Encuentro Inesperado.

3002 Words
PVO Kassandra. —¿Y ahora en qué piensas, Kassandra? Ah, ya sé, seguro en cómo rechazar a tu próximo pretendiente, ¿o me equivoco? —¡Ay, Ginny, ya! Esto es vergonzoso —me quejo ante mi amiga, sonrojada, mientras guardo mis cosas para salir de la universidad. —¿Pero qué tiene de malo? Somos jóvenes y tú eres una chica exótica, de cabellos rojizos, que llama la atención de muchos guapos. Yo que tú, busco al mejor prospecto y le acepto ser su novia. ¿Que tal el profesor Becker? No está mal. Ruedo los ojos y suelto un suspiro. Ginny Basset es una hermosa rubia alemana de 27 años, de buena familia, pero no estudia medicina por vocación, sino por obligación. Y aprovechando que sus padres viajan constantemente por negocios y casi no están en el país, ella saca partido de su tiempo libre para dedicarse al modelaje, que es lo que realmente le gusta. Y hoy, después de tanto estudio —y de mucho convencimiento—, vamos a ir a un spa, para relajarnos y vernos “bellas". —Mejor vamos al spa, quizás con unos masajes se te quiten las tonterías que estás diciendo. —¿Tonterías? —se echa a reír—Pero el Dr. Becker es guapísimo, y se nota que quiere algo contigo, Kassandra, y no lo niegues. Si no tuviera novio, créeme que yo no descansaría hasta que coma de mi mano. —Pues te lo regalo, así tienes dos novios. Ginny se echa a reír a carcajadas, llamando la atención de todos a nuestro alrededor. Pero a ella no le importa. Es una chica liberal, que disfruta de su sexualidad. Incluso en la universidad tuvo varias relaciones con compañeros, y también con profesores. Claro, siempre bajo sus propias reglas y límites: hombres solteros, sin ataduras. Pero, al parecer, por fin cayó en las redes del amor, y ahora se entrega en cuerpo y alma a uno solo. Un hombre que hoy voy a conocer. Al parecer, el hombre tiene un trabajo que consta de viajar mucho por el mundo, y hoy porfin, después de meses fuera del Berlín, regresa. —Oye, Kass, ahora que lo pienso, desde hace algunos días solo hemos tenido profesoras mujeres. Frunzo ligeramente el ceño. Ahora que lo menciona, tiene razón. —¿O me estoy imaginando cosas? No llego a responder. La estilista irrumpe con una lluvia de opciones para mi cabello, pero yo me mantengo firme, quiero mi estilo de siempre. Muy distinto a Ginny, que pide un sinfín de cambios con tal de verse “linda” para su novio. Aun así, la inquietud no se va. Porque sí, esta semana ha sido extraña. Y no solo por los profesores. También porque los pocos hombres que estaban en mi salón, desaparecieron de un día para otro, trasladados sin explicación a otro grupo. Demasiada coincidencia para ser casualidad. —¡Perfecto, me encanta! —exclama, mirándose al espejo— ¿Y qué tal me veo, Kassandra? Mi amiga gira sobre sí misma, una y otra vez, luciendo el laciado impecable que acaba de hacerse. La observo y, con una leve sonrisa, levanto el pulgar en señal de aprobación. —Bien, ahora solo queda comprar el vestido y los zapatos. Y démonos prisa, porque mi amorcito ya me está esperando en la fiesta. —¿Vestido? ¿Zapatos? ¿Estás de broma, Ginny? ¿Y qué fiesta? Pero mi amiga solo responde con risitas coquetas antes de empujarme dentro de una boutique exclusiva. Sin darme tiempo a reaccionar, ya está eligiendo vestidos y unos zapatos preciosos que, cuando me los pruebo, me hacen ver más alta, más adulta, más sensual. Y el vestido ni decir.