Yo creo que el terror de todos los papás adoptivos es la familia biológica de sus hijos. Consuelo fingía que no se acordaba de la existencia de Lexie, y Vidal fingía que él había engendrado a su hijo adoptivo, cuando la verdad es que no.
Sus hijos mayores le habían comprado un queque a su mamá por su cumpleaños, y Consuelo les organizó una comidita para que la pasaran bien.
—¿Qué es esto? —pregunta Francesca después de dejar a sus hijos.
—Todo es súper low carb, el queque es keto, madre —anuncia Xavier, y su mamá lo llena de besos.
—Te amo, muchas gracias por recordar que nací un día para tenerlos a ustedes y a sus otros hermanos.
—Jue' puta, llegamos tarde —dice Vidal, y Francesca se voltea para ver a sus otros dos pequeños.
—¡Dios mío, mis otros bebés!
—Mi tío Vidal fue por nosotros al cole y te compramos este regalo —responde su hija menor sin un diente, y Francesca se ríe al verla.
—Estás muy guapa, tú —la mujer les da un beso a cada uno de sus hijos, y luego le cantan cumpleaños. Francesca les da las gracias y se queda con ellos comiendo en el jardín.
Consuelo les da una ojeada desde el balcón de su habitación.
—Yo le caigo muy bien a Fran.
—Sí, pero no es tu mamá y es un gesto de parte de sus hijos.
—Já... qué aburridos.
Alice se mete en el encierro con sus hermanos y se pone a hablarles, dice que para estimularlos. Su mamá le da un libro para que practique lectura y ayude a sus hermanos a hablar a los dos meses con la prisa que les está metiendo.
Vidal llega a la habitación con frappuccinos para él, su esposa y su hija, y Alice lo mira seria.
—¿No hay nada para mí, Vidalcito? —pregunta Alice.
—¿Compartimos?
—Umm... me gusta más n***o y solo.
—Alice, los niños no toman café, y no puedes beber algo caliente donde están tus hermanos; los puedes quemar.
—Puff, voy a seguir con esto.
Vidal vio a Alexis entrar, cobijado de pies a cabeza. Alice elevó una ceja y continuó leyendo. Su hijo le dio un sorbo a la bebida que su hija había despreciado, y que antes era de su padre, antes de acostarse en medio.
Consuelo le acarició el pelo y lo olfateó.
—Mi amor, ¿quieres comer algo? ¿Bañarte? —pregunta la mujer, y él niega con la cabeza.
—Te encanta ese huevito con tocino de Consuelo y las tostadas con extra mantequilla. ¿Qué tal, cielo? —propone su padre, y este le da una buena robada de su café.
—Sí, y un café de verdad.
—Que sean dos —pide Alice, mientras su mamá sale de la habitación.
Consuelo baja a preparar el pedido de sus dos hijos. Está casi por terminar cuando escucha una motocicleta y el timbre de la casa suena. Consuelo se asoma para ver quién ha llegado y, de la motocicleta, se baja Héctor, un hombre espectacularmente guapo, alto, rubio, con ojos claros y hoyuelos en las mejillas. La barba de unos días es lo único que le hace pensar que ha pasado de los treinta, aunque aparenta ser un caballero.
—Héctor —lo saluda Tessa.
—Benditos sean los ojos —comenta Anastasia y agita su mano hacia él.
—Anastasia, eres casi una adolescente. Y Tessa, estás en tu prime.
—Lo sé.
—Héctor —lo saluda Francesca.
—Comadre, felicidades, otro año de vida —dice y señala los globos.
—¿Quién es él? —pregunta uno de los gemelos de Francesca.
—¿Por qué te llamó comadre? —pregunta el otro.
—Tú eres Consuelo, ¿cierto? Yo soy Héctor, y vine a visitar a mi bebé.
—¿Cuál bebé?
—Mi hijo.
—¿Cuál hijo? —pregunta Consuelo.
—Escuché lo de Bella y vine a ver a mi hijo, Alexander.
—Veo el parentesco, sí —comenta Consuelo, y su marido se para junto a ella.
—¿Qué haces aquí?
—Nuestro hijo lo está pasando mal, y he venido a mimarlo, que sepa que estoy aquí.
—Héctor, yo tengo un hijo. Tú no.
—Sin mi ADN, mi hijo no estaría en este mundo. Y no vine a discutir, vine por el niño y punto. ¿Me dejas pasar o lo veo acá afuera?
