Ecosistema

1501 Words
Tener un bebé es una locura en el ecosistema, pero para Consuelo y Vidal era diferente, porque estaban tan rodeados de amor, en brazos de ganas. Era el momento perfecto para ser papás, y así se sentían: afortunados. Consuelo tenía a su hijo cargado entre sus brazos mientras él le acariciaba la espalda. Entonces, vio rosas desfilando por su casa. Su papá había comprado rosas para todos sus nietos, un ramo gigante para ella, otro para su madre e, increíblemente, había tomado en cuenta a Antonia. —¿Qué está pasando? —Es San Valentín —responde su hijastra—. Esto es demasiado tierno, muchas gracias, abuelo. —Gracias —responden las otras chicas. Anastasia y su padre ingresan a la casa y ven las rosas. Anastasia da un salto y ruega que haya unas para ella. Su abuelo ríe y va a entregárselas personalmente. —Te amo mucho, eres el mejor papá de esta familia y el mejor abuelo vivo, porque mi abuelo y yo tenemos los mejores recuerdos —dice ella, mientras observa a su padre con los ojos entrecerrados. —Mi amor, feliz día. Mira, te hice estos dos bebés por nueve meses y tengo estos otros niños juzgones. —Papá, ¿leíste mi mensaje de texto? —pregunta Xavier. Su padre niega con la cabeza. —¿Me puedes prestar un auto para salir hoy? —No. —¿Vas a salir? —No —responde, preocupado por la idea de que su hijo tenga una cita en San Valentín. Su esposa rueda los ojos y niega con la cabeza antes de preguntar todo lo que Vidal preferiría ignorar: ¿Con quién va a salir? ¿A dónde van? ¿Es una cita pequeña o una gran cita? Su padre se ríe y Xavier intenta no responder nada, solo quiere el auto. —Yo no entiendo por qué siempre tienes citas y yo no. —La verdad suena un poco injusto, pero yo recibí flores, regalos, así que es un buen día. —Y los hermanos que te hice, Anastasia. —Sí, el regalo más inesperado después de casi diez meses de embarazo —responde Anastasia, sarcástica. Xavier sigue pidiendo el auto hasta que su papá acepta. Antes de darle las llaves, le entrega unos preservativos. Xavier le mira con el ceño fruncido y los dos se quedan en silencio. —No hagas un bebé ni te contagies de nada. No es no. Y abre la puerta, sé amable y, por el amor de Dios, no la dejes pagar nada. Vale, sé educado, lo tienes todo ahí —dice, mientras saca dinero de su billetera y se lo da a su hijo—. Regresas temprano —le advierte. Vidal sale poco después en su auto, compra un pastel enorme, una cena y globos. Los lleva a casa, donde están sus hijos y su esposa. Consuelo ve con cariño el esfuerzo de su esposo. Está casi segura de que no se trata de ella, sino de sus propias necesidades, pero le encanta el detalle. La sonrisa de sus hijos, sus padres felices, como diciendo que todo iba a estar bien, como que había elegido bien. —Yo no te compré nada. —Este año me toca a mí, el próximo a ti —responde, y le da un beso antes de entregarle un pequeño regalo. Consuelo le da un abrazo y un beso. —Gané el cielo aquí contigo. —Te amo —responde Vidal y la llena de besos. —¡Uh, mamá, un regalo! —celebra Alice—. Ábrelo —insiste. —Ay, sí, ábrelo, tengo que vivir a través del ejemplo de su amor —responde Tessa divertida. Consuelo saca una cadena con las iniciales de todos sus hijos y sonríe agradecida, antes de darle un beso largo a su esposo. —Okay, sin exhibicionismo —replica Tessa, incómoda. Todos cenan juntos y los abuelos los consienten dejándolos pasar un rato a solas. Consuelo y Vidal se sientan en el sofá del balcón y se quedan mirando las estrellas mientras comen chocolates y conversan sobre el futuro. —¿Entonces San Valentín es de carácter urgente y necesario? —Nunca he sido considerado un buen esposo, y de verdad quiero que esto funcione, que sea para toda la vida. —Se necesitan dos para un buen matrimonio, Augusto. —Vale, pero algo tuve que haber aprendido, como no olvidarme del romance en el día de los enamorados. —Está bien, acepto toda compensación