Consuelo estaba en la playa junto a Alice, quien sabía disfrutar de la vida. Su hija era educada, políglota, y en sus historias podía percibir que había viajado mucho. Su comportamiento hacia los placeres de la vida era totalmente diferente al de sus otras hijas. Alice, sin duda, había tenido una vida muy privilegiada antes de ser adoptada. Su mamá la observó comer una uva en su silla de playa.
—¿Por qué no hablas de tus papás, Alice?
—Creo que se supone que no deba recordarlos —comentó, llenándose la boca de frutas.
—¿Ya? ¿Por qué?
—No sé, solo sé eso —se encogió de hombros, y Consuelo le quitó el plato de frutas para prevenir que evada la conversación.
—¿Cómo era tu mamá?
—Muy fuerte, muy valiente. La gente suele hacer lo que ella dice y mi papá también. Siempre habían guardias y personas en nuestra casa, pero... no sé... nos movíamos mucho, un día en una casa y luego en otra... o no sé... y un día íbamos con prisa... y el carro se volcó. —Su hija tomó un par de uvas del plato y se colocó los lentes de sol. —Y ya no quiero hablar, estamos de vacaciones.
—Perdón, majestad.
—Alice, vamos a hacer una competencia de castillos —anunció Anastasia. —¿Consuelo, quieres venir?
—Seré la jueza, mi amor. El calor y tus hermanos no están ayudando. Gracias por invitarme.
Las chicas siguieron llevando tarros y para su competencia, Consuelo puso una alarma por si se quedaba dormida y decidió descansar un poco. Sus hijas estaban ocupadas chismorreando entre ellas.
—¿Crees que se van a separar?
—¡Papá tiene un doctorado en divorcios!
—No están casados.
—Vale, separaciones en general.
—Creo que Consuelo lo quiere.
—Sí, pero él necesita ayudarse... —comentó Tessa.
—Bueno, es una relación, las relaciones suelen ser complejas y necesitan tiempo.
Vidal había llevado a sus hijos por mariscos y Natalia se había ofrecido a ir, lo que sorprendió mucho a todos. Natalia no era fan de Vidal y para nadie es secreto, pero es fan de moverse y la nueva amiga de Xavier, quien la miró indignado desde el momento en que le robó el asiento del frente.
—Entonces, ¿me vas a enseñar a conducir o no?
—La verdad es que no.
—¡Perdón?
—Si te enseño a ti, tengo que enseñarle a Anastasia y ella hace cinco cosas a la vez y no sé si pueda.
—Estás perdiendo puntos constantemente —comentó Natalia.
—Acabo de traerte a la playa.
—Sí... pero no quieres enseñarme a conducir. Sabías que la conducción femenina es valorada como independencia.
—Sí, tengo una hermana, una novia y cinco hijas.
—¿Qué tal si tú me pagas y yo les enseño? —propone Xavier y los tres asienten.
—Eso suena a un plan, pero tienes que enseñarle a Tessa primero y con ella es gratis.
—Siempre salgo perdiendo en esta familia —se queja Xavier y Vidal aparca el auto de su padre, el cual ni sabía que funcionaba pero le parecía mejor que el bus, aunque no quería contarle a Consuelo que esa cosa no le había gustado en absoluto porque viajaron cómodos, todos en el mismo espacio, pero no era su tipo de auto para conducir.
Los cuatro bajaron del auto y fueron directo al mercado para comprar algunos mariscos y productos frescos. Natalia dio a su padrastro repartiendo billetes como si le pesara tener esos billetes. Ella le quitó la billetera y vio al vendedor.
—Ese no es el precio de los chiles.
—Es el precio local.
—Pues ya encontraremos a quién comprarlo con un precio decente, es más, no compramos nada más, vamos al supermercado como la gente normal.
—Señorita, yo le vendo a precio —comentó un joven y ella se acerca a él, le hace una seña a su papá y sus hermanos y los tres le siguen por la calle, van comprando con todos los regateos de Natalia, y Vidal no recuerda haber ahorrado tanto. No le dice nada porque su hija parece divertirse y es un hábito que sus otros hijos deberían adquirir. En el auto los cuatro se ríen.
—Eres una estafadora —le acusa Alex.
—No, a ustedes los iban a estafar y los defendí —responde.
—Mira qué buen pescado llevamos, y qué buenos precios.
—Gracias, Natalia. No hubiéramos podido conseguir ni la mitad de lo que compramos a ese precio —le dice Vidal.
