CAPÍTULO 8

1183 Words
Mía, siguiendo el itinerario que le dio Kira, baila como un robot con Erick, come el banquete a su lado, se toman algunas fotos y, tras cortar el pastel, todos aplauden a los novios al momento de retirarse. —Podrías cambiar esa cara de funeral. Mis socios hicieron preguntas y tuve que decir que estabas enferma —Erick tiene un gran dolor de cabeza, y que todos sus socios pregunten por la expresión del rostro de su esposa no lo ayuda en nada. —Pues así me siento, como si hubiera asistido a mi propio funeral, así que no cambiaré mi cara únicamente porque a usted no le gusta —Mía no está dispuesta a hacer feliz a ese hombre durante su matrimonio. Él la obligó a esa unión y, solo por ese hecho, ella le hará cada día de su matrimonio un dolor de cabeza. —Deberías ser más cooperativa, ya eres mi esposa y esta noche te convertirás en mi mujer, te guste o no —Erick intenta tener paciencia con su esposa, pero ella no lo ayuda en nada. —Pues no me gusta, no estoy de acuerdo en tener intimidad con un hombre al que odio, y créeme que no lo voy a disfrutar —la chica siempre dejará muy clara su posición. Él no puede pretender que ella acepte todo sin protestar; eso ya no pasará nunca más. —Eso lo veremos —el resto del viaje de regreso a la mansión la pareja lo hizo en silencio. Cuando bajaron del auto, entraron a la mansión juntos y subieron las escaleras. Al llegar a su habitación, la puerta ya estaba arreglada, ya que Erick la había destrozado esa mañana para sacar a su esposa. —¿Te ayudo con tu vestido? —la mirada de Erick cambió por completo al estar los dos solos en la habitación. Ahora son marido y mujer y es el momento de consumar su unión. —No quiero hacer esto —Mía retrocede un poco, muy nerviosa. Jamás tuvo la oportunidad de estar con un hombre; de hecho, desde que entró a esos internados, jamás vio o habló con un hombre que no fuera Erick las pocas veces que él fue a visitarla. —No te resistas, verás que puede ser muy placentero —Mía intentó huir de Erick, pero este la arrinconó contra la pared y, con cuidado, comenzó a besarle el cuello. —No te voy a lastimar, solo debes dejarte llevar y lo disfrutarás. No seas tan grosera con tu esposo y disfruta —mientras besa su cuello, Erick desabrocha el vestido de Mía, y este cae al suelo mientras él besa sus hombros y comienza a acariciarla. El cuerpo de Mía comienza a temblar ante las caricias de su esposo. Ella intenta controlarse, pero Erick sabe dónde tocarla para hacerla perder el control. Al ver a Mía en ropa interior, Erick debe controlarse para no ser salvaje con ella, así que, para hacerla perder aún más el control y que se deje llevar por él, lleva sus manos debajo de la tanga de Mía, y esta se estremece ante la sensación de los dedos de Erick jugando en su punto de placer. —¡Aa! —Mía intenta no gemir, sin embargo, no puede evitarlo. Una gran corriente de calor recorre su cuerpo, y sentir eso la enloquece al punto de dejar que Erick haga con su cuerpo lo que él quiera. —Ven, te haré sentir aún más placer —Erick la lleva a la cama y la recuesta con ternura. Él sabe que ella no tiene experiencia y, por más que odie al hombre que la engendró, ella no tiene la culpa. Solo necesita un hijo de ella, y a diferencia del diablo, él sí pretende querer a su hijo y protegerlo, al igual que a su madre, aunque esta le haga doler la cabeza cada día. Ya con Mía recostada en la cama, Erick se quita su ropa por completo, dejando a Mía muda al ver a su gran amigo tan firme como una espada. Erick la besa desde la punta de los pies hasta llegar a su zona V, donde le quita la tanga y prueba su sabor con su boca, haciendo que ella se estremezca al sentir su boca en ese lugar donde nadie nunca había estado. —Eres deliciosa, mi hermosa esposa —Erick la cubre aún más, dejando un camino de besos. Le quita el sujetador y comienza a disfrutar de sus pechos mientras una de sus manos sigue en la zona V de su esposa. Mía no puede resistirse más y sus gemidos inundan la habitación. Erick sonríe porque ella está más que lista para recibirlo por completo, así que no pierde tiempo y, mientras sigue haciéndola gemir, se acomoda entre sus piernas y comienza a introducir a su amigo con mucho cuidado. Mía siente algo de dolor, así que aprieta la espalda de Erick con sus manos y entierra sus uñas en su espalda, haciéndolo gruñir un poco. —Ya pasará, pequeña traviesa —Erick se mueve con cuidado hasta que el dolor comienza a desaparecer y el placer se adueña por completo de la pareja. Ambos comienzan a disfrutar hasta que ambos llegan al más grande y maravilloso placer. Mía jamás había sentido algo así, por lo que termina agotada en los fuertes brazos de su esposo, quien sonríe al verla sin ánimos de pelear con él. —Quita esa estúpida sonrisa de tu rostro. Tengo sueño —Mía no está de ánimos para pelear con él, lo único que desea es dormir toda la noche. —¿Creíste que no lo disfrutarías? —se burla Erick, y ella lo golpea con muy poca fuerza en el pecho. Está agotada y no puede luchar con él ni con nadie. —Vete al infierno y déjame dormir —Mía intenta darle la espalda al hombre, y este la abraza y la pega a su cuerpo nuevamente. —Te dejaré dormir, pero pegadita a mí —Mía ya no podía pelear con el hombre y lo dejó que la abrazara con fuerza. Ella cayó en un sueño profundo mientras él la veía dormir. —Ojalá siempre fueras así de inocente y angelical, pero no debo soñar. Sé que mañana, cuando despiertes, harás algo que me dará dolor de cabeza —Erick sabe que eso fue solo placer, que Mía no dejará de luchar contra él fuera de esa habitación, pero por el momento disfrutará tenerla tan inocente y calmada entre sus brazos. Mientras Mía descansa, Erick se pregunta cuánto tardará su mujer en quedar embarazada, sin saber que ella está tomando anticonceptivos en cada desayuno. ¿Qué pasará cuando Erick descubra la verdad? ¿Cuánto tiempo pasará antes de que Mía sea descubierta? La chica corre un gran riesgo para evitar el embarazo. Quizás su esposo termine con ella al descubrir que se está cuidando, o tal vez deje de ser tan afectuoso en la cama. Es algo difícil de descifrar, pero lo iremos descubriendo a lo largo de esta historia.
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