¡Está precioso! Hace meses que no me visto así. Y menos para una fiesta. De esas a las que casi nunca voy, siempre refugiada en los estudios y el cuidado de mi familia. Y, sin embargo, ahora… Esta sensación de ser una chica normal me envuelve de golpe, intensa, emocionante. —¿Ves? Te ves hermosa, Kassandra —dice Ginny, con una sonrisa cómplice—Yo, a tus 21 años, disfrutaba de la vida ¡y aún lo hago! —S-sí, quizá tengas razón —respondo, sin apartar la mirada del espejo, sorprendida por la mujer que me devuelve la mirada—. Una fiesta y un poco de distracción, no creo que haga mal. —¡Pero por supuesto que no! —exclama—. Hasta quién sabe, quizá consigas novio al fin, y dejes de ser virgen. —¡Ay, cállate! Mi amiga estalla en carcajadas. Y aunque no me molesta serlo —y tenga la firme creencia de entregarme solo a mi esposo—, es muy distinto que lo diga en voz alta, como si fuera un anuncio para el mundo. Toda una loca, pero una loca responsable. En el camino —uno que ni siquiera sé a dónde me lleva— aprovecho para avisarle a mi cuñada, con quien vivo, que llegaré tarde. Le explico con cuidado, que iré a una pequeña e inesperada fiesta, y le pido, casi suplicando, que le mienta a mi hermano Elrik. Porque si se entera, es más que capaz de arruinarme la noche. —Oye, Ginny ¿y dónde es esa fiesta? —Pues en la mansión de mi novio, ¿o qué? ¿Esperabas un club o un bar para aprovechar la oscuridad y…? —¡Ay, ya! —la interrumpo, avergonzada. Ella, como siempre, solo se ríe, como si todo fuera un juego. —En serio, Ginny, no quiero que digas esas cosas para provocar o para conseguirme un novio. Eres capaz. —¿Y por qué no? —alza una ceja— Estás soltera, eres virgen, inteligente y ni hablemos de la fila de hombres que tienes detrás de ti. Se detiene de pronto, pensativa. —Espera, siempre los rechazas. ¿Acaso te gusta alguien… y yo no lo sé?! —¿G-gustarme alguien? Las palabras se me quedan atrapadas. Porque sin querer, un recuerdo vuelve. Aquella primera fiesta, a escondidas, la forma en que me colé, el ruido, las luces… y él. Ese hombre. La manera en que me miraba, como si pudiera devorarme con los ojos, con un hambre que en ese momento no entendí, pero que ahora sé reconocer. Siento un ligero escalofrío recorrerme de solo pensarlo. —¡Ay, no! —exclama Ginny, señalándome—. Esa cara lo dice todo. ¡A ti te gusta alguien y no me lo has contado, Kassandra Sterling! —No, no, es solo que… —¿Es solo que qué? —insiste, y sé que no voy a poder escapar de ella hasta que le diga la verdad. Pero de pronto, el sonido de su celular me salva. Debe ser su novio, porque prácticamente salta del auto, se arregla en el reflejo de la ventana y me deja atrás, olvidada. Y yo…yo suspiro aliviada. Bajo del auto con más calma, acomodando mis cabellos y el vestido floreado que llevo puesto. Es la primera vez en mucho tiempo que uso algo tan sencillo y bonito. Por un instante, me observo a mí misma, como si no terminara de reconocerme. Entonces, a unos metros, Ginny grita mi nombre, haciéndome un gesto para que me acerque. Y es ahí cuando lo veo. A su lado hay un hombre. —Ese debe ser—mascullo. Y mientras más me acerco, más pequeña me siento. Es rubio, alto, muy alto y tiene un rostro que debo admitir, resulta difícil de ignorar. Ya entiendo porque mi amiga está embobada por él. —Mira, Kassandra, él es mi novio: Ilenko Krausse —dice Ginny, emocionada—Mi amor, ella es mi amiga de la facultad, Kassandra Sterling. ¿Krausse?¿Dónde he escuchado ese apellido? —Así que tú eres la cerebrito de la que tanto me habla Ginny —dice él, con una sonrisa segura—Es un gusto conocer a una chica tan linda, claro —añade, mirando a Ginny— no tan linda como mi novia. Y entonces sin más, se besan. Ahí mismo. Frente a mí. Ignorando por completo mi saludo. ¡Pero estamos hablando de Ginny! Así que no me molesto. Sostengo una pequeña sonrisa, incómoda, mientras desvío la mirada hacia los jardines que nos rodean, y entonces, noto que tienen un aire familiar, elegante, casi perfecto, incluso tienen una hermosa pileta en el centro. «Muy parecidos a los de aquella fiesta en Nueva York. Sin duda, una curiosa casualidad» Pensé, recordando aquel momento con ese hombre. —Ay, lo sentimos, Kassandra. Es que estoy emocionada de ver a mi novio después de meses. Por favor, entiéndeme. —No, no, descuida —respondo, sacudiendo las manos y manteniendo una pequeña sonrisa—.Los entiendo. Pero la verdad es que no. Apenas entramos a la mansión, algo no se siente bien. El ambiente está raro, como pesado, y eso me pone nerviosa. Ginny insiste en que es por lo