Alice baja y anuncia:
—Esos bebés tienen poco en el pañal, huelen... terrible. Alguien que los ayude, por favor.
Los dos se ven serios y Consuelo le hace una seña.
—Hola, ¿dónde está Alexis?
—Lo convencí de un baño. También porque él cree que no, pero huele, y la ducha de Vidal y mamá está espectacular, tiene hidromasaje —comenta, y Héctor sonríe.
—Vidal, ¿por qué no hablamos como dos caballeros? Alex nos va a necesitar a los dos.
—Secuestraste a mi hijo.
—Como te dijo el abogado, fue una mala comunicación. —se defiende Héctor—Yo solo quería pasar tiempo con mi hijo y pensé que te estaba informando.
—Pediste una recompensa.
—Pedí un préstamo para seguir paseando con mi hijo.
—Tenía escuela.
—¿De qué putas le sirve ir? Es súper inteligente, lo estás desperdiciando. Mira, ese ya debería estar de gira. Está en su prime. Y Anastasia debería entrenar en Nueva York, pero prefieres retener todo a tu lado: Bella, Alexis, Francesca, sus hijos, la nueva esposa y sus hijos.
Vidal suspira y asiente antes de bajar un par de escalones y quedar a la altura de Héctor. Planeó solo darle un puñetazo, pero la verdad, llevaba años pensando en cómo romperle la cara y cada centímetro del cuerpo.
Consuelo, sus hijos, su exesposa, observan a Héctor y Vidal darse golpes como un par de niñatos. La verdad, si no hubiese sido por la llegada de sus suegros, quienes se tomaron la molestia de separarlos, la pelea pudo haberse puesto un poco peor.
—Wow, papá —lo felicita Anastasia con un aplauso lento.
—Saben, Bella tiene un excelente gusto en hombres.
—Uno es un ladrón y el otro un neurocirujano —comenta su madre—. ¿Qué estás viendo de bueno en eso?
—Los dos están muy sexys, y eso es lo que importa aquí, María Francesca —responde Tessa en tono de reprimenda.
Alexis bajó con los dos bebés cargados, se acercó a Consuelo y se los entregó.
—Se hicieron caca y Alice los abandonó.
—Ey, mosco, ven, dame un abrazo —dice su padre.
Alex lo mira con la cara llena de golpes y sangre, y luego ve a Vidal con el mismo look desordenado.
—Mi mamá se está muriendo. No necesito saber que tú vas para la cárcel como siempre o que tú estás pasando por alguna crisis. Necesito papás adultos. Héctor, trata de no encarcelarte. Y papá, nos vemos en la cena.
Los dos se quedan en silencio, y Héctor se sienta en las escaleras.
—Es tan hiriente... Me recuerda a mi madre. Ahora voy a sentarme en el césped hasta que quiera venir a insultarme de nuevo.
—Sabes mamá ese es tu defecto, tú los eliges por profesión y no por apariencia.
—Tessa, me enamoro de hombres inteligentes, serviciales, guapos y atentos. Yo tengo mi propio dinero, no neceesito que me mantengan.Tengo una carrera exitosísima no necesito ser la esposa del doctor vidal o el super ejecutivo, soy mi propia v***a, y me hice bien, me amo y me felicito. Hoy no es día de desprestigiarme, así que sigamos odiando juntos a Héctor.
—Tu mamá es el tipo de mujer al que es difícil de estafar —comenta Héctor, —¿Y sabes qué? me he equivocado, no soy Vidal, no tengo la vida en orden tengo más vacas flacas que gordas pero amo a mi hijo y si pudiese desintoxicar a Bella, su pudiese vambiar de lugar con ella lo haría, porque no la amo, pero adoro a Alexander y eso queire decir que si el pesado de su papá ocupa mis dos riñones, mi hígado para seguri viviendo, se lo daría porque él va a estar feliz con eso. La mamá de mi hijo se está muriendo y quiero que sepa que estoy aquí, eso es todo lo que quiero. —Vidal vuelve a supirar, camina un par de pasos y le da un frentazo y lo empija.
—Woow—comenta Consuelo antes de tirarles el hielo que traía para sus frentes. —Hay niños aquí, ¿ustedes dan el ejemplo o qué? Se separan y se controlan ¡ya!—grita Consuelo y los dos le miran. —Suficiente; Alex necesita a sus dos papás, punto. ¿Son hombres o se los quito?