El padrazo

1431 Words
Lo mágico de una relación es saber encontrar el tiempo para decir "te amo" con acciones. Creo que para Consuelo, en específico, es cuando puede crear un recuerdo inolvidable y al voltearse está Vidal. En cierta forma, es una confirmación de que va a estar ahí toda su vida, que sí, tienen hijos y una casa y comparten una historia, pero son esos momentos en la mañana en los que todo está en silencio, sus hijos duermen y ella siente una mano sobre la suya, un cuerpo que se acerca un poco más y se funde con el suyo, una caricia fugaz y escucha un "te amo" antes de que el otro lado de la cama quede libre. Es ese momento en la mañana en el que Alice la apura, y cuando finalmente llegan a su destino la ve como si fuese una heroína invencible. Luego están sus hijas mayores riéndose de una tontería, su hijastro cuando resuelve uno de los nudos en su cabeza y sonríe aliviado, Tessa cuando deja el teléfono y se centra en algo cotidiano o Alex cuando simplemente mira a su padre y entiende que es casa. El amor, son las cosas pequeñas. —Consuelo —le llama su madre. —Estoy escuchando —responde ella. —¿Qué escuchabas? —Que no te gusta mi relación con Augusto. —No dije eso. Te estoy diciendo que vas muy rápido y puedes salirte de la carretera, pero ya no vas en un Ferrari sola, vas en autobús y las niñas van en el asiento delantero, sin cinturón y pueden salir muy heridas. ¿Lo entiendes? —Mamá, llevo dos bebés más en el útero, ¿qué hago, les digo que a la abuela no le cae bien el papá y que nos mudamos a Irlanda, pero pueden volver a conocer a su otra familia cuando ellos o su abuela lo consideren? —Estoy aconsejándote, si me quieres escuchar, bien por ti, si me quieres ignorar también, solo, cuida a las niñas —responde molesta—. ¿Cómo va la adopción de Alice? —Va... lento mamá, sigo teniendo una custodia temporal. —Confiemos en Dios que cambie para bien, que la niña está muy acostumbrada a nosotros ya. —Sí. Entre preocupada y agotada me voy a mi casa, donde encuentro silencio por primera vez en semanas, solo hay silencio, no hay niños rabiosos, escandalosos, peleones, solo paz. Tomo una ducha larga, me doy el gusto de leer un libro, me quedo dormida. Según Consuelo, crear órganos para dos humanos al mismo tiempo es agotador y cuando despierta casi a las siete de la noche, comienza a preocuparse ante el silencio y la soledad. Vidal Cariño, me he llevado a los niños. Eso había sido hace tres horas. ¿A dónde se los llevó?, se pregunta Consuelo, y le llama de inmediato pero este no contesta. Vidal tenía un concepto de vacaciones muy diferente al de Consuelo, para él todo era diversión, descanso, compartir. Su padre se tomaba muy en serio las vacaciones y acababan él y sus hermanos dando vueltas por el mundo. Hoy había sido el turno de ser el papá feliz que les lleva a un centro de diversiones para niños y adolescentes y justo en el momento en el que su mujer le llamó, estaba en una pelea de espumas contra su rival más difícil, Anastasia, la más entrenada en la familia para dar saltos sobre una viga, y evitar que le tumbaran. —Voy a ganarte, que lo sepas —anuncia su hija y él niega con la cabeza, da un golpe en falso y ella salta. Su papá se ríe y el peso de su propio instrumento le hace caer, sus hermanos aplauden y la gente que les observa también celebra. Vidal cae entre las espumas y Anastasia le da gracias a su público antes de tirarse en las espumas junto a su papá. —Oye, ¿podemos venir de nuevo aquí? —Vale, antes de que acaben las vacaciones. Mariana y Natalia parecen divertidas en los colchones de agua, simplemente flotando y Tessa le aplaude a su hermana. —Eres una súper campeona, ¿qué se te antoja de