CAPÍTULO 19

1639 Words
Mía no pudo dormir en ningún momento del viaje. A pesar de que acababa de conseguir su libertad, sabía que Erick no la dejaría ir de la noche a la mañana. Sabía bien que, en cuanto él se enterara de su escape, no se detendría hasta encontrarla. Por eso, Mía sabe que debe dejar el país lo antes posible. Sin embargo, no puede usar su nombre real para viajar, así que buscará la forma de conseguir documentos falsos que le permitan salir de Alemania. Mía pasó toda la noche despierta hasta llegar a un pueblo pequeño que, aunque no es el más grande, tiene mucho comercio y recibe turistas a diario, por lo que es normal ver caras nuevas. Mía primero encontró un lugar donde quedarse, y después de rentar una pequeña habitación de paso, se dispuso a recorrer el pueblo. Debe encontrar dónde conseguir documentos falsos y debe hacerlo lo antes posible. Mientras Mía busca la forma de seguir viajando, en la mansión, Erick despierta con un leve dolor de cabeza, provocado por las pastillas que Mía puso en su bebida, aunque él lo ignora. Erick buscó a su esposa en la cama, pero al no encontrarla, supuso que había bajado a desayunar antes que él; seguro estaba hambrienta. Nada más lejos de la realidad. No obstante, Erick, confiado, entró a tomar una ducha con calma. Luego, hizo su rutina matutina muy tranquilo y se arregló como siempre, con calma y relajado. Bajó las escaleras y se dirigió al comedor, donde encontró a todos menos a su esposa, lo cual le sorprendió. —¿Mía salió con Kira? —supone Erick al no ver a su esposa en la mesa con sus hermanos. —No, Kira está en la cocina. Tu esposa no ha bajado. Creímos que la reconciliación fue muy buena y por eso no bajó a desayunar —Javier no entiende lo que está pasando. —Mía no está arriba; cuando desperté no estaba en la cama —Los hermanos se alarmaron, y todos se levantaron instintivamente de la mesa para buscar a Mía por todas partes. Javier fue a la cocina para avisarle a Kira lo que estaba pasando. Cuando Javier le dijo a Kira que Mía no estaba, ella se puso de pie para ayudar a buscarla. —Te dije que esa chica estaba actuando muy raro desde el incidente con Erick. Si salió de la mansión, no será fácil de encontrar —Kira sabía que Mía tramaba algo, pero jamás imaginó que escaparía después de cinco años en ese lugar. Los guardias también fueron alertados. Todos comenzaron a buscarla en cada rincón de la mansión, pero nadie pudo encontrarla. Kira, por su parte, fue a revisar las cámaras de seguridad de la noche anterior. Cuando encontró las grabaciones, los llamó a todos para que vieran lo que había pasado. En las grabaciones, se ve a Mía salir de la habitación con un bolso y ropa deportiva negra. En la siguiente cámara, se la ve frente al despacho. Luego, ella sale de ahí guardando sus documentos en su bolso y se dirige al jardín. —Consigue los videos del jardín, ¡apresúrate! —Kira intenta mover sus dedos lo más rápido que puede hasta que encuentra los videos del jardín. En esos videos, se ve a Mía esconderse en los arbustos hasta que todos los empleados se van. Luego, se la ve escapar por un hueco en la cerca de arbustos, hecho por los perros de vigilancia. Hasta ahí pudieron seguirla. —Consigue alguna cámara que dé a la calle de la parte trasera. Ella no pudo haber ido muy lejos —Kira hizo algunas llamadas, y después de un rato, consiguió la grabación de una de las casas de la parte de atrás de la mansión. Ahí pudieron ver cómo Mía saltó el gran muro y se dejó caer, lastimándose la pierna, pero eso no la detuvo. Aun así, siguió caminando, soportando el dolor sin parar. —¿Qué hay en esa dirección? —indaga Erick al ver la dirección en la que su esposa se marchó. —El parque donde le gusta comer helados en las tardes —confiesa Kira, sabiendo que Mía lleva mucho tiempo planeando esto sin que se dieran cuenta. —Vamos a ese parque, no debe estar muy lejos —Erick está furioso, mientras Kira lo sigue junto a sus hermanos. Todos conducen hasta el parque. Al llegar, preguntan por Mía y muestran a todos su foto para ver si alguien la ha visto. Pero lo que ellos no saben es que, de noche, las personas en ese parque son muy diferentes. Erick estaba desesperado; ya no sabe dónde buscar, puesto que nadie en el parque le da ningún tipo de información. —Erick, Mía lleva mucho tiempo planeando todo esto. No será fácil encontrarla —Ya todos se dieron cuenta de que el plan de Mía lleva tiempo