En fin. Era inevitable. Al llegar, la enorme sala oval ya estaba completamente llena, expectante ante mi presencia. Pero no precisamente para felicitarme, sino para intentar hundirme después de lo que consideraban una traición. Les pedí a mis hombres que se quedaran afuera. Solo Teodor permanecería a mi lado, como siempre. A Ilenko preferí dejarlo en la mansión. Lo necesitaba vigilando a Kassandra por si ocurría algo. Solo por precaución. —Hasta que por fin llegas, Sadrac —dice uno de ellos apenas ingreso—Bienvenido. Aunque la reunión de hoy no es precisamente para felicitarte por lo que hiciste. El tono que emplea me irrita, pero lo disimulo mientras mi secretario aparta la silla para mí. —Y bien —continúa otro— ¿Qué es lo que vas a decirnos? ¿Cuál es la razón de semejante traición?

