El día llegó. Y mientras los niños se entretenían en el jardín con sus regalos de Navidad y Nía cuidaba a Amaloha quien estaba encantada con su conejito en ese momento, yo era maquillada con la suavidad de una pluma por un artista que me estaba dejando radiante para mi boda. El día anterior culminó en una tarde siendo atendida como toda una verdadera estrella de esas caras que andan por las calles de Miami, es por eso que aquella mañana era un poco más relajada de lo que debía ser, al menos para mí, mientras Alondra contestaba llamadas al celular y Lizzie texteaba como loca encargándose de que todo estuviese en casa de mi madre a la hora correcta. Las mujeres de mi vida estaban ahí reunidas charlando con copas de coctel de frutas y riendo, y yo sólo podía admirar la escena intentando gu