pre-relación —comenta divertida. Sus hijos más pequeños les hicieron arrepentirse toda la noche de haberlos tenido, porque Consuelo no sentía que, en medio de todo ese llanto y toda la leche que habitaba en sus pechos, pudiera hacer nada s****l con su esposo. Tampoco sentía que podrían solo usar las manos y la boca. —¿Por qué lloras, bebé? —le pregunta Consuelo a su hija—. Mi amor, Indi, de verdad toca dormirse —dice y camina con ella por la habitación. Vidal y su hermano están haciendo lo mismo, caminando de un lado a otro. Consuelo acaba desesperándose, les quita a ambos la ropa, les pasa un trapito húmedo con una esencia para bebés, les da su leche y se acuesta en la cama con los dos en el pecho, con su ropita fresca y su mamá más tranquila. Les acaricia la espalda y logra tranquilizarlos. Vidal se acuesta al lado de su esposa, le da un beso antes de abrazarla y acercarle algo de beber. Media hora más tarde, el llanto había reiniciado. Que si un pañal sucio, que si estaban húmedos de orines o que el hambre los asotaba. Consuelo y su esposo lograron disfrutar de un poco de calma justo cuando era la hora de Anastasia para ir a su entrenamiento. Ella vio a sus papás y a sus hermanos y decidió ir a despertar a su hermano mayor. Xavier le preguntó por sus papás. —Creo que tuvieron mala noche. Los bebés están dormidos en la misma cuna y papá está abrazando a Consuelo como si su vida dependiera de ello. —Vale, ya voy a salir de la cama —responde Xavier antes de volver a cobijarse. Su hermana le descobija y le susurra al oído: —Odio llegar tarde, Xavier. —Vale —responde. Anastasia y su hermano dejan una nota en la puerta de sus padres. Xavier la lleva al entrenamiento y espera a que su hermana entre, le da unos minutos para arrepentirse y regresa a casa. Sus hermanas ya están despiertas y preparando el desayuno cuando le ven entrar. —¿Dónde estabas? —Llevé a Anastasia. ¿Dónde están los niñeros? —Creo que Antonia tiene un novio. —Antonia es una mujer mayor —se queja su hermano. —Si yo tuviese su edad, tendría sexo —responde Natalia. —Se ve mucho más joven y estoy segura de que se hizo las tetas. —Sí, definitivamente se ha hecho sus retoques. —Mi mamá es su cirujana. —¿No es que no se puede trabajar en familia? —Es su exsuegra, esas dos viven por las tecnicalidades —comenta Tessa—. ¿Cómo estuvo tu cita? —pregunta. —Bien... estuvo interesante. —Cuéntanos más —insisten sus hermanas. —No sé, fue incómodo. —¿Con quién saliste? —le pregunta Alexis. —No la conoces —miente. Técnicamente, sí está saliendo con la mejor amiga de su hermano, pero como siente que no va a funcionar, ¿para qué darle un disgusto a su familia? Marina fue a peinar a su hermana pequeña mientras los demás terminaban de preparar el desayuno y las meriendas. Alice estaba leyendo una ficha mientras su hermana la ayudaba. —¿Tienes tarea? —Sí, pero Alex me enseñó las fichas y creo que puedo exponer bien esto hoy. —Vale, nos cuentas en la tarde. ¿Te gusta así? —Mmm, me veo mona —responde—. Muchas gracias, hermanita. Alice le da un abrazo grande y las dos sonríen antes de salir de la habitación. En el primer piso, los chicos están conversando con Francesca, y su hija no puede evitar notar la pulsera nueva que lleva en la mano. —¿Tuviste una cita de san Valentín?—pregunta Tessa. —No, me regalé esto. —Está caro, mamá. —responde su hijo. Francesca ve la pulsera y a sus dos hijos con el interrogatorio y se rehusa a reconocer que es un regalo de San Valentín que no le ha hecho exactamente la persona que piensan, así que con una sonrisa les avisa. —Sí, pero me lo merezco —responde. —entonces... nos vamos. —Me sienta algo mal irme sin despedirme de mamá—comenta Alice. —pero no me gusta llegar tarde. —Sí, pero deben estar cansados —comenta Ramón. —Dejémosles una nota, Anastasia dejó una—comenta Xavier y los demás aceptan.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD