«Tu padre», dice Marcia mientras sus ojos se posan en los labios de Jullian y se quedan allí. «¿Qué te hace pensar que me pasaría por alto?», pregunta con voz baja, con las manos ahora apoyadas en el pecho de Jullian, donde puede sentir los latidos de su corazón.
«Yo...», comienza a decir Jullian con voz suave. Sostiene a Marcia en sus brazos, con la mirada fija en ella, como si recordara otro momento, otro lugar.
Marcia, antes de poder detenerse, recorre el labio inferior de Jullian con el dedo. El pulso de Jullian se acelera y se dispone a soltar a Marcia, pero ella le agarra por los brazos y se acerca a él, con los ojos marrones casi negros a la luz de la noche.
«¿Qué te hace pensar que pasará por alto el hecho de que has venido a mi oficina, has sobornado a mis proveedores y has comprado a mis clientes?», pregunta ella, sujetando los brazos de Jullian y manteniendo su mirada fija.
Aprieta más fuerte. Jullian se estremece y empieza a apartarse, pero ella lo sacude para que la mire. Ahora está tan cerca que puede sentir el calor de su cuerpo; nota cómo se tensan sus músculos.
«Dime, Jullian», su aliento besa su barbilla, sus labios, sus mejillas, y él inspira.
«Dime por qué no sospecharía que algo está pasando», le pregunta, exigente, con el ceño fruncido, la mandíbula apretada y los ojos fijos en los de él.
Jullian exhala temblorosamente; quiere alejarse de ella, pero tiene miedo de usar cualquier tipo de fuerza contra Marcia. No puede sacudirla en este momento crucial, ni física ni emocionalmente.
«¿Está pasando algo?», se oye decir en voz baja, de forma seductora, mientras le coge el codo con la mano y sus ojos azul claro parecen penetrar en el alma de Marcia.
Marcia lo mira fijamente durante un momento y, al poco tiempo, suelta sus brazos y se aleja, observando a Jullian.
Hay algo en sus ojos, una especie de luz... algo que Jullian no ha visto en cinco años... la comisura izquierda de sus labios se curva lentamente y Marcia se ríe.
Un sonido que Jullian no ha oído en cinco años.
==========
Marcia y Jullian están en la universidad. Hace más de un año que son pareja.
Jullian está de pie frente al espejo, vestido únicamente con unos calzoncillos negros. Se le ve parcialmente un tatuaje de un c*****o de rosa en el lado izquierdo del estómago, justo debajo de la cintura, cerca de la cadera.
Marcia está detrás de él, con los brazos alrededor de su cintura y el otro sobre su pecho.
«¿Qué pasa con este tatuaje?», pregunta Marcia, jugando con los bordes de los calzoncillos con los dedos. «No recuerdo que fuera de este color la última vez», le dice con voz ronca al oído a Jullian.
Jullian, mirándola en el espejo, sonríe levemente y le da un beso en la mejilla. «Era diferente la última vez. Cambia cada año».
«¿Cambia cada año? ¿Por qué?», pregunta ella con curiosidad, rozándole el cuello con el aliento y mirándole a los ojos en el espejo.
Él sostiene su mirada en el espejo y dice: «Mi madre... En recuerdo de mi gemela... lo cambia... cada año».
«¿Y tú se lo permites?», pregunta Marcia, sorprendida por esta revelación. Jullian esboza una sonrisa triste, una sonrisa resentida. «Hay una razón por la que tengo que verla... cada año, y cuando lo hago...», se mira a sí mismo y luego al tatuaje que Marcia acaricia suavemente con el dedo, «ella cambia el color».
Marcia le baja suavemente el lado izquierdo de los calzoncillos.
«Los detalles también parecen haber cambiado», dice ella, alzando un poco la voz al final al darse cuenta de este detalle con sorpresa.
Él la mira a través del espejo, con el rostro ahora claramente triste, sin fingir ser otra cosa que un recuerdo doloroso, una historia dolorosa. «Sí. A veces», dice, mirándola y luego apartando la mirada, «ella añade más detalles».
