Vine a verte

1231 Words
Consuelo y Vidal tenían un ultrasonido programado para ver a sus bebés. Les parecía que hacerlo con los niños sería una excelente idea para unirse y sentirse un poco más como una familia. Como lo que eran. Sin embargo, todos parecían decididos a no estar. Xavier respondió con un “tengo planes”. Mariana y Natalia tenían que trabajar, Anastasia y Alice estaban ocupadas con una reunión, Alex tenía clases de preparación para su examen de admisión a la universidad (dentro de dos años), y Tessa no estaba de humor. Vidal y Consuelo decidieron no insistir. Simplemente disfrutaron ellos de su consulta y de ver a sus bebés. Estaban creciendo bien, desarrollándose perfectamente, y los niveles hormonales de su madre estaban lo suficientemente normales como para que no se sintiera mal todo el tiempo. Consuelo mandó a hacer un rompecabezas con la imagen de sus bebés y compró todo lo necesario para una pijamada. Xavier estaba acostado en el sofá cuando sus padres llegaron. Se veía serio, muy preocupado. —Hijo, ¿pasó algo? —Hoy fui con Tessa y Anastasia a ver a mis hermanitos. Parecen deprimidos. —¿Cómo está Rick? —Gordo, igual que siempre —respondió Anastasia, y su padre le lanzó una mirada de advertencia. —Eso es bueno. Para sus hermanos, es un cambio abrupto, y saber que ustedes están cerca les hará mucho bien. —Mis hermanos están muy molestos con Tessa y se lo han hecho saber. Quizá deberías hablar con ella. —Tessa no va a ganar Miss Simpatía este año —comentó Natalia, y Consuelo le dirigió una mirada de advertencia. Tessa, de verdad, no ganaría un concurso de personalidad amable y agradable. Pero lo que más le preocupaba a su padre era esa facilidad para hacerse de enemigos. La encontró acostada en su cama, completamente cubierta con las cobijas, y aún con lágrimas sobre las mejillas. Vidal se quitó los zapatos, cerró la puerta y se acostó a su lado. Le dio un beso en la frente y limpió su mejilla. —Mi psicóloga cree que soy una narcisista de libro. —Tienes rasgos —aceptó su padre—. Cuando recibes ese tipo de diagnóstico, tienes dos opciones: seguir siendo una mala persona o elegir ser tu mejor versión, aunque sea difícil. Tessa, lo que le hiciste a tu mamá no puede volver a pasar. ¿Ves? Lastimaste a Rick, dañaste profundamente a tus hermanos pequeños e heriste a Xavier y Anastasia. Todos esos daños colaterales no eran necesarios. Pero ¿sabes lo que no has logrado ver? El daño que te hiciste a ti misma. —Vale, pude haber enviado solo los videos a mi padrastro. —Tessa, nada de lo que hiciste está bien. No era necesario, y es obvio que todos van a estar enojados. —¿Puedes quedarte aquí un rato más y no juzgarme? —No quiero juzgarte, no voy a juzgarte nunca, cielo, quiero ayudarte a entender que todo lo que hacemos, bueno o malo, tiene consecuencias no solo en tu vida sino en la de los demás. Vidal se quedó hasta que su hija estuvo dormida, luego bajó a cenar con los demás. Mariana y Natalia estaban emocionadas por la comisión que recibirían. —El tío dijo que sí. —El tío es muy chineador, las está malacostumbrando a ambas —comentó Consuelo, y le enseñó la ensalada a Vidal. —¿Qué clase de ensalada es esta? —Tiene toronja, fresa y hojas —comentó Alice orgullosa. Su padrastro sonrió divertido. —Y tienes que probar el aderezo —comentó su hijo mayor—. Está espectacular. Vidal se sirvió ensalada y luego una porción grande de pollo. Lo probó todo junto, bajo la mirada atenta de Alice a cada uno de sus movimientos. —Oh, por Dios, qué delicia. —Me lo he inventado en el momento. —Sí, no podía decidir entre fresas y toronja —comentó su madre divertida. —Vidal, estaba hablando con mamá hoy de camino a la escuela. —¿Sí, Alice? ¿Sobre qué? Cuéntame —la animó. —Quería saber si vamos a pasar una Navidad divertida o cuáles son nuestros planes. —Sí, papá, ¿qué tan divertida será la Navidad? —preguntó Anastasia, irónica. —Consuelo y yo trabajaremos en esa dirección: Navidad creativa. —Papá, ¿nosotros vamos a pasarla contigo o tenemos que pasarla con mamá? —preguntó Anastasia. —La pasan con nosotros, pero definitivamente sería un buen gesto ir a comer con mamá. —Creo que hay que comprarles regalos a los peques, Anastasia. Tal vez debamos ponernos de acuerdo. —Yo le voy a regalar un poni a mi hermana y a mi hermano un helicóptero, ya está. —Xavier se rió. —Puedes ayudar a Xavier a elegir —propuso Consuelo. Anastasia parecía emocionada con la idea, y su hermano la observaba entre divertido y agobiado. —Alex, ¿qué quieres para esta Navidad? —preguntó Anastasia—. A mí me gusta regalar bien. Creo que a Consuelo voy a regalarle una bolsa y unos lentes. —¡Uhh, qué emocionante! —¿Qué tal si todos hacemos una lista muy indicativa de qué podría gustarnos para no equivocarnos? —Quiero anunciar desde ya que Tessa es difícil de regalar —interrumpió Xavier—. Ella se esfuerza en fingir que le ha gustado, y de todas formas no le gusta, para que nadie se lo tome personal. —Pondré todo mi esfuerzo en sorprenderla —anunció Consuelo. —No le gusta nada, tiene un daño cerebral —respondió Xavier—. Un año le regalaron un set de Barbie completo y no estaba sorprendida. Fue así como: “Oh, oh, gracias”. —Todos rieron. —Voy a subir por Tessa —comentó Consuelo, sirviendo un plato con helado y toppings. Anastasia se quejó de que había una hermana favorita, y las demás se rieron. Consuelo entró en la habitación de Tessa. Ella ya estaba despierta, mirando por la ventana. Consuelo le acercó el bowl con helado y se sentó a su lado. —Tessa, definitivamente no soy tu mamá, pero no voy a dejar de apoyarte. La noche no fue como planearon. Consuelo seguía trabajando en ganarse al artista para su pareja, Vidal tenía guardia en el hospital, y sus hijos estaban finalmente dormidos cuando Consuelo decidió ir a sorprender a su novio. Pasó por su café favorito, compró algo rico de comer y unas rosas. Luego se estacionó y le escribió: Consuelo Vine por ti, no tardes. Vidal ¿Los niños? Consuelo Durmiendo. Vidal salió media hora más tarde, como el hombre más feliz del mundo. Hace años no entregaba el servicio tan rápido; solo quería verla. Consuelo estaba sentada bebiendo un batido de fresas con leche condensada y extra helado cuando finalmente vio a su novio acercarse. Vidal se paró junto a su ventana y ella se bajó para abrazarlo y llenarlo de besos. Él rió encantado y le acarició la espalda. —Estoy loco por ti. —Y yo por ti, mi amor —respondió Consuelo, y le dio un beso en la mejilla—. Ahora sube, que no quiero que ninguno de esos niños se levante y decidan denunciarnos por abandono a menores. —Son horribles, creo que sí lo harían. —Definitivamente. Ve, súbete.
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