Capitulo 6.
Negocios.
Selin sonríe ligeramente. Ambos continúan bailando, dos canciones más, y regresan al sofá, están pasándola increíble, la noche no parece terminar, actuando como una pareja, ella ríe apoyada del pecho de Leandro, mientras él la abraza enfocándose en las ocurrencias de Sergio y la prima de Selin.
— ¡Madre mía! Amanecimos aquí.— Recalca Sergio, quien pone en alerta a Selin.
— Tienes razón.— Replica ella un poco seria, viendo el reloj.— Es hora de irnos.
Ella se levanta, todos empiezan a recoger sus cosas, Leandro sin preguntar nada más los acompaña a la salida.
— Nos vemos en el trabajo chica.— Afirma su prima.
— Cuídate.
—Lo haré, cuídate tú también.
Los hombres de seguridad aparecen para llevar a Daniela al campus de la universidad.
Selin se despide de todos, y Leandro la guía al auto, ella lleva el pastel en su regazo mientras descansa un poco enfocándolo.
— Jamás me hubiera imaginado que era tu cumpleaños.
— No lo esperaba, supe de ello en el club donde nos conocimos, cuando estaba con Sergio y mi prima, el resto son colegas del trabajo.
— Entonces estás aquí por cuestiones de trabajo y estudios, según tu amiga estás terminando un año de especialización aquí.
— Lo estoy, aún no es definitivo mi estadía aquí.
—Por eso te quedas en la suite.
—Así es, aunque debo hacer un reporte, debido a esa facilidad con la que le dan acceso a extraños.
—Eso no es culpa del hotel, tengo mis métodos.
— ¿Tus métodos? — La hace sonreír.— Eso me hace pensar que repites un patrón.
— Para nada, no me interesó por cualquier mujer.
— Estoy llegando a pensar que mi pulsera tiene que ver.
—Tu pulsera solo ha sido un motivo; ya nos habíamos visto antes.
—No lo recuerdo.
— Tenía casco, casi choco contra tu auto.
— Mm, ¡Vaya! Eres el imbécil de la moto.— Selin sonríe ligeramente.— Eso me hace pensar que no son coincidencia nuestros encuentros.
— Eso parece.
Leandro estaciona el auto en la entrada del hotel, le da la llave al valet parking y se mueve a abrirle la puerta. Selin baja del auto y se aproxima a uno de sus hombres de seguridad, a quien le da el pastel y se hace a un lado, enfocando a Leandro nuevamente.
— Me divertí mucho, gracias.— dice enfocándolo con inquietud.
— Eso suena a despedida, ¿Te aburriste tan rápido?— Pregunta siendo recto.
— Para nada, pero estoy segura que no será la última vez que nos veamos, espero no haber dañado tus planes…— dice cortando la distancia entre ellos.— cuídate Leandro…— Ella le da un intenso beso que no pudo contener, siendo correspondida con la misma ansiedad.
Un excitante beso que marca una despedida.
— Hasta que nos volvamos a ver.— dice ella acariciando sus labios y se aleja lentamente dejándolo inmóvil en su lugar.
Leandro la observa marchar y no la detiene. Ella voltea notando que aún sigue dónde lo dejo y le arroja un último beso, antes de que se marche.
Leandro hace una señal a sus hombres de seguridad, en pocos segundos llega su auto. Al subir en el auto, Leandro saca su celular y guarda su número, está distante y conservador como de costumbre.
Al llegar a casa, Leandro toma una ducha y se relaja en su habitación, por ser el líder tiene su propia fortaleza, dónde intenta descansar sin éxito.
*
Al amanecer, Leandro se prepara para salir y reunirse con su padre y Franco como de costumbre, sin embargo, está vez piensa en Selin antes de salir. Las cosas han pasado tan rápido que no sabe que como catalogarla, parece ser una chica liberal, pero hay algo en ella que lo hace pensar que no es tan fácil como lo cree, no quiere pensar en que está con hombres por diversión, ya que dinero no le falta, tampoco puede verla actuar así con otros hombres, no es que se crea especial, es que en el fondo siente que es más complejo que lo que se ve a simple vista. Necesita organizar sus ideas, por ello decide tomarse un día para analizar las cosas con cabeza fría, ya que ella al final es todo un misterio para él.
*
Un día después.
Leandro no puede sacarlo de su mente, la piensa con constancia, como a ninguna mujer antes. La marca en su muñeca es el recordatorio de la noche que compartieron, y no se quiere quedar en lo que pudo ser.
— Jefe, ya todo está listo para enviar el cargamento a Usa.
— Bien, informa a mi padre, cuando termines con eso, Gimena, necesito un favor.
— ¿Un favor señor?
— Si, ve a una joyería y compra una prenda, algo no tan llamativo, pero que su valor en roca sea generoso.
— ¿Regalo especial señor?
— Solo haz lo que te pido, cuando tengas el recado, pide que lo envuelvan en una caja, se lo entregas a Perales y le dices que me llame.
— Cómo ordene señor.
Leandro se queda pensativo, mientras revisa algunos documentos. Después de unas horas, Gimena le envía algunos diseños, hay un collar muy hermoso y llamativo con pequeños diamantes que le gustan mucho y lo elige como obsequio.
P: Señor, ¿A dónde llevo el regalo?
L: Suite presidencial del hotel Place, a nombre de Selin.
P: Está bien señor, de inmediato.
Ambos cuelgan y en cuanto pasa una hora, Perales lo llama nuevamente.
P: Leandro la joven se ha ido del hotel, dicen que se fue anteayer por la mañana, no hay registro de ella en el recibidor.
L: Imposible, encuéntrala.
P: Haremos lo que podamos señor.
*
Días después.
