CAPÍTULO 11

1088 Words
Cuando las amigas de Marie vieron el coche que su padre le regaló, se emocionaron muchísimo. Corrieron a subirse y esperaban que, después de su fiesta de esa noche, pudieran salir todas a un club donde sus padres no las vigilaran. —Vamos por tu vestido y accesorios, amiga, esta noche será épica para todas —una de las amigas de Marie la tomó del brazo y todas la siguieron dentro del centro comercial, donde fueron directamente a las tiendas más exclusivas del lugar. Las amigas se divirtieron como nunca en sus compras, felices por la celebración de esa noche. Entre pruebas de vestido, y la elección de accesorios y zapatos, todas la pasaron muy bien. —Oigan, chicas, las veré en el restaurante. Voy a usar el baño un momento —Marie se separó de sus amigas y se fue al baño del centro comercial, donde tropezó con una mujer. —Disculpa, no te vi —Marie, nerviosa, intentó disculparse. —No te preocupes, todo está bien —ambas mujeres se miraron fijamente con curiosidad. —Me resultas familiar, ¿te conozco? —Marie sintió curiosidad, pues la mujer se parecía físicamente a ella y solo las diferenciaba un poco el color de cabello. —No lo creo, pero mucho gusto, mi nombre es Mia Weber —la mujer extendió su mano y Marie la estrechó. —El mío es Marie Becker. Qué curioso, mi segundo apellido era Weber —comentó Marie, sorprendida. —¿Era? ¿Ya no lo es? —Mía sintió curiosidad por la joven tan parecida a ella. —Sí, es que a mi madre biológica no la conocí; ella me dejó recién nacida con mi padre y, pues, luego él se casó y su nueva esposa me quiere como a su propia hija. Acepté su apellido, ahora mi nombre es Marie Becker Ivanov —Marie sonrió, mientras que Mía sentía curiosidad por saber si la mujer que la abandonó a ella fue la misma que abandonó a Marie. —Señora, su esposo llamó. Nos espera en un restaurante no muy lejos de aquí —Kira interrumpió a las chicas. —Bueno, yo ya me tengo que ir, un placer conocerte, Mía —Marie se alejó mientras Mía la observaba con curiosidad. La posibilidad de tener una hermana no era una mala idea para Mía. —Bueno, llévame con Erick —Mía, aburrida y sin haber podido conseguir la forma de escapar de Kira y comprar los anticonceptivos, decidió volver con su esposo, ya que aún tenía tiempo. Apenas hacía un par de semanas había recibido la inyección anticonceptiva, así que tenía poco más de dos meses para conseguir otra. Kira guio a Mía hasta el restaurante donde su esposo la esperaba. Al llegar, Mía se dio cuenta de que no comerían solos. Un hombre con rasgos físicos parecidos a los suyos estaba sentado junto a su esposo. —Al fin se me da el gran placer de conocerte, hija mía —el estómago de Mía se revolvió al escuchar las palabras de ese hombre. —¿Qué significa esto, Erick? —Mía estaba sumamente molesta con su esposo por llevarla frente a ese hombre. —No fue algo que yo planeara. Él quería conocerte y, al reunirnos todos alrededor de la mesa, me obligaron por mayoría de voto —Erick sabía que su esposa no se la pondría fácil después de eso, pero no tenía otra opción: las decisiones tomadas en la mesa se respetaban y, si él no las cumplía, podría terminar expulsado de la mesa o muerto. —Pues lo que tú o tu estúpida mesa decidan me importa un comino. Yo no quiero nada que ver con este señor; en cuanto a mí respecta, no tengo padres, ambos están muertos para mí —Mía se disponía a irse, pero varios hombres de seguridad contratados por Erick no la dejaron marcharse, algo que molestó a Mía y que sabía que le costaría muy caro en su matrimonio. —Lo siento, pero debemos comer todos juntos, luego podrás irte si así lo deseas —Mía tomó asiento molesta. Luego, a los pocos minutos, se unieron a ellos los hermanos menores de Erick y todos comían en silencio. La única que no probaba bocado era Mía, quien sentía un nudo en la garganta que le impedía comer algo. —Hija, ¿estás a dieta? ¿Por qué no comes? —el Diablo observó a su hija con una gran sonrisa en el rostro, mientras que esta lo único que deseaba era asesinarlo. —No me llame así. Usted no es nada más que un simple donador a la hora de mi concepción, así que no se dirija a mí, porque usted y yo no somos nada —Mía sentía cómo la sangre le hervía de ira. Ese hombre no podía ser tan descarado de llamarla hija, cuando intentó asesinarla y, por su culpa y la de la mujer que le dio la vida, sus abuelos estaban muertos. Los únicos que le han demostrado amor en su vida murieron por su culpa, y eso es algo que Mía jamás podrá perdonar. —Querida hija, te guste o no, somos familia, y en el mundo en el que vivimos eso pesa mucho. De ahora en adelante, tendremos que vernos más seguido. Si tu esposo quiere tomar mi lugar cuando ustedes tengan un hijo, tú y yo debemos tener una bonita relación de padre e hija —esas palabras casi hacen explotar a Mía del coraje tan grande que el hombre le estaba haciendo pasar. —Antes muerta que tener algún tipo de relación con un ser tan despreciable como usted. No me importa quién quiera su puesto, yo prefiero morir a tener que soportarlo un minuto más —Mía se puso de pie y uno de los hombres de seguridad quiso impedírselo, pero esta le dio una patada en medio de sus piernas, haciéndolo retorcerse de dolor. Entonces, con una señal, Erick hizo que la dejaran marchar y que Kira la siguiera de cerca. —Sí que es hija mía, pero tiene un carácter más parecido al de su madre —el Diablo sonrió orgulloso de Mía. Viéndola bien, creía que podía convencerla de estar de su lado a cambio de ayudarla a escapar del matrimonio que tenía con Erick. Además, con las empleadas fuera de la mansión, debía sacar a Mía de ahí antes de que quedara embarazada o Erick podría luchar por tomar su lugar, algo que él no se podía permitir.
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