CAPÍTULO 6

1400 Words
Mía estaba feliz con la idea de cuidarse sin que Erick lo supiera. Por más que él intentara embarazarla, no podría, y eso la tenía muy contenta. Aunque todos hubieran decidido sobre su vida todo el tiempo, ese era su cuerpo y ella decidiría si ser madre o no. —¿A ti qué demonios te pasa? ¿Por qué sonríes? —Erick apareció de repente, rompiendo la burbuja de felicidad en la que se encontraba Mía. —Estaba feliz porque no estabas cerca, pero eso ya se arruinó —tras decir eso, Mía pasó de largo, dejando al hombre rojo de ira. —La cuñada tiene carácter, no te la pondrá nada fácil —bromeó Jack, uno de los hermanos menores de Erick, que pasaba por ahí y había escuchado la respuesta de Mía. —¿Por qué no te callas y te vas a cambiar? —Erick se dirigió a su despacho molesto, mientras su hermano se iba riendo a su habitación a cambiarse de ropa, que tenía manchada de sangre. Mientras tanto, Mía seguía en la habitación de quien sería su esposo, sonriendo de satisfacción porque, a pesar de que se casaría con ese hombre obligada, no le daría un hijo. —Debe probarse eso —Kira entró en la habitación con una funda para vestidos, acompañada de una mujer mayor. —¿Qué demonios es eso? —indagó Mía, curiosa ante la orden de Kira. —Su vestido de novia. Hay que ver si se le deben hacer algunos ajustes antes de la boda —Mía no podía creer que en verdad la obligaran a casarse y a usar un vestido de novia. De mala gana, entró al baño y se puso el vestido. Cuando salió, la mujer mayor tomó nota de los arreglos, que solo consistían en estrechar un poco la cintura, ya que Mía era pequeña, y acortar un poco el largo, pues el vestido se arrastraba cuando ella caminaba. —Tendré el vestido listo para mañana —la señora salió con el vestido de novia en la mano, mientras Mía deseaba que nunca lo trajeran de nuevo. —¿Me puedes dejar sola o seguirás siendo mi sombra? —indagó Mía, molesta por tener que usar ese estúpido vestido de novia que detestaba, sin importar lo hermosa que lucía con él. —La puerta estará abierta y yo estaré fuera —Kira salió de la habitación y vigiló pacientemente desde el pasillo. Mía, molesta, rompió algunos floreros de la habitación; ya no soportaba estar ahí. No sabía cómo iba a soportar estar casada con ese hombre. Lo único que esperaba era encontrar la forma de escapar lo antes posible. Erick escuchó los ruidos arriba y subió para saber qué pasaba. Al verlo pasar, Kira supo que la chica estaba en problemas, así que se retiró en silencio, dejando a los futuros esposos solos. —¿Acaso te has vuelto loca? —Erick estaba sumamente enfadado al ver los floreros de su habitación completamente destruidos. —Sí, estoy loca. Estoy cansada, enojada y detesto tener que estar aquí y casarme con una escoria de hombre como tú —gritó Mía, sacando toda la frustración que tenía acumulada. Toda su vida habían decidido por ella y estaba cansada de que todo fuera así. —Eso no me importa, no destruyas mi habitación —Erick intentó contener su rabia, pero Mía estaba fuera de control. —Pues ya lo hice, y sabes que no me gusta esta estúpida habitación —Mía tomó una de las últimas decoraciones y la arrojó al suelo, rompiéndola en muchos pedazos. —Te lo advertí, niña malcriada —Erick hizo uso de su musculatura, tomó a Mía a la fuerza, se sentó sobre la cama y la acostó boca abajo sobre su regazo, dándole algunas nalgadas. —¡Eres un idiota, animal! ¡No eres nada mío para que me des de nalgadas, imbécil! —después de algunas nalgadas más, Erick la soltó. Ella, en un intento inútil de defenderse, comenzó a golpearlo, pero Erick, además de fuerte, era mucho más rápido que ella, así que la esquivó sin mayor problema. —Te quedarás en esta habitación hasta el día de nuestra