Cuando llegan los chicos se ponen a preparar el fuego y Vidal va a condimentar los mariscos. Consuelo entra en casa y revisa las verduras, ve a su hija y sonríe antes de darle las gracias por ayudarles. Consuelo se pone a preparar unos cuantos alimentos, como vegetales, unas cuantas frutas lavadas. Alex reparte pipas para todos y va a sentarse mientras su hermano sigue luchando con la parrilla. Vidal sale a ayudarle a Xavier y llama a Alex para que colabore. Consuelo los observa a los tres discutiendo. Alex, definitivamente, es el tipo de hijo al que no podrías convencerle con facilidad de hacer lo que le ordenas y que se dedicaría a hacer lo que le da la gana todo el tiempo con el cuento de que tiene buenas botas y no se mete casi en problemas. Anastasia deja su posición en la construcción del castillo para poder fastidiar a su hermano. Su papá le observa y le advierte que si está ahí es para ayudar. Esta agarra periódico y comienza a hacer viento como nunca y se le facilita el trabajo a Xavier.
—Ahh, qué divertido, ¿qué tal si encendemos muchas cosas más? —pregunta y su padre intenta no reírse, pero le advierte que la piromanía es una enfermedad y no quiere desatarla en ella. —Bueno, podríamos hacer una fogata luego.
—Tal vez, muy poco probable, pero tal vez.
—Acabo de sobrevivir una experiencia cercana a la muerte.
—Autoprovocada —le responde su padre.
—Eso suena a que atenté contra mi vida.
—Tú sabrás... —responde Vidal y Anastasia suelta el periódico para volver con sus chicas.
Todos cenan a la orilla del mar en una mesa que Consuelo obligó a Alex a ayudar a poner. Mariana y Tessa decoraron para que se viera bonito, y Natalia esperó con emoción su súper pescado.
—Está espectacular.
—Los sé, y me lo he peleado contra un señor.
—Sí, salvajemente —comentan los chicos.
—La verdad ustedes son cero negociantes.
—Es que esta es gente del campo y gente del mar, como robarles.
—En esta vida si no les robas te roban primero —responde Natalia y Mariana.
—Nosotros tenemos mucho más dinero del que podemos gastar, a veces está bien contribuir a aquellos que no tienen tanto.
Consuelo sabe que esto va a desencadenar una discusión y Vidal también, así que comienza a pasar los platos.
—¿Entonces cuál es el secreto de este puré de yuca? —pregunta Consuelo para llamar la atención de Tessa.
—Mantequilla y limón —Responde Tessa antes de que su papá comience una campaña de promoción de alimentos que preparó.
Consuelo tenía que reconocer el esfuerzo de Vidal, había limitado los mariscos, los condimentó de tres formas diferentes porque las niñas querían de repente comer pescado relleno, y Alice es alérgica a un montón de cosas que su mamá sospechaba que no eran del todo verdad, pero eso quería decir que us novio había preparado un pollo especial solo para Alice, lejos de todos esos mariscos.
—¿Alguien que pruebe mi mazorca? —pide Vidal.—Oh, y mis chiles —Anastasia y Alice se sirven una mazorca y Vidal las observa. —Oh, y las mini cebollas. —Consuelo sonríe y toma unas tres. —Preparé también unos tomatitos.
—¿No hay zanahorias? —pregunta Natalia para molestar.
—Sentí que no iba con la temática, pero creo que puedo rayar un poco y echarle limón.
—Oh... pensé que estabas nombrando alimentos, Vidal —le molesta Alice y todos ríen, este niega con al cabeza y prueba finalmente un poco de su obra de arte.
—Bueno... ya no nombro nada más pero el pescado está espectacular. ¿Te sirvo, Al?
—Soy alérgica —Consuelo y Xavier miran a Alice.
—Cuando regresemos a la ciudad te van a hacer un panel de alergias, no puedes ser alérgica a todo lo que sospecho que no te gusta.—Advierte su madre.
—Vas a hacerme el test y vas a sentirte mal por juzgarme.
Xavier fue el primero en probar todo lo que su papá mencionó y anunció:
—Es comestible.
—Gracias a Dios —comentó Consuelo divertida y Vidal se río.
—Está bien, moléstenme, pero luego quieren que yo prepare cosas en casa y van a recordar este momento de rechazo y humillación.
—Ah, pobrecito. —Dice Alice. —El pollo está jugoso, es la primera vez.
—Cuidado le quedó crudo—Le dice anastasia y los amyores réin anre la cara de decepción de su padre.