CAPÍTULO 17

1505 Words
Los días siguientes, Mía no sale a socializar con nadie de la mansión, se limita a salir de compras en compañía de Kira, mientras espera la oportunidad perfecta para escapar. Como siempre, observa los cambios de guardia y los memoriza bien, también las horas en la que Kira está descuidada y no le presta atención a ella, y esas horas son casualmente cuando Javier está en casa. Así pasan los días para Mía. Ya tiene bien claro cuándo escapará, pero una noticia amenaza con cambiar sus planes. —Mi hermano regresará esta noche, me pidió que te dijera que te arregles para salir a cenar —Mía no podía creer lo que escuchaba. Según Erick, tardaría más de 15 días en volver, pero tan solo han pasado 9 días. —Creí que tardaría aún más tiempo, ¿qué pasó? —indaga Mía preocupada. —Consiguió la forma de acelerar las cosas un poco, así que prepárate para esta noche —Mía no dijo nada más y fue a pensar en su plan. —Tengo que irme esta misma noche. Sin importar que estés de regreso, debo irme —Mía camina de un lado al otro por toda la habitación pensando en cómo sacar a Erick del juego, ya que en su plan de escape su esposo no estaba contemplado, pues no esperaba que regresara antes. A Mía se le ocurrió una gran idea, así que se puso de pie y tomó su bolso, para posterior bajar a buscar a Kira. Ella está decidida a escapar y lo hará, esté Erick en la mansión o no. —Kira, me cansé de estar en esta casa, vamos a la farmacia más cercana por mis vitaminas, ya se terminaron y debí reponerlas, así aprovecho para tomar aire fresco —Kira no dijo nada, simplemente se limitó a ponerse de pie y salir con Mía de la mansión. Afuera las espera el chófer, quien abrió las puertas para ambas mujeres y, una vez subieron, aseguró las puertas para subir al asiento del piloto y ponerse en marcha a la farmacia. Al llegar a la farmacia, Kira sigue de cerca a Mía, quien no solo pide sus vitaminas, si no que en cuanto Kira se descuida compra unas pastillas para dormir a escondidas de esta. La encargada de la caja notó la actitud extraña de Mía, pero esta compró su silencio con algunos billetes. Afortunadamente, el cargo de conciencia de Erick era tan grande que la dejaba ganar dinero a manos llenas, así que Mía tenía cómo comprar a todo el personal de la farmacia, si así lo deseara. —Ya compré las vitaminas, vamos por un helado antes de regresar a mi prisión —Kira de nuevo guardó silencio y simplemente se limitó a seguir a Mía a pie hasta un parque que quedaba muy cerca de la farmacia. El chófer las seguía muy de cerca desde el auto. Mía pidió dos helados, uno para ella y el otro para Kira, quien, a pesar de que no quería, tuvo que comerse un helado junto a Mía, quien disfruta el aire fresco mientras reúne el valor que necesita para escapar esa noche, aun con Erick a su lado. Después de un largo rato en el parque, ambas mujeres se encontraron con el chófer y subieron al auto para volver a la mansión. Todo el camino de regreso fue memorizado por Mía, ya que ese es el camino que debe tomar para llegar a la estación de autobuses. Ahí planea tomar un bus al pueblo más lejano que encuentre y, de ahí, un avión que la saque de ese país. No le importa a qué país se vaya, ella solamente quiere ser libre. —¿A qué hora llega Erick? —indaga Mía al llegar a la mansión. —A las siete pm, estará aquí para ir a cenar contigo —responde Javier. —Perfecto, iré a descansar un poco antes de su llegada —Mía sube a la habitación y se encierra con seguro, luego toma la bolsa de la farmacia y saca las pastillas para dormir. —Ya nunca nadie volverá a decidir por mí —Mía saca varias pastillas y las tritura muy bien. Luego guarda el polvo en una pequeña bolsa que nadie pueda ver con facilidad y espera que llegue la noche, para salir de ese lugar. Mientras tanto, Marie, lejos de ahí, recorre con una sonrisa en el rostro los viñedos. Ella está feliz, comienza la recolección de uvas y el proceso de producción es hermoso. El olor a uvas le encanta, al igual que comérselas. La chica se