Estaba de pie al lado de la barra de un bar y hablando por mi teléfono móvil fingí que estaba contratando a una chica de alterne. -Que sea morena, ni gorda ni delgada, buen culo, tetas grande y juguetonas. Sara Alejandra, mi sobrina, que acababa de llegar al bar, me preguntó: -¿A quién le estás dando mi descripción, tío? -A nadie. Le decía a alguien cómo quiero la chica... No son cosas tuyas, S A. -Me llama S A desde niña. ¿Por qué? -Por abreviar. -Era por eso. ¿Y por qué buscas una puta? ¿La tía ya no te da todo lo que necesitas? Le di las llaves de mi coche, cosa que hacía los sábados, aún sabiendo que no tenia carnet de conducir. Las cogió y me preguntó: -¿Cuánto estás dispuesto a pagar? ¿Había picado? Enseguida lo iba a saber. -¡¿Qué?! -¿Que cuánto vas a pagar? -Un máximo