Él pone su mano sobre la de Marcia, impidiéndole acariciar su herida, que es lo que el tatuaje significa para él.
«Podrían ser más pétalos, podría ser un cambio en el tallo, podría ser una nueva hoja, quizá dos». Su voz grave suena monótona, como si estuviera describiendo algo que le sucede a otra persona.
«¿Es por eso que ella te llama su c*****o de rosa? ¿Por esto... Mark?», pregunta Marcia, con cara de preocupación, rayana en la ira, mientras recuerda la cena con los padres de Jullian hace más de un año.
Mark... piensa Jullian para sí mismo.
Nadie fuera de su familia ha llamado nunca a esta cosa «Mark», piensa Jullian con nostalgia; solo Marcia podría tener la profundidad y la visión de futuro para llamarla por su nombre.
Porque, en realidad, eso es lo que es.
Una marca, una marca que llevan todos los herederos de la familia Grayson.
Jullian toma la mano de Marcia y la hace girar frente a él, rodeándola con sus brazos, mientras permanece en el mismo lugar, ambos aún frente al espejo.
Apoya la cara contra la de ella y la barbilla en su omóplato.
Marcia lleva una bata gris sobre las bragas y el sujetador a juego, también de color gris ceniza, y él dice: «Hay una historia detrás, y podría contártela, pero no te va a gustar».
«Sabes que puedes contármelo todo», dice ella en voz baja. «Sabes que puedes contárselo a tu pequeña mariposa», dice, besándole en la barbilla y acariciándole los brazos que la rodean por la cintura.
«¿Mi mariposa?», dice Jullian con una pequeña risa en la voz. «Sí», dice ella, mirándolo en el espejo. «Me llamaste así una vez, ¿recuerdas?». Él le sonríe. «Sí», dice. «Lo recuerdo».
==========
Este recuerdo pasa por la mente de Jullian mientras observa a Marcia reír.
«¡Ja, ja, ja, ja!».
Marcia, por su parte, siente que le arde la cabeza. No sabe si reír o llorar.
Tiene una conversación en su mente, sola consigo misma.
«¿Qué es todo esto? ¿Qué son estas confesiones y esta charla sobre salvar a alguien?
«¿A quién le importa salvar a alguien?».
«¡No he venido aquí para esto!».
«¿Por qué debería ayudarle?».
«Son su familia; ¡debería salir por sí mismo!».
«¡Pero eso es lo que está intentando hacer; por eso te lo está pidiendo!».
«¿Pidiéndomelo? Si necesitaba mi ayuda, ¿por qué no se ha acercado a mí como una persona normal? ¿Por qué no me lo ha pedido directamente? ¿Por qué tanto rodeos?».
«Si hubiera venido directamente, ¿le habrías escuchado?».
Todas las palabras y argumentos que se agolpan en la mente de Marcia mientras camina son tan fuertes que no puede oír los sonidos que la rodean; solo oye un murmullo sordo que poco a poco llena sus oídos y se hace más fuerte.
Es su sangre corriendo hacia su cabeza.
Tiene la cara roja y le duelen los ojos de tanto pensar. «¡Marcia, Marcia!», grita Jullian, apartando a Marcia de la carretera que estaba a punto de cruzar, justo cuando se acercaba un coche.
Marcia se vuelve hacia Jullian con una mirada distraída e irritada. Entrecierra los ojos y frunce los labios. Mira la mano de Jullian que le agarra el brazo y le lanza una mirada fulminante, con el ceño fruncido y los ojos entrecerrados.
Jullian recuerda sin querer su primer encuentro en la universidad. ¿No fue así como ella me agarró del brazo y yo la miré entonces?
Sonríe a pesar de sí mismo y a pesar del accidente que casi ocurre. «Lo siento, lo siento. ¿No me oíste llamarte? ¿No viste venir el coche?», dice rápidamente mientras la ayuda a ponerse firme y le suelta el brazo.