siente plena y feliz por estar en ese lugar. Aunque le hace falta su familia, habla con ellos cada noche y les cuenta lo maravilloso que es todo el proceso. Ella ya había estado ahí antes, pero nunca había ayudado en cada paso de la creación de los vinos. Marie ama ese lugar, quizás pase ahí más tiempo del que tenía planeado. Sin embargo, hay alguien que siempre le insiste para que vuelva, y ese es Jack, quien le envía detalles todos los días desde la distancia, la llama seguido y la hace reír mucho. Sin embargo, Marie tiene muy claro que primero debe escoger su destino antes de saber con quién lo va a compartir. De Jack no conoce absolutamente nada, así que, por más que le parezca un hombre atractivo y le guste mucho, sus padres le han enseñado muy bien a conocer primero a las personas antes de confiar ciegamente en ellos. Ese día, Marie por alguna razón sentía su corazón algo angustiado, sin saber qué pasa. Ella llamó a todos los miembros de su familia para asegurarse que todos estuvieran bien y aun cuando confirmó el bienestar físico de todos, seguía sintiendo eso en su corazón. Marie no entendía lo que su corazón sentía, pero todo su cuerpo le gritaba que algo pasaba con alguien de su propia sangre, y aun así ella decidió ignorar lo que sentía, así que siguió su rutina en el viñedo, para ignorar lo que le estaba pasando. Sin embargo, había algo que le generaba curiosidad y ese era el archivo de su madre biológica. Su padre, por su mayoría de edad, le entregó una caja llena de carpetas con información de la mujer que le dio la vida y la familia de esta. En un principio Marie no quiso leerla, pero ahora siente que debe hacerlo. Lo único malo fue que dejó la caja en su habitación en casa de sus padres en Alemania, así que debía pedirle a sus padres que se la enviaran para poder descubrir los secretos que oculta su madre biológica. Marie llamó a su madre, quien prometió enviarle la caja el siguiente fin de semana en el avión de la familia, para que fuera segura y la pudiera recibir sin ningún contratiempo. Mientras Marie espera el fin de semana para recibir esa caja y descubrir cada secreto del pasado, para Mía todo es diferente. Llegó la noche y se arregló lo mejor posible para recibir a su esposo. Ella luce hermosa, radiante, toda ella es belleza y sensualidad, y en un pequeño y escondido bolsillo de su vestido está el polvo que hizo con las pastillas para dormir. Nerviosa, Mía inhala y exhala varias veces antes de que la puerta de su habitación se abriera y entrara Erick, luciendo un traje espectacular hecho a la medida, que sin duda alguna lo hace ver super guapo. Sin embargo, en tan pocos días se puede ver más delgado. Mía no dice nada, simplemente mantiene su postura firme sin acercarse a él. Erick sabe que su último encuentro no fue bueno y debe recompensar a su esposa por todo lo que pasó. —Traje este regalo para ti —Erick se acerca a su esposa, le muestra el collar de diamantes que compró para ella y esta deja que se lo coloque. No iba a iniciar una pelea con él, que termine por mantenerla vigilada toda la noche. —Está hermoso, gracias —Erick aprovechó su cercanía con su esposa y volvió a probar esos dulces labios que tanto extrañaba. —Perdóname, hermosa, no volveré a hacerte daño jamás —Mía no dijo nada, simplemente fingió una sonrisa y correspondió los besos de su esposo. —Vamos, hay una espectacular cena a la luz de la luna esperándonos —Erick le ofreció su brazo a su esposa y esta lo tomó. Mía aceptó el brazo de su esposo y lo siguió por las escaleras y los pasillos hasta llegar al jardín, donde una hermosa mesa para dos se encontraba lista para ellos en medio de muchas luces que simulan estrellas. —Todo es maravilloso —Mía seguirá el juego de Erick como la mejor actriz, pero esa noche, cuando logre que se duerma, será la última vez que finge ante alguien. Luego escapará y por fin será libre de decidir, hacer, decir y discutir lo que ella desea, sin que nadie se lo imponga.
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