Cómo si se la hubiera tragado la tierra, hace tres días que Leandro la busca, pero no encuentra registros de Selin en la ciudad, con el regalo en su poder, Leandro se confirma con saber que fue un momento grato, ya que obtener su número no sirvió de nada, sale desconectado.
— Lo lamento señor, perdimos su rastro.— Reporta Perales.
— ¿Aún buscas a la chica?— Pregunta Orlando, quien es el único que sabe lo que Leandro busca con exactitud.
— No importa. Perales, detén la búsqueda. Vamos, nos están esperando.— Ordena con firmeza moviéndose a la salida con su primo.
Ambos se dirigen a la base, dónde ya Franco los espera.
—Vengan, tomen asiento, me informaron que ya está a pocos minutos de aquí. —Confirma Franco.
—Espero que este encuentro valga la pena —replica Orlando.
—Tiene que… —confirma Leandro, muy serio.
—¿Estás bien, muchacho? —pregunta Franco al ver lo enojado que está.
—Lo estoy, veamos qué quiere de nosotros; si no nos sirve, pues lo desechamos, así funcionan las cosas, veamos qué pasa.
Franco siente que hay algo más, pero no es momento de hablarlo, ya que Marcos aparece en la escena.
— Franco, viejo amigo, tiempo sin verte.— Franco le da la mano con cortesía.
Mientras que los dos chicos lo miran con frialdad y firmeza, analizando cada movimiento cómo un león a su presa.
—Bienvenido, toma asiento —dice Franco, obviando a los dos jóvenes con expresiones despiadadas junto a él.
Ambos permanecen distantes, permitiendo que el hombre haga recuerdos con Franco y se disponga a ir al grano y explique el motivo de su visita.
—Te estoy hablando de un hombre que lo tiene todo, una pizca no hará daño; además, está en tu territorio, le ha dado el liderazgo a su hija, es una niña de 23 años que no tiene poder alguno. Te aseguro que esa joyería nos dará millones incalculables, pero ese no es mi plan, mi plan es tenerla a ella. Sé que está aquí en Italia; tú tienes el poder para, con un simple secuestro, conseguir millones. Él hará todo por su hija y yo quiero el 80% de las ganancias.
— ¿Qué tienes tú que yo quiera para tener que mezclarme en juegos de niños? — Franco lo mira con frialdad.
— Tengo algo que se que buscas. — Marcos apoya las fotografías sobre la mesa un poco nervioso, ya que con un movimiento de Franco podría obtener lo que quiere con o sin ensuciarse tanto las manos.
— ¿De dónde lo sacaste? — Pregunta muy serio sin expresión aparente.
— Solo te diré que tengo el acceso completo a él, solo necesito tu respaldo y tu ayuda para recuperar lo que he perdido, ¿Qué dices? ¿Tenemos un trato?
Marcos está sentado en una mesa rodeado de los herederos de la elite que lo miran fijamente en silencio, hasta que uno de ellos se levanta de la mesa.
— ¿Qué me impide a mi tomar lo que le pertenece a mi familia y que se nos fue arrebatado? — Pregunta Leandro con firmeza y temple.
— Te haré ganar mucho dinero, además si aceptas podría incluirte en la negociación, este tiempo me ha dado acceso a muchos contactos, ¿Los diamantes no son tu especialidad? Te pondré los que quieras a tu alcance si me ayudas a darle una lección a este hombre. — Leandro se detiene, rodearlo con su arma y se regresa a su trono, volviendo a fijarlo con frialdad.
— ¿Tú tienes idea de con quién estás negociando? — Pregunta el Joven de gran apariencia y de carácter fuerte.
— Lo tengo, verte ahora es como ver a tu abuelo en sus tiempos, estoy consciente del entrenamiento que tienes y la manera en que haces las cosas, de ti hablan por doquier, si me das la oportunidad tendrás el acceso directo de nuestro país, ¿No es lo que estás buscando?
— Convénceme con acciones, dame una muestra y quizás piense en mover a mi gente para ayudarte.— Responde Leandro un poco indiferente.
— Pensé que dirías eso. — Marcos saca una pequeña bolsa con pocas muestras que logro conseguir. Leandro no se inmuta, uno de sus hombres de seguridad toma la bolsa y la entrega a la belleza nata de Alma, quien aparece tras la señal de Leandro, para evalúa el contenido de la bolsa y con una mirada le dice todo.
— Bien, ¿De quién estamos hablando?— Pregunta enfocando ahora con poco interés al hombre.
— Se llama Selin Contreras, tiene 23 años y creo que será nuestra mejor arma…— En cuanto Marco le pasa la foto a Leandro, todo parece un chiste, una gran casualidad, que su primo nota y se ríe en su cara llamando la atención de Franco quien mira a su nieto imaginando que la conoce.
Leandro analiza las fotos de Selin, la carpeta tiene toda su información completa, una tarea que sus hombres de seguridad y su gente le quedó grande, pero no es para menos, es la hija del gran empresario Julián Contreras, un hombre poderoso de América, por supuesto que pondría a su hija en una bajo perfil.
— Bien, pongamos todo por escrito y espera mi llamada.— responde Leandro cerrando la carpeta intrigado ante el juego al que acaba de entrar.
— No te vas arrepentir de esto, será el mejor negocio que hagas este año, te lo garantizo.
— Ya veremos…— Se levanta. — Tengo algo que hacer, las muestras son mías, las tomaré como referencia, espero que lo prometido no pase de dos meses a partir de la entrega o no habrá trato.
— Si, si, no se preocupen, lo tendrán todo, confíen en mí.
— No confío ni en la Suela de mi zapato, por tu bien no me falles o te desaparezco de la faz de la tierra, ¿Entendido?
— Por supuesto, me alegra estar de vuelta.