Consuelo no entendía bien lo que sus hijos entendían por amor, pero se sentía ligeramente orgullosa de que usaran su obstinación para pelear por una persona a la que amaban tanto: a su hermano. El pobre perro, dentro de la casa, estaba ladrando por sus gritos y su huelga de hermandad, en la que le exigían a Alex ser sus amigos.
Consuelo
Necesito ayuda porque están gritando en la casa de Emma y me da un poco de vergüenza.
Vidal
¿Cómo te dejaste engañar?
Estoy ya en casa, cambiando a los peques, y Alice, Mari y Naty quieren unírseles.
Diles que los voy a castigar si me ridiculizan frente a Emma. Debe pensar que somos papás deficientes.
Consuelo
Son bochornosos.
Consuelo se acerca a sush hijos ye n tono negociador y muy calmado les dice:
—Chicos, por favor, ya. Emma les entregará los regalitos de comer y seguro Alex se comunicará tan pronto como se sienta preparado.
Alex sale de la casa, al igual que James. Ve a los tres niños y a su esposa, quien ha tomado asiento en los escalones.
—Están asustando al perro —comenta—. Y es la hora del té con James, jugamos damas chinas y comemos pastas que intentamos hacer todas las noches. Se nos da fatal —reconoce.
—Wow, estás muy guapo.
—Estás sexy, sí.
—Te ves bien —dice Xavier y le da un abrazo, uno largo. Sus hermanas se unen, y Alex suspira relajado; las lágrimas se le escapan de los ojos. Anastasia se zafa del abrazo y va corriendo por los regalos.
—No sé en qué estás, entonces traje uvas y fresas semi-milas porque sé que te gustan muchísimo. Y el chocolate n***o caro, porque Consuelo nos dio su tarjeta.
—Yo sé jugar damas chinas, o sea, puedes hacer eso en la casa —comenta Xavier mirando a James.
—Gracias... gracias por venir —responde Alex.
—Me haces mucha falta. Ven a casa, Alex.
—No estoy listo.
—Alice cumple en unos días, y descubrimos que Natalia también. Tienes que ir a las dos fiestas. Solo para que sepas que sí estás invitado. A Natalia creo que le vamos a hacer un pastel con globos y algo en casa. Puedes venir. Sabes, somos gente con sentimientos. Y Xavier a veces te dice que no eres nuestro hermano, pero si podemos con Natalia y Mariana, ¿por qué no vamos a amarte? Hemos competido en los columpios toda la vida —comenta Anastasia—. Así que tal vez intentemos volver a colarnos otro día, pero somos respetuosos de tu proceso, y ya nos vamos.
—Entonces tú tuviste la idea, pero Anastasia es el cerebro de la operación —comenta Emma—. Interesante. Xavier, ¿qué rol juegas tú?
—Soy el chofer.
—Sí, pero ¿cómo te convencieron? Porque no sueles seguir estructuras.
—Son mis hermanas. Él es mi hermano. Y cree que no puede volver a casa porque lo vamos a odiar, o porque es menos mi hermano, o porque ya no es perfecto. Todos en casa somos imperfectos, Alexis. Esta tuvo dos maridos en un año —señala a Consuelo—. Papá tiene dos exesposas. Y cuando mi mamá tiene gripe, se le mete en la cama hasta contagiarlo. Nada está bien, pero no está bien que sientas que no puedes volver porque cometiste un error. Tessa ha cometido crímenes y sigue en la casa. ¿Por qué no vas a volver tú? ¿Porque usaste algo aburrido y no coca o heroína...? Vale, no te ganaste mi respeto, pero eres mi hermano y deberías estar s*****a en casa. Tal vez podamos tener un s******o en grupo.
—Vámonos, es hora de irnos antes de que los institucionalicen a todos ustedes.
Emma sonríe mientras Consuelo les recomienda despedirse de su hermano y subir al auto antes de tener que castigarles de por vida. Le escribe a Vidal:
Ya vamos de regreso, aborta tu misión.
—Te amo. Todo lo que dijeron ellos, sin drogas, crímenes, suicidios grupales o individuales. Te amamos y todos esperamos verte para los cumpleaños de tus hermanas. Alice quiere cinco regalos —su mamá hace una cara—. Natalia, gracias a Dios, solo quiere fingir que no nació. Y voy a hacer toda una fiesta porque puedo y porque me da la gana.
—Los papás deberían tener límites también —comenta Emma mientras la dirige hacia el auto. Consuelo va a darle un beso y un abrazo a James antes de regresar corriendo al auto, y ve a sus tres hijos seria.
—Estafadores.
—Te amamos tanto.
—Y admiramos tu fe en nosotros —responde Xavier mientras ella los lleva a casa.
La fe de una madre es infinita, pero cuando llegaron a casa y los niños contaron que habían ido a ver a Alex, Alice se mostró bastante triste porque sentía todavía que había traicionado un poco a su hermano, y que por ella no quería regresar a casa. Vidal le explicó que, fuese como fuese, él estaba muy agradecido, porque sin su confesión su hermano seguiría enfermo, y que poco a poco lo convencerían de volver a casa.
La pequeña se quedó abrazada a su padre un rato y luego subió a su habitación para cambiarse. Vidal le preguntó a su esposa si podían ir a darle su sorpresa a Alice adelantada. Iban a esperar hasta su cumpleaños, pero estaba seguro de que tanto ella como Leonor estarían felices de poder ir a karate juntas. Así que subieron con la caja de regalo y se la entregaron. Alice vio el uniforme y saltó de alegría.
Mientras les daba abrazos a Vidal y a Consuelo, su papá le acarició la espalda y le rogó aplicar sus artes marciales de la manera debida. Ella asintió y los dos sonrieron.
Bajaron al comedor con los demás y les contaron un poco de su proyecto y cómo esperaban que cada uno de ellos participara.
—Definitivamente les voy a ganar —anuncia Tessa.
—¿De qué estás hablando? —pregunta Xavier—. Soy mejor artísticamente que tú.
—Probablemente, pero yo voy a hacer comida. La gente siempre quiere versiones saludables de comida.
—Yo podría administrar y ayudar a vender.
—Somos vendedoras innatas.
—Podríamos ser socias. ¿Cuánto nos dan de capital inicial?
—Veinte mil dólares, y yo soy accionista del negocio —propone Consuelo, y Tessa extiende su mano.
—Nosotras nos contactaremos con ustedes cuando determinemos cómo funcionan los proyectos en beneficio de esta familia.
—¿No vas a ir por el ballet? —pregunta Mariana sorprendida.
—El ballet es mi hobbie. Eventualmente, podría lesionarme y requerir explorar otras habilidades. Y Alice y yo hemos hablado mucho de tener nuestra propia función.
—Tendrán veinte mil dólares administrados por la abuela Marita.
—Qué cool, ella nos cae súper bien.
—Gracias a Dios —murmura su madre, divertida.
—¿Xavier?
—Yo quiero un sabático e irme de gira.
—Nop.
—Voy a disfrutar de que el apellido muere conmigo —responde y se va de la sala.