—Dejando de lado a la mujer, la situación de Ivanov ya es estable. La del otro, la del nieto... no tanto. Él no está acostumbrado a este mundo, Sadrac, y dudo que mejore a menos que lo llevemos a una clínica especializada o al menos... —Tenemos médicos e implementos suficientes —lo corto irritado—¿Acaso no pueden hacer nada? ¿Tan incompetentes son? —Necesita sangre —explica—. Y es un tipo muy raro. No tenemos reservas compatibles. —¿Qué intentas decirme? —O lo enviamos a una clínica donde puedan conseguirla mediante donación, aunque podría tardar días, o hacemos una transfusión con sangre de su propia hermana. Me levanto lentamente y me acerco a él con el ceño fruncido. —¿Me estás diciendo que debo permitir que la traidora vea a su hermano? ¿Es eso, Teodor? —Sí.—Responde con firmeza