hermosa y atractiva que me veo esta noche. Y sí, las miradas están ahí, lo noto. No soy ingenua. Pero esto es distinto, mucho más. Como si alguien me estuviera mirando más de la cuenta, observando cada paso que doy. Se lo digo a Ginny, pero, como siempre, cree que exagero. Tal vez tenga razón, pero por más que hablamos con su novio y trataba de entretenerme, no podía quitarme esa sensación de encima. —Oye, Kassandra, voy un rato a los servicios pero quizá me demore un poco —me guiña el ojo— A ver si te animas y le aceptas a alguien un trago o un baile. —¿Qué? Oye, ¿acaso olvidas que tengo que llegar temprano a casa? Pero ya no me escucha. Ginny —que claramente ya tiene unos tragos encima— desaparece entre la gente, dejándome con la palabra en la boca, mientras todos a mi alrededor parecen saber exactamente cómo divertirse. —De seguro se fue con su novio a recuperar el tiempo perdido —murmuro, con una leve punzada de envidia. Suelto un suspiro. La incomodidad sigue ahí. Esa sensación de que alguien me observa no se va y, para colmo, estoy sola. Así que hago lo más fácil, sigo tomando. La sangría es dulce, deliciosa y antes de darme cuenta, ya voy por más. Hasta que todo empieza a dar vueltas. Me mareo. Pero antes de caer de la silla, alguien me sostiene por la espalda. —L-lo siento, yo solo… me siento mareada… —Pues no deberías tomar si no lo soportas, sirenita. Mi corazón da un salto. ¿Sirenita? ¿Donde he escuchado ese apodo? ¿Y ese perfume…? Me resulta demasiado familiar. Intento mantener los ojos abiertos, aunque me pesan. Necesito encontrar a Ginny, decirle que me pasé de copas, que algo no está bien, pero no puedo. Mi cuerpo se tensa cuando siento unos brazos firmes rodearme. Y de un momento a otro… ya no estoy tocando el suelo. ¿Qué es esta sensación de calidez que me envuelve? No lo sé, pero se siente cálida, segura y extrañamente reconfortante. Así que me dejo llevar por ese aroma, por esa cercanía, hasta que noto cómo me recuestan sobre lo que parece ser una cama. —No deberías haber tomado, Kassandra y menos vestirte así. Su voz es ronca, baja con un toque de molestia que no logro entender. Luego, una mano se desliza por mi cabello, con una suavidad que contrasta con sus palabras. Abro apenas los ojos, lo suficiente para verlo. Solo para encontrarme con unos ojos oscuros, penetrantes, serios, como si destilaran fuego. Es él, ¿Cómo se llamaba? Ah sí, Sadrac. —Hasta en mis sueños tengo que imaginarte —murmuro, dejando escapar una pequeña risa. Espero que sonría. Pero no lo hace. —¿Me sueñas? —pregunta, y su voz parece más cerca ahora—¿En serio me sueñas, sirenita? Asiento apenas, con un sonido suave, y vuelvo a cerrar los ojos. Porque siento, que si sigo mirándolo, podría perderme en ellos. —Eres una escapista profesional, incluso en mi cama, bajo mi control, buscas la forma de huir. Su voz llega hasta mí, como un susurro que entiendo, pero al que mi mente se niega a responder. —Pero ya no más. Gruñe, y su mano vuelve a recorrer mi rostro, la frente, las mejillas, hasta detenerse en mis labios. Eso me obliga a abrir los ojos, y ahí están otra vez. Esos ojos oscuros que me atrapan. —S-sadrac… —Sí, sirenita, por fin te encontré —susurra, inclinándose más cerca—Y no volverás a alejarte de mí. Nunca más. Susurra con voz desdeñosa, esta vez, mordiendo suavemente mi oído. Y yo, suelto un gemido. Uno que me hace palpitar la entrepierna. ¿P-porque? —Quisiera arrancarte ese maldito vestido y hacerte mía, dejarte claro a quién perteneces, sirena.—Masculla con voz penetrante.