cenar? —No sé. —Yo quiero pollo frito, Vidal. —Alice, siempre quieres comer lo mismo —le dice su hermano mayor y ella se encoge de hombros. —Sé lo que quiero, eso es todo. Vidal va por sus hijastras a los colchones de agua y se acuesta junto a ellas. —¿Listas para ir a cenar? —pregunta y ambas asienten. —Ha sido una tarde súper relajante. —Sí, muchas gracias, Vidal. —Con gusto. Vidal llama a su novia y esta contesta al primer timbre. —¿Te has ido con los niños a Júpiter o a otro país? —Me fijé y las niñas no tienen pasaportes, será mejor que solucionemos esos prontísimo. —Vidal... —Mi amor, llamé, te escribí y asumí que estabas durmiendo. —Ya, sí, pero escribe más. —Vale, los traje a unos juegos de espuma, saltarines y colchones de agua, ¿qué te parece si nos vemos para cenar? —Bien, pásame la dirección. La familia se encontró en un lugar de comidas rápidas, Consuelo observó los nachos de su Xavier, y le pareció la cosa más escandalosa de la vida. Tessa llevaba una ensalada con unos palitos de mozzarella y ajo, y sus hijas pidieron un combo para compartir. —¿Ya pediste? —le preguntó a Vidal. —Nos pedí unas carnes, papas fritas, pescado frito para probar y una ensalada como la de Tessa porque está muy buena. —¿Y Alice? —Pollo frito. —¿Anastasia? —Una hamburguesa, pide siempre pero yo creo que no le da para comérsela, vas a ver, es un espectáculo. —¿Se lo pasaron bien? —Sí, es bueno ser el papá cool. —Sí, te pega —responde Consuelo y Vidal la llena de besos. —Mami, mamá —la saluda Alice mientras corre hacia ella—. No sabes lo que acabamos de hacer. Es más, no sabes lo que Vidal me hizo, me tumbó hacia el infinito en una piscina de espumas. —No te creo. —Sí, me reí demasiado y Anastasia ha hecho piruetas con tal de no perder. —Bien por Anastasia —responde Consuelo y abraza a Alice. —Deja de juzgar mis nachos, y ven a probarlos. —Qué buenos hijos tenemos —comenta Consuelo mientras va a tomar asiento al lado de Xavier. Vidal aprovecha para comer un poco más junto a Tessa, y los dos sonríen. —¿Por qué no me llevaron? —Creo que te hubieras dormido en los colchones en los que estábamos, es como flotar pero en una superficie estable. —Sí... yo me dormí un poco y ronqué... alguien me empujó. —Estabas avergonzándome —se queja Mariana. —¿Qué más vamos a hacer de vacaciones? —Tú y tu hermano siguen castigados —le recuerda su padre... —Entonces no iremos a Disney París. —Nunca ha estado en la mesa esa opción, pero si se portan bien durante los próximos diez meses, podríamos conversarlo —comenta su padre. —Necesito prenegociar —comenta Anastasia. —Vale, lánzate —la invita Consuelo divertida. —Mi ida a Disney París no debería verse interferida por el comportamiento de los demás. —Sí, sí, porque nosotras nos portamos súper bien —comenta Alice—. Muy mal que Xavier, Tessa, Mariana y Natalia sean un factor en nuestra ida. —Ustedes dos también se portan mal, lo que pasa es que las tapamos —les dice Mariana. —Sí, sí, tú insultas compañeros y la otra a la maestra. —Nunca he hecho tal cosa. —Alice... —dice su madre. —Vale, soy informativa, ¿desde cuándo eso es un pecado? —Desde que no estás siendo justa, o vamos todos o no va ninguna. —Ya, claro, se acabó la negociación y la conversación—murmura Anastasia. —Yo tengo fe en cada uno de ustedes —dice Vidal y todos le miran se quedan en silencio. —¿Y tú Consuelo?—pregunta Xavier. —Yo creo que pueden mejorar... pero son lo que son... —Yo confío plenamente en que van a mejorar, son fantásticos, y el otro año serán espectacularmente fantásticos —a Consuelo se le escapa una risa y sus hijos se ríen después de ella—. No te vuelvo a invitar.
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