Nunca en la vida me había sentido tan posesivo como en el momento que rompí, la barrera que la había conservado, señorita, cuando estuve dentro de ella descubrí el significado del paraíso, no había otra forma de describir las sensaciones que estaba experimentando. Ella me mordió muy fuerte y me araño toda la espalda, con mis labios limpie, las lágrimas que había derramado y la bese intensamente para relajarla cosa que surtió efecto porque sus manos comenzaron a acariciar mi cuerpo, cosa que me encantó y me dio la libertad de comenzar a moverme. Primero de forma lenta porque estaba muy estrecha, lamente no haber tenido un lubricante para que la experiencia fuera más placentera para ella, ya que para mí era la mejor del mundo. Pero no pasó mucho tiempo hasta que ella comenzó a gemir fuerte,

