Capitulo Trece El deseo se encendió como un infierno dentro de las venas de Santiago en el momento en que Tori presionó sus labios contra los de él. Él tampoco quería hablar. Hablar tendía a meterlo en problemas de todos modos. El calor se vertió a través de él con cada delicioso empuje y barrido de su lengua. La necesidad lo atravesó, dejándolo rígido y listo para enterrarse profundamente dentro de ella. Santiago la arrastró más profundamente en su abrazo, sin duda lastimándola con la fuerza de su deseo. Quería retroceder, pero estaba indefenso ante sus cuidados. La reacción de su cuerpo hacia ella fue explosiva y se negó a negarla. Metió la mano debajo de su camisa, extendiéndola posesivamente sobre su espalda baja. "Te necesito, Santi", susurró, su respuesta escalofriante patinando