—Pero hoy no. Yo no soy ese tipo de hombre. No voy a forzarte en este estado. Su mano, de nuevo en mis labios, hacen que mi cuerpo se excite y una sensación desconocida me invada, y aún mas, cuando vuelve a hablar. —Vas a ser tú quien me busque Sirenita. Quien me necesite. Quien termine pidiéndome más cuando te tenga gritando mi nombre bajo mi cuerpo. ¿Pero que demonios está diciendo? Antes que mi cabeza pueda reaccionar—ofendida— un cálido y extraño calor devora mi boca, uno que me hace abrir y sentir una sensación de invasión, pero me hace estremecer hasta mi alma. Deseo eso, se siente rico y a mi cuerpo extrañamente le gusta, pero de un momento a otro, pierdo la poca conciencia que me mantenía atada a la realidad. ¿Me besó? ¡Sadrac me besó en mis sueños! Y se sintió, glorioso. —¡Kassandra!!! El grito me levanta de golpe. Me incorporo sobresaltada, mirando a todos lados. —¡¿Qué?! ¡¿Qué pasó?! Mi respiración es agitada, el corazón me late con fuerza, hasta que mis ojos se encuentran con Ginny, que me mira preocupada, envuelta en una sábana. —¡Por Dios, Kassandra! Creí que estabas muerta. Duermes como una piedra. —¿Dormir? ¡¿Me dormí?! —Pregunto sin entender, hasta que veo la cama, y los recuerdos me golpean con fuerza. Ya recuerdo. Soñé con ese guardia, ese hombre al que le arruiné la camisa, y que me..¿besó? —Ay Kassandra! ¡Despierta! Pareciera que aún estas dormida. —¿Ay que?¿Porque gritas? Te escucho. —Refunfuño, mirándola confundida. —Espera, ¿Porque traes esa sábana encima?¿Estás..desnuda? —Pues... No me gusta nada cómo suena eso. —¿Te dormiste?¿Cuánto? No espera, ¿Que hora es?.—Señala a un reloj de pared, y suelto un grito al ver la hora. ¡Son las 6 de la mañana! ¡lo que significa que no llegué a dormir a casa! —Dios, Dios.—Salto de la cama.—Mi hermano me va a matar, Ginny, me va a matar—Me detengo—Y las clases, ¡Dios, tenemos práctica! Terminamos gritando como dos colegialas en pánico. Por suerte, el novio de Ginny resulta ser lo suficientemente amable como para llevarnos en su auto deportivo, mientras tratamos de desayunar a toda prisa y repasar lo que deberíamos haber estudiado la tarde anterior, en lugar de ir al salón de belleza. Por supuesto, llamo a mi cuñada, que por milagro del cielo, me ha cubierto la salida, con una buena entretenida a mi hermano. Ya imagino el sacrificio que debió haber hecho. La mañana pasa entre prácticas, y uno que otro llamado de atención a Ginny, que claramente olvidó todo lo que repasamos. Y yo…yo sigo atrapada en ese sueño que se sintió demasiado real. —Carajo, ahora tengo examen —gruñe, cruzándose de brazos— Odio a esa profesora a veces creo que me odia. —¿Tú crees? —me burlo suavemente, porque no es así. Si reprobó, fue porque no respondió bien. —En fin, quiero ir a casa y darme un buen baño de burbujas. —Y yo. De milagro, Ginny no me pregunta qué pasó después de que desapareció con su novio. Aunque, siendo sincera, tampoco tendría mucho que decir. No recuerdo cómo terminé en esa cama, ni en qué momento dejé de ser consciente. —Ay, mira…—me señala a un grupo de chicas pegadas a la ventana— ¿Qué crees que esté pasando? Me encojo de hombros, pero igual avanzo con ella para ver. —Oigan, chicas, ¿qué ven? —pregunta Ginny, mientras yo intento encontrar algo entre tanta gente en el patio. —A un Dios —responde una, y yo frunzo el ceño. —Sí, un Dios del Olimpo que ha bajado a nuestra universidad —añade otra, prácticamente suspirando. —Ay, madre mía, ahora sí las entiendo —dice Ginny, mordiéndose el labio. —¿Quién? ¿Dónde? Ella señala hacia la entrada. Ahí está el rector, y frente a él, un guardia. Uno que claramente se ha robado toda la atención. Al principio no le doy importancia. Solo es un hombre más, pero entonces levanta la mirada, y mis ojos se abren de golpe al reconocerlo. Las chicas suspiran, ríen, y yo siento que algo dentro de mí se detiene. Retrocedo un paso, llevándome la mano a la boca, incapaz de apartar la vista. Es él. ¡Sadrac!, Sigue mirándome directamente a mí. Incluso sonríe, como si ya supiera lo que pasa por mi cabeza. No fue un sueño. Nada de eso lo fue. Él realmente, me dijo esas sucias palabras, rozó mis labios, me tocó a su antojo, me sostuvo entre sus brazos y…¡me besó! ¡Ese idiota pervertido me besó! El aire me falta por un segundo, porque lo entiendo perfectamente: mi infierno aquí, acaba de comenzar.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD