¡Consuelo se despertó al lado de Vidal, quien estaba viendo por la ventana y apreciando el sonido del mar. Siguió acariciando la barriga de su novia mientras conversaba con sus hijos más pequeños.
—Vale, es el sonido del mar, pero... mamá está descansando. —Les informó. —¿Hoy qué les apetece? Unos waffles, ¿o unas fresas tal vez? A mí me viene bien comerme unos huevos en una hamaca, viendo el sol y pensando en el universo. Tal vez sí, sí tenga que salir con sus hermanos, ellos están en problemas, pero ustedes dos no, mientras salgan de ahí y se comporten como humanos. Claro, claro hijos, ustedes no van a dar problemas, son buenísimos.
—Ya te rompieron —comentó Consuelo.
—Un poco. —Respondió Vidal y siguió acariciando a los bebés.
—Vamos a estar bien, es solo un momento de locura.
—¿Estás segura?
—Sí, mira estos dos van a nacer, eventualmente vas a poder decirles en persona toda la narración de tu día sin que yo esté en el medio.
—Claro... pero, tus hijas no están felices.
—Mis hijas no pelean tanto, pero son adolescentes, la inconformidad es parte de su vida.
—Ya sé.
Xavier se había despertado con la atenta mirada de sus hermanas menores, saltó de la cama y las dos rieron antes de chocar sus manos en celebración. Eran las tres y cuarenta de la mañana cuando Anastasia y Alice tomaron la decisión de ir a ver el amanecer en la playa, sabían que las regañarían si iban solas, pero regañarían más a Xavier si les hacía caso.
—No, no y no —les advirtió y hizo un espacio en la cama. —Vengan, acuéstense y duérmanse —les dijo y se giró.
—Sabes, cuando estuve en el hospital sufriste.
—No sufrí nada. Solo me preocupé.
—Xavier, si quieres sobrevivir vas a llevarnos.
—¿Sobrevivir?
—Somos dos —le recordó Alice y Xavier se rió. Sus dos hermanas intentaron asfixiarlo y él las miró incrédulo antes de tirarlas de la cama.
—¿Qué tal si van a tirarme al mar después, psicópatas? —las acusó. —Pero me caéis lo suficientemente bien como para llevarlas.
Los tres se fueron a preparar todo para ir a ver el amanecer. A Alice le pareció que sus hermanas también querrían, y Anastasia aceptó invitarlas a su plan mientras no invitaran a Tessa. Se puso a preparar más sándwiches para desayunar.
Xavier fue a conseguir mantas y una lona para poner en la playa, luego despertó a Tessa y a Alex.
Los seis fueron a ver el amanecer en silencio. Natalia apoyó su cabeza contra el hombro de Mariana y le dio las gracias. Mariana fingió que no la había escuchado. Alice tomó la mano de su hermana mayor y sonrió.
—El sol parece una luna cuando sale —comentó Alice y todos la miraron. —Pero es más impresionante, creo que el sol le gana a la luna.
—Sí, sí, porque hay una luna que hasta desaparece, el sol siempre que sea su temporada mejor va —respondió Anastasia y sus hermanos las dejaron divagar un poco más.
—Papá estaba enojado ayer. —comentó Xavier. —¿Qué tal si no peleamos por unos cuantos días?
—No voy a prometer nada hasta que Anastasia diga que me golpeó porque le dio la gana.
—Fue un accidente.
—No sé si ustedes tienen un problema entre ustedes o si quieren arruinar toda la familia, pero ya cansan.
—Sí, un poco, necesitan dejar de discutir todo el tiempo.
—Ustedes no son perfectas.
—Definitivamente no, pero nos comportamos.
—Estamos viendo el sol —les recordó Xavier.
Todos se quedaron en silencio de nuevo. A Anastasia se le hace muy lento el sol, y se aburre. Se quita el pijama y sale corriendo hacia el mar. Su hermano mayor le recuerda que ese no era el trato, y ella sigue jugueteando cerca del agua, lo chapotea, y Xavier se ríe antes de cargarla sobre su hombro y tirarla al mar. Los dos se ríen cuando ella sale.
—¿Vas a meterte?
—Vale. —Respondió antes de sumergirse.
Tessa se rió desde su asiento.
—Estaremos tan castigados, que me mojaré para que papá tenga una excusa.
—Sí, sí —respondió Alex.—¿Vienen? —les preguntó Alex.
—No sabemos nadar.
—Es súper fácil, solo... vamos. —Dijo Tessa.
—Sí vamos.
Consuelo y Vidal sintieron que el silencio era demasiado extraño. Sus hijos solían despertarse temprano, de mal humor y les gustaba compartir de forma descriptiva por qué estaban de mal humor, así que el silencio, la ausencia de olor a café era atípica. El desorden que dejaron en la cocina muy normal.
Consuelo revisó cada una de las habitaciones y Vidal le llamó cuando escuchó risas y palabras sueltas afuera.
—¿Qué están haciendo?
—Están socializando.
—Mmm... —Respondió su novia. —En pijamas en el mar.
—Sí... los castigamos.
—Dejémoslos, están haciendo algo juntos, aceptemos el juego.
—Entonces, ¿desayuno? Waffles y tocino.
—Y unos huevos —añadió Consuelo.
—Huevos —Consuelo se rió porque sabía que no los había comprado. Su novio le llenó de besos y le preguntó qué más podrían apetecerles a los niños. Ella propuso unas naranjas para tomarlas al sol y Vidal la vio como si se hubiese vuelto loca, pero le obedeció.
Después de ir por las compras, preparar el desayuno y servirlo afuera, los niños vinieron emocionados a contarles su mañana a sus padres, sin filtro. Anastasia y Alice contaron cómo planeaban matar a su hermano y mandarlo a nadar.
—Con los peces... o los tiburones. —preguntó Alice asustada.—¿Hay tiburones en la zona? —preguntó Alice muy preocupada.
—Eso no te importó cuando planeabas ahogar mi c*****r.
—Ya... porque no me pareció una posibilidad.
—Ni te iba a doler porque ya ibas a estar muerto.
—¿Qué tal si almorzamos hoy separados? —preguntó Vidal. —Así, ustedes y yo podemos conversar sobre sus pensamientos y ustedes pueden pasar un día con su mamá.
—Si Consuelo planea ir a hacerse las uñas, prefiero cambiar de grupo.
—Uhh, yo también.
—Qué tal si lo hacemos al revés, pasamos el día juntos, en el salón ustedes pueden ir a... hacer algo que no los mate, y nos reunimos todos, almorzamos riquísimo, y después en la noche, cenamos, y conversamos de forma calmada, honesta, nos escuchamos los unos a los otros.
Los niños tenían rápidamente algo que decir, y Vidal estaba murmurando algo que involucraba regañar a sus hijos en privado. Consuelo se quedó en silencio hasta que todos entendieron la indirecta.
—Estamos intentando formar una familia. Es imposible hacerlo si tenemos divisiones, ustedes no son los hijos de Vidal, ni mis hijas, son nuestros hijos, parte de nuestra familia, y entre más pronto todos lo entendamos mejor. No vamos a dormir unos días en una casa y otros en otra, ni vamos a obligarles a llamarnos mamá y papá... tal vez, Doña Consuelo y Doctor Vidal. —todos se ríen. —Ven, ya estamos avanzando, hay risas colectivas. Entonces, cuando funcionó el ahogar inapropiadamente a su hermano con la almohada decidieron ahogar a los demás.
—No, yo les pedí no invitar a Tessa, pero de todas formas, la invitaron y ella y Alex han estado enseñándoles a Mariana y Natalia.
—Creo que algo hemos aprendido. —comentó Natalia.
—Sí, el mar es relajante, pero, el ruido no se detiene nunca ¿cierto?
—A mí me costó dormir un poco al inicio por eso —comentó Alex y su papá le miró horrorizado.
—Tenemos hijos de ciudad, Consuelo.
—Sí, sí. —bromea y los chicos ríen.