una gota en su océano! ¿Qué es lo que quiere?», exclama, con su bonito rostro desfigurado por el miedo.
Marcia suspira y desvía la mirada. «Está intentando arruinar mi empresa, intentando meterse en mi cabeza».
Kyle frunce el ceño, se queda callado un momento y luego dice: «No puedes dejar que gane, Marcia. Has trabajado demasiado duro. No puedes dejar que gane».
Se inclina hacia delante. «No estás sola en esto, ¿sabes? Me tienes a mí y a otros que creen en ti». Kyle insiste, con suavidad y confianza.
Marcia levanta la vista y le sonríe dulcemente a Kyle. «Marcia, ¿eh? ¡Por fin!», piensa para sí misma, y se ríe un poco.
Kyle, sorprendido por su respuesta, inclina ligeramente la cabeza, con una mirada de curiosidad en su rostro.
«Gracias, Kyle; necesitaba oír eso», dice Marcia con delicadeza.
Kyle le devuelve la sonrisa.
«Es solo que...», dice ella lentamente, con voz tranquila. «Es difícil cuando sientes que todo se desmorona. Pensaba que estaba preparada... que era el momento... de volver, pero ese tipo...». Mira a Kyle y esboza una pequeña sonrisa. «Ese Jullian... lo está haciendo imposible».
La leve sonrisa sigue en los labios de Marcia. Kyle puede ver que sus ojos vuelven a tener una mirada distante.
Aunque agradece las palabras de Kyle, siente el peso del pasado y del presente sobre sus hombros.
Ya ha sobrevivido a muchas cosas: el divorcio de sus padres, la culpa de su infancia y ahora se enfrenta a los juegos de Jullian. Marcia vuelve a enderezar la espalda y apoya las palmas de las manos sobre el escritorio. No dejará que esto la derrote. No puede. Vuelve a enfocar la mirada y mira a Kyle.
Su mirada se desplaza a la lista de llamadas que tiene que hacer y luego se desliza hacia la pulsera que lleva en la muñeca, un pequeño recuerdo de una época muy querida para ella. La mantiene con los pies en la tierra. Le recuerda las montañas, los ríos y los mares que ha cruzado.
Le recuerda que ya no es la niña enferma que escuchó las palabras de una madre amargada, ni la carga de un hombre y una mujer cuyo amor se había roto, ni la joven que fue traicionada por su amante y quedó con el corazón roto.
Es una mujer decidida, centrada y apasionada, capaz y totalmente segura de que puede cuidar de sí misma. Esta vez no perdería; esta vez no. Nunca más.
Su teléfono vuelve a sonar, devolviéndola a la lucha.
Con renovada determinación, Marcia asiente a Kyle y coloca la mano sobre el auricular. Kyle le devuelve el gesto con una sonrisa y se levanta.
Mientras él regresa a su escritorio en la planta baja, Marcia descuelga el teléfono y responde con un tono agradable: «Buenos días, ha llamado a Oltre Bacchus. ¿En qué podemos ayudarle hoy?».
Pase lo que pase a continuación, lo afrontará de frente.
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«¿Señor? ¿Señor? ¿Se encuentra bien?».
«No es nada. Estoy bien», responde Jullian, sujetándose el estómago mientras cruza el helipuerto de la azotea del edificio de su empresa.
«¡Ah!». Tropieza y el hombre a su izquierda, que le estaba haciendo preguntas hace un momento, lo sujeta. Jullian lo empuja bruscamente y tropieza con el hombre a su derecha, cayendo de rodillas y agarrándose con fuerza al brazo del otro hombre.
«Señor, ¿qué le pasa? ¿Llamo a alguien? ¿Necesita una ambulancia?», pregunta el hombre al que Jullian acaba de empujar.
«No hace falta», responde el hombre al que Jullian se está aferrando: Lucas. «Puedes llevar el maletín, Tom; yo me encargo a partir de aquí», dice Lucas, mirando a Jullian y sosteniéndolo con la fuerza de su poderoso antebrazo.
«¿Está seguro?», insiste Tom, con preocupación en su voz, girando la cabeza hacia la izquierda y hacia la derecha, buscando a alguien, a cualquiera, a quien pedir ayuda.
«No te preocupes. He dicho que no pasa nada. Puedes entrar», responde Lucas secamente, con sus duros ojos grises fijos en los de Tom. Tom da un paso atrás, mirando alternativamente a Jullian y a Lucas.
«Oh, vale. Claro», comenta Tom vacilante, retrocediendo hacia la salida del tejado. «Avísame si necesitas algo».
«Lo haré», responde Lucas, con un tono un poco más suave al ver que Tom accede a su petición.
Jullian sigue gimiendo, girando la cabeza hacia el brazo de Lucas. «Señor, tenemos que ir con ella. Tenemos que verla», le dice Lucas al oído a Jullian.