Capitulo Diez Metiéndose una patata frita en su boca y persiguiéndola con un sorbo de su batido, Santiago miró por el parabrisas al último visitante de la oficina de Von. Habían pasado dos días desde que había visto a Tori y se habían enterado de que eran Compañeros Destinados. Por enésima vez, se preguntó dónde estaría su cabeza. Basado en la forma en que había huido del club de lucha y no había hecho contacto, él diría que no estaba feliz por ser su compañera. Como si hiciera eco del dolor en su alma, su marca de apareamiento palpitó con un dolor intensificado. La marca lo había estado volviendo loco desde que apareció, y el dolor solo empeoraba. Nunca había oído que los compañeros fueran capaces de negarse el uno al otro y vivir separados, pero supuso que con la forma en que iba su vi

