Te lo digo

1807 Words
Vidal no tiene que ser adivino para entender lo enojada y preocupada que está su novia. Francesca se suelta del agarre de Vidal y mira a Consuelo, intentando explicarle que no están teniendo una cita ni nada por el estilo. Ella los observa a ambos y sabe que no están encendiendo la llama de la pasión ni rememorando su historia de amor, pero no puede evitar sentirse celosa de lo que sea que comparten. No puede dejar de sentirse celosa porque se encontraron primero en la vida, porque comparten tres hijos, una relación inigualable, y la verdad es que nada de eso importa si Anastasia está tan enferma como dicen los médicos. No era el momento de estar ocupados con triángulos amorosos. No debería existir un triángulo. —Consuelo, no es... —No me digas nada. Estoy lo suficientemente cabreada como para alzar la voz y montar un espectáculo, pero ni siquiera merecen la energía. —Su celular vuelve a sonar y la interrumpe. Consuelo toma la llamada de Xavier y dice: —Anastasia está siendo revisada por médicos, cariño. Cuando sepamos algo, los llamo. Si es urgente, voy por ustedes y, por favor, avísenle a Tessa y Alice que su hermana no se está muriendo. Gracias, cariño. —Consuelo... —Sí, mi amor. —¿No es serio? —No lo sé todavía, Xavier. —Vale, pero nos llamarás. —Lo haré. —Bye. Saluda a Anastasia de parte de todos nosotros. Consuelo camina, casi corre hasta el hospital. Está enfurecida, pero no deja de sentir la rabia y el dolor de ser traicionada. Vidal deja la tarjeta en el restaurante y tanto él como Francesca siguen a Consuelo, como dos chiquillos regañados. Anastasia se queja cuando ve a sus papás y los reprende de inmediato. —¿Dónde estaban, irresponsables? —grita—. Esta gente incompetente me quiere abrir el cerebro. Vidal intenta no reírse y observa a los internos y residentes antes de preguntarles: —¿Quién me presenta el caso? —Antonella Vidal, nueve años. —Despedida, es Anastasia. —¡Stace, por Dios! —pide su madre mientras le acaricia la cabeza. —Me estoy muriendo y me dejaron con médicos de mala calidad. —Su madre intenta no reírse y su padrino murmura “insoportable”. Sus papás asienten. —Anastasia Vidal, nueve años, con cefalea posterior a trauma durante su clase de gimnasia —reporta uno de los médicos—. Vómitos en proyectil, mareos y maniobra de Babinski positiva. —¿Y dónde está la punción lumbar? —¿Viniste a hundirme o a ayudarme? —pregunta Anastasia. —Siempre nos puede sobrar, pero nunca faltar, y menos cuando es mi hija. Tardaron cuarenta minutos en localizarme o a alguien que sepa de neurocirugía básica. Quiero que le repitan el examen físico completo y le hagan una historia clínica detallada, porque todo está mal. La punción lumbar la quiero para hoy. Tráiganme las cosas y la haré yo, porque, como bien dijo Anastasia, son unos incompetentes por tenerle miedo a una malcriada de nueve años. Vidal prepara las cosas para el examen de su hija mientras le pregunta sobre la caída, cuántas veces ha ocurrido sin que lo mencionara, y da órdenes de un lado a otro. —¿Dónde está Consuelo? —pregunta Anastasia—. No puede dejarme tirada. —Consuelo está afuera. Voy a llamarla —responde su padre. Consuelo y su hermano están sentados uno al lado del otro. —¿No vas a contarme? —No. —Vale... —Vale... —Consuelo, Anastasia está pidiendo si puedes acompañarla. —Claro, voy a hacer de niñera de tus hijos, así te reconcilias con tu esposa. —Consuelo, no es así. Ella regresa a la habitación y se sienta al lado de Anastasia. Vidal les propone abrazarse y, unos segundos más tarde, están enredadas, una en los brazos de la otra. —Gracias por acompañarme hoy, Consuelo. Eres una excelente madrastra; me caes mejor que mi mamá y eres mucho más competente que mi papá. Sabes, en caso de que me muera, quiero que hables en mi funeral en nombre de mi familia. —Anastasia, no vas a morirte —responde Consuelo divertida mientras la abraza con más fuerza. —Y no dejes que Tessa convierta mi habitación en un walking closet. Tal vez dónasela a Natalia; ella parece necesitar una motivación para mantenerse en esta familia. Ahh, y Alice, mi amiga... —Anastasia, ya —dice su padre, mientras Arturo intenta no reírse, aunque las carcajadas se le escapan. —¿Por qué no la abrazas premortem y yo la pincho? —concluye Arturo. Vidal se quita los guantes y se sienta junto a su hija. Ella lo mira angustiada y le pregunta por qué no le aplican un poco de anestesia o algo. Su madrastra la sujeta desde los puntos que le indican y le realizan la prueba con todo y los gritos de Anastasia incluidos. Después del examen, la pequeña se queda acostada hasta dormirse entre los brazos de Consuelo, quien se queda con ella hasta que llegan sus hermanos del colegio en busca de respuestas. Alice trae consigo unas gelatinas, y Xavier se ha tomado la molestia de comprarle a su hermana unas