Aquel día estaba la clase llena de grupos de amigos que habían contratado la sesión de cocina. Venía una afamada cocinera a la escuela, y nadie quería perdérselo. Mi nombre es Francisco, para los amigos Fran, y era uno de los participantes de aquella clase magistral. Estaba esperando a que viniera ella. Lucía, la gran maestra de elaboración de tartas. Cuando apareció con sus pantalones ceñidos, su camisa desabrochada al límite de la sensualidad y sus impresionantes tacones de aguja, las pulsaciones subieron de 0 a 100. Tan solo con su presencia me había puesto cachondo, no quería pensar en cómo iba a aguantar toda la jornada sin que ella me lo notara. Pero creo que lo notó. Lucía explicaba el como y el porqué para que nuestros dulces salieran perfectos, y mientras explicaba hubo mira

