El aroma a amapolas y margaritas se hacían percibir en el olfato de ella. La embriagaba ese aroma tan familiar. Esa paz, esa sensación de reposo y tranquilidad absolutos. Con los ojos cerrados, se dejó llevar. Se transportó a otro lugar, a otro momento, en la habitación de sus padres unos años atrás, cuando ella observó por primera vez como un hombre y una mujer enredaban sus cuerpos tal vez para conocerse, intimar o jugar cual gatos simulando una pelea amistosa donde ambos son ganadores. Luego, simplemente comprendió lo que pasaba mientras observaba a su madre gemir, gritar y ser acusada por su padre…,La llamaba puta sin cesar en tono más bien devoto, lo que llenaba de ambigüedad la situación incomprensible para una niña de 8 años. En el furor del enganche s****l, su padre había dado rie