medias y un oso de peluche. Tessa se acomoda en el lugar de su madrastra y abraza a su hermana. Consuelo sale de la habitación y se acerca a Vidal y a los médicos que están conversando con él. Todos parecen estar decididos a encontrar algo en el cerebro de Anastasia, y ella pregunta: —¿Es posible, solo como idea loca, que Anastasia tenga algo fuera del cerebro? —¿Cómo fuera del cerebro? ¿Dices en el cráneo? —En la duramadre. —¿En algún otro órgano por el cual no requiramos un neurocirujano, sino un médico de esos que saben sobre todo el cuerpo? —¿Un médico general? —Internistas... —Todos ven a Consuelo como si les hubiese insultado y se miran entre sí. Francesca se ríe. —Es justo lo que yo les dije —informa Francesca—. Quiero un pediatra y que dejen de jugar con mi hija. El pediatra estaba sorprendido por la cantidad de hermanos que tenía Anastasia, pero lo más importante, por la capacidad del ser humano de olvidar todo lo que sabe cuando cree que sus hijos están en peligro. —No tiene datos de infección y tiene dolor de cabeza, náuseas y vómito. —No estamos para juegos. —interrumpe Vidal. —¿Qué tiene? —Mi paciente me hizo prometer que no la van a sacar de ballet, gimnasia o lo que sea, y que no pueden regañarla ni reclamarle. —¿Le gustaría algo más? —Pidió modificar su tutor legal a nombre de su abogada —responde muy serio el doctor. —¿Y quién es su abogada? —Yo, así que son sus condiciones o tendremos que llamar a un juicio de emergencia —responde Consuelo muy seria, y su novio intenta no reírse. —Mamá y papá. —No voy a sacarla de nada —acepta Vidal, y su exmujer asiente. —Anastasia cayó de una barra después de dar vueltas en el aire y golpearse contra una especie de caballete que estaba mal puesto, todo en el lado izquierdo. Necesito confirmar, pero tiene un dolor en el hombro izquierdo también, y creo que tiene una hemorragia esplénica. —Eso suena a algo serio. —La medicaremos, observaremos y trataremos de aprovechar que mamá y papá son médicos. La enviaré a casa en reposo absoluto. —¿No es mejor operarla si tiene una hemorragia? —No, creo que es algo mínimo, y si no fuese por todos los exámenes que le mandaron, no nos habríamos dado cuenta. Francesca y Vidal llevan a su hija con el cirujano pediátrico, quien le da la razón al pediatra general. La pequeña se queda traumatizada cuando le dicen que tiene que guardar varios días de reposo. Mientras Anastasia es educada en tono de regaño, Consuelo espera junto a sus hijos. Xavier está comiendo un sándwich con tanta pasión que todos quieren algo de comer. —¿Puede ser c***o? —pregunta Alex. —Uhh, el que pide Vidal con los espaguetitos. —Es un tallarín. —Vale, pero eso se nos antoja. —Sí. —Están muy fluidos en comida chatarra últimamente —comenta Consuelo mientras les da el celular. —¿Dónde está Anastasia? —le pregunta Alice. —Viene en un rato —le asegura su madre y le peina el cabello con las manos. La comida llega casi una hora más tarde y les prestan una sala de juntas para cenar todos. Vidal lleva a Anastasia a ver a sus hermanos y darles las noticias. —Ha sido una equivocación, solo tengo algo viral —responde—. Pero me van a dejar en observación. —Qué bien por ti, esto es como unas vacaciones VIP y puedes molestar gente —le indica Tessa. Su hermana asiente y las dos sonríen. —Hoy va a quedarse mi mamá y quería saber si puedes regresar mañana, Consuelo. Me gusta mucho tu compañía y gracias por traerme. —Con gusto, cielo. Vidal se disculpa para ir por la cena de Anastasia y no escucha las mil doscientas indicaciones de su hija menor. Consuelo sale de la habitación y ve en una esquina a Francesca y Vidal conversando. Xavier, quien tenía intenciones de ir al baño porque el de la sala parecía cerrado, le dice a su madrastra: —¿Has escuchado la teoría del hilo rojo? —Sí. —Mis papás tienen uno. No saben cómo estar en pareja, pero no importa cuán dura sea la batalla ni cuánto les enoje a sus parejas, ellos dos van a estar ahí el uno para el otro. —Xavier se encoge de hombros. Francesca se acerca y le advierte a su hijo que tiene que dejarse abrazar. Él se encoge de hombros, y ella lo rodea con sus brazos. Con toda la fuerza, lo estruja contra su pecho, y Xavier la abraza. —¿Estabas preocupado por tu hermanita? —Sí, es la única hermana completa que tengo —le reprocha Xavier. —¿De dónde has sacado eso? —Tessa y yo hemos estado espiando a... Bustamante. Tiene dos hijas idénticas a mi hermana, ¿sabes? La misma persona que lleva toda la vida adorando a un papá que no es el suyo y preguntándose por qué no se parece realmente a nadie de su familia. —Xavier... —No, mamá, necesitas ayuda severa porque arruinas todo lo que tocas, estas apunto de dañar lo de papá con Consuelo porque estás aburrida sin importarte nosotros, necesitas hacer algo con tu vida.
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