Te lo explico

1586 Words
Alex visitaba a sus hermanos todas las tardes, pero no se sentía cómodo quedándose. Vidal había hablado con Emma y se había dado cuenta de que su hijo tenía un miedo enorme al compromiso, al amor, a la estabilidad. Era como si le hubiese contagiado. De una forma u otra intentaba conectar con él haciendo lo mínimo: preparando su merienda favorita, escuchándolo bromear con Anastasia y Alice. —Oye, ¿por qué no vienes a quedarte para el finde del cumple de Alice? Porque tenemos muchos planes el fin de semana antes y el fin de semana después. —Podría ser, sí. —Sí, vas a venir a mi fiesta, porque mi tía Grett prometió hacer de fotógrafa y no voy a permitir que no estés en todas mis fotos familiares. El próximo año arrasaré con el álbum de la familia. —Qué mona —responde Anastasia, y Alice asiente. Francesca había llegado con una caja de sus galletas favoritas y café ya hecho. Consuelo se preocupó un poco más cuando le preguntó a su marido si podían conversar a solas. Regularmente no se sentía celosa de la mujer, pero no se le había pasado por alto que Vidal había dicho que le parecía espectacular, con todos los atributos de la vida. La sangre le hervía ligeramente, pero recordó que la ex de Simonetta es una de las mujeres más guapas del mundo, y aun así su marido no la ama. Hombres y sus señales confusas. —Francy, ¿por qué de repente tengo tanto de ti? —Quiero hablar de Tessa. —Claro, ¿qué quieres hablar de mi hija? Tessa llevaba una vida junto a Vidal y sabía cuándo estaba a punto de cerrarse respecto a un tema, y esa era una de las cosas que no quería. Por primera vez en meses podía tener a sus hijos, estar feliz, enamorada de un hombre con el que no sentía prisa de nada. —Verás... Theo ha descubierto que Tessa y sus hijas están teniendo contacto por r************* , como que quieren conocerla y están un poco locas por saber todo de Tessa, y Tessa igual. No sé si te ha dicho algo. —Le comentó algo a Consuelo, y quiero dejarles claro a Theo y a ti que mi hija y yo estamos claros de dónde y con quién quiere vivir. —Y nosotros también, Vidal. Theo y yo estamos agradecidos contigo infinitamente, y tenemos cien por ciento claro que el papá de Tessa eres tú, independientemente de si biológicamente él contribuyó o no. Solo que ellas tres son muy cercanas en edad, gustos, y se parecen muchísimo a Tessa en casi todo. Pienso que a ella le hará bien identificarse con gente que comparte características físicas y emocionales con ella, al menos conocerlas y no tener tantas dudas. —¿Cómo está tu relación con Theodor? Porque asumo que si sus hijas van a conocerla, ¿qué es Tessa exactamente para él? —Él también quiere conocerla, pero entiende que tú eres su papá y que ella podría no tener ganas de conocerlo. Y yo no quiero llevar más culpas. —Francesca, como colega, empresaria, te respeto muchísimo, y enfrente de mis hijos siempre voy a apoyarte porque eres su madre, y es básico: tienen que honrarte. Buena o mala esposa, eres su mamá, y de una forma u otra yo te escogí para ser su madre. Pero esta situación, con esta hija en específico, no va a salir bien, mucho menos si estás saliendo con su padre. Cuando todas empiecen a confabular, se darán cuenta. —¿Cómo sabes que estoy saliendo con Theodor? —Cuando te enamoras regresas a la adolescencia, y creo que de los tres a él lo amas demasiado. Me parece normal que estén juntos, solo inconveniente para mis hijos y extrainconveniente para Tessa. —Bueno, Vidal, dejo en tus manos la decisión de programar una reunión y que las niñas se conozcan. Vidal se quedó en su oficina encerrado un momento más, hasta que Consuelo entró con un cuaderno de actividades: básicamente el cuaderno de gestión de sus hijos. Lo encontró acostado debajo del escritorio, comiendo galletas, y le preguntó si estaba bien. —Francesca está acostándose con el papá de Tessa y cree que sería bueno para Tessa conocer a sus hermanas. Esto es un desorden, no está bien para Tessa. ¿Cómo omitimos que tiene otro papá? —No parecías tan sorprendido cuando Tessa te lo dijo. —Quiero a Francesca, Dios sabe que sí, y frente a mis hijos voy a jurar siempre que es la mejor mujer del mundo y que el que perdió algo fui yo. Pero la