gestándose. —Tienen que encontrarla antes de que El Diablo se entere de que no está —Erick vuelve solo a la mansión y se encierra en su habitación, donde deja escapar algunas lágrimas al pensar que perdió a la mujer que ama por mantener la promesa que le hizo a su madre. —Te voy a encontrar, mi amor, y todo será diferente —promete Erick sosteniendo entre sus dedos una camisa de su esposa. Mientras Erick promete encontrar a su amada y hacer que todo sea diferente, Mía llega a un lugar del pueblo donde se venden muchas cosas prohibidas. A cualquier persona le daría miedo caminar por ahí, pero Mía no tiene nada que perder; lo que desea es conservar lo único que acaba de conseguir: su libertad. —Una princesa no debería estar por aquí sola —Un hombre con aire de superioridad se acerca confiadamente a Mía. A juzgar por cómo las personas a su alrededor voltean a mirar a otro lado, como si no quisieran ser testigos de nada de lo que el hombre está haciendo, él debe tener un gran poder en ese barrio. —Esta princesa quiere información —Mía saca de su bolsillo un anillo de diamantes, y los ojos del hombre se iluminan al ver ese magnífico anillo que debe costar millones. —Con eso compras más que información, compras seguridad. ¿Qué buscas? —El hombre sonríe; su ambición le hace entender que con esa mujer puede ganar mucho dinero. —Desaparecer. Necesito cambiar mi identidad y salir del país. Este anillo es solo el principio; si me ayudas, tendrás mucho que ganar —Mía tenía algunas joyas consigo, pero no todas. Sabía que podrían robarla en los lugares a donde iría, así que escondió la mitad de las joyas en su hotel. —Vamos, tengo a la persona indicada —Mía le lanzó el anillo, y el hombre lo atrapó en el aire con una gran sonrisa en el rostro, para después guiarla hasta una bodega muy bien escondida. Al entrar, un par de hombres los recibieron y, tras asegurarse de que nadie más los seguía, los dejaron entrar. Mía no se sorprendió de tener que cruzar por una sala donde había mujeres en ropa interior empacando mercancía. Ella sabía que podía ver esas cosas en ese lugar, pero no le importó, puesto que solo quiere asegurar su recién conseguida libertad. —Pasa por aquí —El hombre abrió una oficina, y al entrar, Mía pudo apreciar muchas clases de papeles y computadoras por todos lados. Ahí supo que estaba en el lugar correcto. —Para cambiar tu identidad no necesitas solo dinero, también un par de fotos y un nuevo nombre. ¿Alguno en mente? —El hombre encendió la computadora, listo para ayudar a la chica. —Hanna Ivanov —responde la chica, y el hombre toma nota. Luego, saca una cámara. —Sonríe —pide el hombre antes de tomarle la foto a Mía. Después de la foto, el hombre se toma su tiempo en la computadora, luego en la impresión del documento y colocando los sellos y todo lo que requería mucho detalle para que fuera seguro viajar con él. —¿Algún lugar al que quieras viajar? —indaga el hombre mientras sigue trabajando. —No importa el destino, lo único importante es que nunca me encuentren —responde la chica. —¿Hablas otro idioma además del alemán? —El hombre se sintió atraído por Mía y de verdad quiere ayudarla. —Sí, hablo, ruso, español e inglés —responde Mía con seguridad. —Hay un pueblo en otro país donde recién comienza la temporada de producción de vinos. Ahí es normal que lleguen extranjeros en esa temporada, incluso muchos se quedan a vivir. Podría subirte en un avión que te deje allí esta misma noche. Ya de ahí en adelante estarás sola —Mía sonríe ante la propuesta del hombre. —Acepto, ya te dije, no me importa el destino, solo quiero desaparecer —El hombre asintió y, al terminar el pasaporte con su nueva identidad, se lo entregó. —Hanna, te veré esta noche en el muelle del pueblo. Yo mismo te subiré a ese avión —Mía sonríe al recibir su pasaporte y quiso entregarle otra joya al hombre, pero este se negó a recibir más pago de su parte. —Eres una hermosa mujer, y el anillo que me diste cubre todos los gastos de tu viaje. Espero que las personas que te buscan nunca te encuentren y también espero volver a verte después de que dejes el país —Mía no dijo nada, simplemente asintió apenada. El hombre se sentía atraído por ella, pero sabía que si estaba escapando, no podía retenerla cerca de él; alguien tarde o temprano la encontraría. Así que, al enviarla a un lugar que él conoce, espera verla nuevamente un día.
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