Celópatas

1108 Words
Vidal nunca había sido el papá de la novia, siempre había sido el papá que le ruega a su hijo no dejar a nadie embarazada porque no está listo para la trágica pelea que representaría ser abuelo de un nieto con padres adolescentes. Es terrible, eso sería horrible, pero ser el papá de la adolescente con el novio príncipe azul, que es estudioso, atlético, responsable, educado y que tiene todas las hormonas y ojos femeninos encima de él, es otro nivel. —No debería estar sentado en medio de esos dos —comenta Xavier. —No, porque no me siento en medio de la cama en la que fornicas con niñas ilegalmente. —Esa es tu hija. —Ya sé, pero ¿qué hago? —Yo no sé si él sea apropiado para Tessa —comenta Alexander y se encoge de hombros—. O sea, papá, él cambia de novia cada semana, y Tessa no necesita esa energía en estos momentos, esa inseguridad. —Exacto, a eso me refiero. Ramón entró y saludó primero al niño que no conocía con un apretón de mano extra fuerte y una sonrisa loca, la de un celópata que tiene bien guardada, y se fue directo al rincón de los hermanos y el papá celoso. —¿Qué estás haciendo aquí? —pregunta Ramón—. No deberías estar sentado en medio de esos dos. —Le está tocando el pelo —se queja Ramón, y su papá asiente. —Bueno, Pete, seguro tienes tarea. —Tengo que ir a recoger a mi hermanita, y es extra exigente con el tiempo, pero igual no me gusta que se quede de última ni que sienta que no tiene familia, así que sí, tengo que irme. Y te traje algo terrible —responde, y le da a Tessa una carpeta—. Son las actividades de la tarde, a las que faltaste. Mi prima va en tu salón y me pasó sus apuntes y todo. Deben estar ya en tu correo. Si necesitas algo o si sigues enferma, nada más me dices y yo te paso sus cosas. —Umm, le trajo los apuntes —susurra mi amiga. —Es demasiado mono —comenta, y Consuelo asiente. Ramón, por otro lado, le da un par de golpes en la espalda a su cuñado. —La está abrazando y susurrándole cosas al oído. ¿Qué quieres, que copulen enfrente de ti? —Bye, Pete. Bye —le apura Vidal, y las diez mujeres en su casa lo observan. Alba se aclara la voz y Antonia dice: —Vuelve pronto. Tal vez a la nena le aburra eso de estudiar y puedas ayudarla. —¡Mamá, la nena tiene tutores! —¡Sí, pero uno así de guapo! —Ah, qué linda señora —responde Pete, y le da un abrazo de esos suaves y dulces en los que Antonia puede oler su perfume y ver la marca de la camisa. A pesar de la vibra histriónica y masculina tóxica de Vidal, Pete estrecha su mano con la suya, con la del tío Ramón, con la de los hermanos, y después, con un gesto de la mano, se despide de Tessa. Van juntos pero con distancia hacia la puerta. Tessa la cierra y se gira hacia Vidal; su esposa se gira hacia él; su madre y yo le miramos de manera asesina. —Te sientes bien. —Creo que estoy hipertenso. No, no estamos listos para novios. No, no, no, no. Están prohibidos. Las noticias también siguen mintiéndome. Xavier, es lo que provocas. —Natalia tiene un novio. —Desde hoy no vuelves a salir de la casa. Esto es horrible —responde Vidal mientras se toma una botella de agua de corrido. Su mujer y yo nos reímos. —Me voy a morir de un disgusto tras otro. Consuelo lo observó mientras se reía. Su marido negó con la cabeza y fue a servirse un whiskey, mucho más de lo debido. Ramón aprovechó para echarnos en cara que somos pésimas cuidadoras. —El otro haciéndole ojitos a la niña y ustedes apoyando cada movimiento. —Estaba siendo amable, ¿qué íbamos a hacer?, ¿pegarle? —pregunta Consuelo. —¿Recuerdas haber sido así de tierno en la adolescencia? —No, pero no quiero dejarlas solas con Alba en diez o quince años. —A mí me encantó Pete, es un caballero y su familia tiene buen nombre —comenta Antonia. Las chicas deciden subir con su hermana para echarse el chismecito de por qué no están saliendo. Y aunque su hermana no lo dijera abiertamente, tenía miedo de fallar. Pero más miedo le daba salir herida porque lo había visto en los ojos de Richard: esa laguna de miedo, dolor y el frío con el que azota una verdad que no estás esperando por parte de un ser querido, un ser al que amas. Tessa había vivido cada una de las fallas de su madre personalmente, entonces les parecía imposible permitirse tener más que un amigo, sobre todo cuando era alguien extra popular, carismático, comprensivo, dulce... que cambia de novias como de bóxers. —Tessa, mi papá le pegaba a mi mamá. Eso no significa que mi hermana y yo vayamos a ser golpeadas por todas nuestras parejas ni que lo vayamos a permitir. —Sí, pero no estoy lista para ponerme en riesgo. Consuelo le recordó que era hora de cenar y luego irse a dormir porque tenían que ir a la escuela eventualmente en la mañana. Todas salieron en filita de la habitación. Consuelo se metió en la cama con su hijastra y le dio un abrazo y un beso. —Solo hay una cantidad de tiempo en la que uno puede esconderse de los problemas y la vida, mi amor. El problema es que debe ser siempre el mínimo, porque el chico guapo se va, tu juventud también, y las razones para que personalmente destruyamos a esa perra que te hizo llorar. Esa noche, Vidal se aseguró de que sus hijos más angelicales estuviesen dormidos. Índigo tenía los ojos bien abiertos cuando le apagó la luz y se llevó el monitor. De todos modos, su hermano parecía feliz de escucharla. Vidal finalmente se acostó sobre su cama, y su mujer lo miró divertida antes de acercarse a su lado y acariciarle el pecho. —Estoy cansadísimo. —¿Quieres un masaje, cielo? —No, quiero descansar. Vidal le da un beso y le acaricia la espalda. Los dos escuchan el monitor y ven la pantalla: sus hijos están conversando, muy felices. —Mañana vamos a tener un día de spa.
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