CAPÍTULO 2

1024 Words
Mía, encerrada en su habitación del internado, miraba sus muñecas con la mirada perdida mientras sostenía un pedazo de cristal. Tenía una idea en mente: ya que su vida no le pertenecía, no quería que la siguieran obligando a vivir una vida que ella no quería. —Debí hacer esto hace mucho tiempo —murmuró la chica. Sin titubear, se cortó las muñecas y se recostó sobre la cama mientras la sangre brotaba. Cuando se sintió demasiado débil, escuchó que la directora tocaba la puerta, pero estaba demasiado débil para responder. Mía simplemente cerró los ojos, esperando no despertar jamás. Horas después, para su sorpresa, Mía volvió a abrir los ojos, pero las luces blancas la obligaron a cerrarlos y abrirlos varias veces antes de acostumbrarse a ellas. —No pensé que fueras tan cobarde —Al escuchar la ronca y fría voz del hombre, el cuerpo de Mía tembló de terror. —No me dejó otra opción —respondió la chica, localizando al hombre parado frente a la ventana de lo que parecía ser un hospital, observando la vista del exterior. —Yo tampoco pedí esto, pero no te librarás de nuestra boda quitándote la vida. A partir de ahora, una empleada de mi entera confianza te seguirá a todas partes y dormirá en tu habitación hasta el día en que te conviertas en mi esposa. Así no podrás hacer ninguna otra estupidez —El hombre se preparaba para irse, pero la chica continuó hablando. —Yo no tengo la culpa de lo que el hombre que me engendró le haya hecho a tu madre. No lo conozco, ni a él ni a la mujer que me dio la vida. ¿Por qué no me dejas en paz? —Mía estaba desesperada; no quería casarse con un hombre sin sentimientos como ese. —A veces a los hijos nos toca pagar por los pecados de nuestros padres, así que deja de hacer drama y acepta tu destino. Yo acepté el mío hace mucho tiempo —El hombre salió de la habitación, dejando a la chica llorando por su cruel destino. Antes de que pudiera pensar en escapar del hospital, una mujer de unos 25 años entró en silencio a la habitación y se sentó en el sofá. —¿Y tú quién eres? —indagó Mía, pero la mujer se negó a hablar por más que insistió. —¿Eres muda o sorda? —Mía insistió en hablarle, pero la mujer permaneció en silencio. —Claro, eres leal a él —La mujer se limitó a asentir y Mía entendió que, por más que intentara hablarle, esa mujer jamás respondería a sus preguntas. Al día siguiente, Mía fue dada de alta y esa mujer se convirtió en su sombra. A donde Mía fuera, la mujer la seguía de cerca: dormían en la misma habitación, comían al mismo tiempo, iban al baño juntas. Jamás se separaron, tal y como lo ordenó el hombre. —¿Me podrías decir al menos el nombre de tu jefe? Él nunca se presentó, se nota que no tiene educación —Como Mía no podía escapar de su destino, al menos deseaba saber más de su futuro esposo. —¿Entonces no hablarás? Eres un mueble más en esta habitación —Mía se acostó en su cama, observando el techo, pensando que el tiempo que faltaba para su mayoría de edad sería una pesadilla con esa mujer ahí, la cual no emitía ningún sonido. Sin embargo, también pensaba en ese hombre. ¿Qué pasaría cuando se casara con él? Ese pensamiento la hizo suspirar. Mientras Mía pensaba en lo que sería su vida antes y después de su mayoría de edad, en Alemania, las familias Becker e Ivanov se reunían para celebrar el cumpleaños número doce de la princesa Marie. Sin saberlo, la chica se parecía mucho a su hermana mayor, aunque no sabía de su existencia, ni que su madre biológica las abandonó a las dos. A Mía la dejó con sus abuelos y por ambición vendió su ubicación a su padre biológico a cambio de que la dejara en paz. En cambio, a Marie la dejó en manos de su amoroso y protector padre, quien se casó con una buena mujer que adora a Marie como si fuera suya. —Hija, ¿qué regalo de cumpleaños deseas? —Noah quería hacer muy feliz a su hija; siempre es una buena estudiante, una gran hija que ayuda a su madre y siempre está atenta a que todos estén bien. —Quiero ir a conocer el viñedo que el abuelo me regaló cuando era bebé. Creo que ya es hora de hacerlo —Marie aún no estaba en edad de decidir su futuro, pero sí en la edad de conocer sus opciones para que, cuando llegara el momento, tomara una buena decisión. —Está bien, iremos en las próximas vacaciones a conocer ese lugar —Marie aplaudió feliz y abrazó a su padre. —Gracias, papá, eres el mejor —Padre e hija se abrazaron hasta que fueron interrumpidos por Ava. —¿Y para mamá no hay abrazo? —Marie sonrió ante la intervención de su madre. —Por supuesto que sí, tú eres la mejor madre del mundo —Marie abrazó a su madre y la celebración por su cumpleaños continuó. Dos hermanas nacidas de la misma madre, pero sus destinos fueron marcados por quienes son sus padres. Mía, al ser hija de un hombre cruel y despreciable, se convirtió en blanco de venganza y rencor. En cambio, Marie, al ser hija de un hombre respetable y trabajador, se convirtió en la futura heredera de un gran imperio. Todas las miradas hacia ella eran de admiración y anhelo por ver el camino que tomaría. ¿Será que algún día el camino de estas hermanas se cruzará? ¿Llegarán a saber una de la existencia de la otra? Eso lo descubriremos a lo largo de esta maravillosa historia, llena de amor, drama, acción, mentiras y venganza, donde los protagonistas tendrán que luchar por el amor y la verdad. Cada personaje descubrirá el verdadero significado de la palabra "amor".
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