—Ya sé lo que hiciste, Ginny, y créeme, me las vas a pagar. Pero por ahora es mejor esconderte o Sadrac te va a matar. Mis ojos se abren de golpe. Él me suelta, pero sus palabras me dejan tan desconcertada que no puedo moverme. ¿Sadrac va a… matarme? —Tienes cinco minutos, Ginny. Cinco. Si no, te vas sin nada. Abro la boca, pero no encuentro palabras. Al rato, Ilenko sale de mi suite, dejándome confundida, desnuda y sin entender qué demonios está pasando. —¡Espera! —alzo la voz unos segundos después—¿C-cómo que irme? Pero Ilenko ya no está. Y no hay nadie que me explique qué ocurre ni que calme este miedo que me eriza la piel. —¡Ay, no! —me tapo la boca al recordar que aún había alguien más en mi suite— ¡Profesor! Me visto lo más rápido que puedo y, de un salto —primero cerrando c