conozco tan bien que sé cuándo la está cagando: es cero discreta, es impulsiva, y lo quiere muchísimo. Su mujer estaba enferma cuando se metió con él, él la dejó para hacerle un tratamiento imposible en Estados Unidos y no fue exitoso. Se quedó allá un par de años y, cuando regresó, ella estaba casada de nuevo con alguien más. Consuelo dejó el cuaderno en el suelo y se acostó junto a su esposo. Le dio un beso y otro, y los dos rieron. Podía funcionar: solo despejarse un poco, solo ser felices un rato. Los chicos creyeron que sus papás habían salido, así que se pusieron a preparar la comida: unos las verduras, otros la carne, Tessa como siempre el postre. —Estás muy callada —le dice Mariana. —Me gusta contar cuántos pasan mis dedos de señora en el líquido, para tener la receta más simétrica. —¿A qué vino mi mamá? —No sé... anda medio sospechosa. —Xavier y yo vamos a pasar de viernes a lunes con ella este fin de semana, porque el siguiente es el cumple de Alice y luego se nos complica verla. En fin, por si quieres venir. —Estoy bien, gracias. Mamá no me quiere ahí, y si van los pequeños tampoco. —Mejor más comida —responde Xavier, y Anastasia se ríe porque sabe que ni se lo va a comer y va a pasar todo el tiempo pensando en su hermana, pero cosa de él. Índigo e Iman se quejaron, probablemente por hambre, y los hermanos escucharon la lluvia venir, así que decidieron prepararles una leche. Mariana se sentó con Índigo y Anastasia le dio a Iman su biberón. Él parecía tener una prisa inminente y sus hermanas se rieron al verle comer. Consuelo apareció antes que su esposo, quien estaba aún durmiendo en el suelo de su oficina. —Gracias por darles de comer a sus hermanos, qué monas —les da un beso y luego carga al más hambriento del mundo. Van juntos a ver qué están preparando sus hermanas, mientras su mamá se distrae con las recetas de sus hijos. Alice le regala un poco de dulce a su hermano; este la mira incrédulo por el sabor y los otros ríen. —Alicia. —Pobrecito, ya es momento de darle de comer: una papa, un camote, algo. Mamá, cuando yo vivía en una finca, me daban leche de cabra deliciosa, y a los bebés les daban comida en biberones. —Alice —se quejan todos y ella asiente. —Se los juro. Mi nana tenía varios bebés y nos daba verduritas. El atol de malanga es espectacular y estoy segura de que eso es lo que hace que mi piel brille —Consuelo ríe. —Tú le venderías caca al presidente —responde su madre y le llena de besos. —Tienes prohibido darle de comer a tu hermano. —Pobrecito, algún día te van a alimentar, te lo prometo. —Aléjate de los bebés —le advierte Consuelo. Vidal se acerca, le da un beso en la mejilla y pregunta de qué van esas amenazas y las risas. Alice le explica: —Yo hice una pasantía en Colombia, en un lugar súper remoto, como para experiencia y fogueo, y la gente les da de comer plátano a los niños. Y en Costa Rica, o sea, creo que es la versión vegana de la fórmula. —Aquí vivimos en Main Village y yo no he leído sobre eso. —Hay autores, cielo, que creen que entre más temprano inicies la alimentación, menos probabilidad de ser alérgico. —¿Qué dicen los autores de la microbiota y la obesidad? Todo tiene un tiempo, papá —se queja Tessa, y Vidal va a llenarla de besos.—En esta familia se hace lo que Tessa dice. —Ja, ja —se burla Consuelo, y los demás niños.—Esta semana tengo reunión en todos los colegios y escuelas, y con todos los tutores para conocer sus avances. Me encantaría saber si tienen algo que decir: como si se fueron de pinta, besaron exóticamente a alguien, hubo un agarrón inapropiado de algo, si los castigaron, si les pidieron cambiar algo más de tres veces y no lo hicieron, o si le dijeron a su tutora que es medio estúpida. —Bueno, en mi defensa, medio le da oportunidad de crecer y reubicarse en la categoría de no estúpida —responde Anastasia. —Qué específico sonó todo eso, Consuelito. ¿Qué tal si les dices a estas que no tienes quejas de mí? —El director quiere hablar personalmente con tu papá, conmigo y con tu mamá, Xavier. —Seguro va a felicitarles porque soy muy guapo. —Seguro. Ojalá nos feliciten todos los profesores, directores y otros papás del mundo.
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