—Pero aún no te creo que no te haya pasado nada. Por eso quiero revisar. —¿Qué? Aunque sus palabras me sorprenden, dejo que Sadrac me acomode en mi cama y se quite el saco. Paso saliva. Debería desviar la mirada pero no puedo. Ver esos abdominales marcados, ese tatuaje que le da un aire imponente… debería ser pecado. —Supongo que, si los padres de la pioja no están, será hasta mañana, ¿no? —Ajá —suspiro, intentando recuperar el aire—. P-pero tú no deberías... —Debo asegurarme de que no te pasó nada, Kassandra —me corta—. Y no acepto un no bajo ninguna circunstancia. Lo hace a propósito. Quiere que caiga, y creo que lo va a lograr. La noche, el silencio, el ambiente, la tensión s****l que llevamos desde ese día en la piscina… esto es insostenible. Sadrac acaricia mi rostro, mis cabel