boda. Ordenaré que te traigan tus alimentos aquí. A ver si así aprendes a comportarte antes de casarnos —Erick salió de la habitación y cerró la puerta con llave, dejando a Mía sumamente molesta. —¡Imbécil, ojalá te ahogues mientras comes, te odio! —gritó Mía, mientras golpeaba la puerta llena de frustración. Al final, se tiró al suelo y dejó salir sus lágrimas. Estaba cansada de todo eso, pero no podía hacer nada. Odiaba la vida que le había tocado y haría lo que fuera para cambiar su destino, solo esperaba una oportunidad para lograrlo. Esa noche, la empleada le llevó la cena. Ella era una de las que Mía había descubierto hablando en el jardín. Le confirmó que ya había conseguido los anticonceptivos y se los daría cada mañana, como ella lo había ordenado. Al menos eso le dio un poco de paz a Mía, ya que sabía que no quedaría embarazada a la primera, pero, sin embargo, seguía sin querer casarse. A la mañana siguiente, la empleada le llevó el desayuno y le dio el anticonceptivo en su jugo. Mía estaba feliz, quedaba poco para su boda y no estaba dispuesta a tener un hijo con Erick. Así pasaron los días y llegó el día de la boda. Mía, en un intento desesperado por evitar ese matrimonio, después del desayuno movió todos los muebles de la habitación y bloqueó la puerta. No le haría tan fácil a Erick casarse con ella. —Señor, no podemos entrar a la habitación —informó Kira nerviosa, porque jamás pensó que sería necesario dormir en la habitación con Mía, ya que nunca imaginó que la chica bloquearía la puerta para no dejarlos entrar. —¿Por qué demonios no pueden entrar? —Erick se puso de peor humor del que ya tenía. Esa boda él tampoco la quería, pero debía cumplir con la voluntad de su madre. Por eso no durmió en su propia habitación los días previos a su boda, porque sabía que ahí estaba Mía y esta lo sacaba de quicio. —La joven bloqueó la puerta con algo y por más que empujamos no podemos entrar —Erick cerró los ojos y se frotó la sien. Estaba muriendo por un dolor de cabeza y las cosas que Mía hacía no le hacían nada bien en ese momento. —Esa mocosa me va a conocer. Busca al maquillador y el vestido —Erick se puso de pie y fue a su cuarto de armas. Allí, tomó un explosivo menor y caminó directamente hasta su habitación. —Si no quieres morir, aléjate de la puerta y cúbrete los oídos —al escuchar la voz de Erick, Mía corrió al baño y también cerró esa puerta. Segundos después, se escuchó una fuerte explosión y la puerta de la habitación quedó hecha pedazos. Erick observó cada rincón de la habitación y, al no verla, caminó hasta la puerta del baño dispuesto a todo. Ya tenía suficiente con el dolor de cabeza que lo estaba matando como para lidiar con los berrinches de Mía. —Abre esta puerta o la haré volar en mil pedazos también, tú decides —ante la amenaza de Erick, Mía abrió la puerta con manos temblorosas y retrocedió al ver el rostro rojo de ira de Erick. —En una hora tenemos que estar en el salón de eventos, así que apresúrate a arreglarte o me vas a conocer —Erick salió de la habitación sumamente molesto, dejando a Mía muy pálida y a punto de sufrir un ataque al corazón. Pero no había tiempo para lamentos: Erick la esperaba lista en menos de una hora y, si se demoraba, todo podría resultar peor. —Es mejor que sigas todas sus órdenes o terminarás tres metros bajo tierra antes de lo que te imaginas —las recomendaciones de Kira hicieron pensar un poco a Mía. ¿En verdad prefería morir a casarse con Erick? Esa era la pregunta que rondaba en la cabeza de Mía mientras la estilista se movía rápido para que estuviera lista en menos de una hora y que Erick no se volviera más loco por el retraso ocasionado por la chica.
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