Alguien que sepa

1334 Words
Antonia, viuda de Vidal, había llegado a casa de su hijo y vio el desayuno servido, los bolsos en el suelo, la casa en silencio, y decidió llamar a Marita de Mondragón para saber qué estaba pasando. Pero Marita estaba terminando de hacer sus ejercicios, y la verdad no se enteraba de nada, así que las dos estuvieron de acuerdo en ir al hospital más cercano, porque sus hijos no tenían teléfonos, sus nietos no parecían estar en la escuela, y era mejor ir al hospital. —No hay sangre ni nada —pregunta Marita. —No, sabes, ahora que lo pienso, la mamá de Alexito está enferma. —¿La de las drogas? —No quiero juzgar —comenta Antonia de regreso al auto— porque tenemos nietos. —Cierto, está enfermita. No quiero ser mala gente, pero espero que sea ella y no que se les cayó un bebé. —Tú piensas lo mismo que yo. —Qué consuelo, y Vidal no deberían tener tantos niños solos. —Sí... —Regalémosles una niñera. —Ah, sí, pero siento que tiene que venir de ti, porque a mí así no me hacen caso. —¿Qué tal tu marido? Los dos lo quieren muchísimo y parece responder positivo a todo lo que les digas —Marita estuvo de acuerdo y las dos llegaron en menos de veinte minutos al hospital para encontrarse a Beatriz, haciendo un berrinche porque su hija estaba muerta, pero su nieto estaba vivo en un hospital y su padre no se tomó la molestia, en medio de una crisis, de llamarla. —Hola, mi cielo, ¿qué les pasó? —pregunta Antonia y besa a su hijo en la mejilla. —Dice, Antonia, que la casa es un reguero, no se trajeron los celulares, y vinimos cuando pensamos que algo malo pasó —comenta Marita y besa a su yerno, luego a su hija y se coloca del otro lado de Vidal. —Beatriz, ¿qué pasó? —pregunta Antonia. —Mamá —murmura Vidal y su suegra le toma de la mano. —No la regañes. ¿Quién es esta señora? —Soy la mujer que va a tomar la custodia de mi nieto, y no se me va a pasar esto. —Alexander tuvo una convulsión sostenida, Doña Beatriz —comenta el médico—. Vidal pasó la mano intentando compensarlo, traerlo al médico, lo que hacen los papás cuando sus hijos se enferman —comenta—. Ahora necesito hablar en privado con Vidal y Consuelo. Consuelo y su esposo siguen al médico mientras Marita y Antonia se quedan haciendo de mamás viciosas. Francesca ve divertidísima el shock mientras abraza a Alice y Anastasia y Tessa, y Xavier pone en contexto a sus hermanas sobre lo pesada que es la abuela de Alex. Arturo y Consuelo van al consultorio de Arturo, y este les da la noticia. —Alex, Alex está positivo a Adderall. —Alex no consume —Arturo le da el examen de orina y le informa que están procesando el de sangre, le da un beso en la mejilla a su amigo y le acaricia la espalda. —Hay excelentes programas. —Mi hijo no usa drogas, esto tiene que ser de una vez. —Vidal, lo peor que puedes hacer es cerrarte, más con el antecedente materno de Alex. Creo que no han visto señales, y no es fácil. —Soy su papá, yo sabría. —No hemos notado cambios en Alex. —Creo que no es un problema de hoy, Consuelo, no puedes notar una diferencia cuando está viendo siempre lo mismo. Los chicos se aislan, dolores de cabeza, sequedad en la boca, insomnio... —Me sé los síntomas —grita Vidal y Arturo asiente, le acaricia la espalda. —Bueno, todo lo que dices es Alex, pero es un niño tranquilo y bueno —comenta Consuelo—. Es el mejor portado de nuestros siete hijos. ¿Quieres decir que tenemos que drogar a los demás? —bromea Consuelo y Arturo se ríe—. Creo que vamos a esperar al de sangre. Esto nos puede decir si es de hace unos días o semanas. —Examen de cuero cabelludo —propone Vidal. —Ya lo solicité porque sé que eres terco y soy el doctor de tu hijo, al que conozco desde que te enamoraste de él y te casaste con su madre, desde que peleamos juntos su custodia. Vidal, voy a mantener todo esto fuera de récord porque Alex tiene un futuro brillante por delante y va a salir de lo que sea en lo que está metido. Lo vamos a sacar. Vidal asintió y su mujer le dio una apretón de manos. —Tal vez los niños sepan algo —comenta Consuelo, Arturo asintió. —Nuestros hijos no guardan un secreto y no guardarían uno como este. Arturo propuso hablar él con ellos, primero se sentó con Tessa y Xavier, y los dos parecían profundamente ofendidos con la acusación que estaba haciendo sobre su hermano. —No, jamás... Xavier sí, convertiría una esposaja en drogas, pero Alex... Alexander, no, definitivo. —Sí, tío Arturo, o sea no, mi hermano tiene sus cosas, como que siempre está metido en su propia burbuja, pero no es adicto a nada más que a estudiar. Arturo se presentó con Mariana y Natalia, las cuales le advirtieron que habían vivido con todo tipo de adictos y su hermano no cumplía con esas características. Era un excelente muchacho, estudioso, responsable, respetuoso. —Anastasia... —llama a su sobrina y le da un beso en la frente—. ¿Tienes algo que contar? —A Alex se le murió la mamá hoy, creo que estamos buscando causas donde no las hay. —Sí, mi amor, pero es mejor estar seguros. —¿Seguros de qué, de qué? —pregunta Alice. —Estoy preocupado. —Cuando la gente está enferma, uno necesita un médico que se ocupe, no que se preocupe —responde Alice, y Vidal y Consuelo escuchan la respuesta de Alice. —¿Algo sabes, Alicia? —la acusa su madre—. Tú eres impertinente solo cuando estás intentando quitar la atención. —Alice, le van a dar una medicina a tu hermano, cielo.—comenta Vidal— Si está metiéndose un polvo en la nariz, tomando una pastilla, inyectándose algo, y le damos ese medicamento, se muere, por eso se murió su mamá. —Bella se murió porque usaba drogas, Alex no usa drogas —defiende Anastasia a su hermano— y Alice, esto no es un interrogatorio policial, bájale seis rayas —responde indignada. —Inyéctalo, creemos en lo que están diciendo —responde su padre—. Nadie sabe nada. —Yo quiero enojarme —comenta Alice y sus papás la ven con el ceño fruncido. —Alice, no es el momento... —comenta Anastasia. —Yo sí sé algo, pero mi hermano ya lo está pasando mal, y no me castiguen. Yo solo pensé que estaba haciendo algo bien, él me dijo que eran antidepresivos y yo creí que le daba vergüenza que supiéramos que tiene una enfermedad mental... Sonaba razonable, en serio que yo no sabía. —¿Dónde están las pastillas? —No, no, mejor me castigáis a mí, yo creo que puedo soportarlo, pero Alex no —dice entre lágrimas. —Mi amor, no vamos a castigar a nadie, pero necesito saber —le dice Vidal. —No le puedes decir nunca que husmeé. —Alice, ¿inspeccionaste la habitación de tu hermano? —No, él estaba ahí, pero yo vi que el mueble tenía un forro, algo, o sea... Debí pensar mejor... Yo soy súper inteligente. —¿Un forro como en las pelis que te gustan? —Sí, mi hermano es un adicto... Lo bueno es que no había inyectables y ocupas una combinación para entrar. —¿Te la sabes? —Umm, ju... —comenta—. 946307, lo siento mucho.
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