Vidal estaba agradecido con Emma por si queira aceptar el caso, su hija ya era psicóloga de Tessa, sobre todo después del berrinche que se montó Tessa con el adulterio de su madre hacia su padrastro y de una forma u otra sabía que Arturo había hecho un buen trabajo convenciendo a su tía de abandonar su política de no pacientes en casa y mucho menso trabajar después de haberse jubilado.
—Gracias, Emma, por aceptar.
—De nada, Vidal. James y yo no tenemos a nadie en casa, he aceptado que tenga un perro para que él gaste energía y vaya de un lugar a otro y converse con alguien para que no sienta necesidad de hablarme todo el tiempo o de secuestrar a nuestros nietos por compaía, pero es un buen reto para los dos. Es un caso bonito, aunque complicado por el historial, y tienes un hijo precioso. —Su celular vuelve a sonar, su esposa toma la llamada.
—Mamá, hola, ¿van a volver? —pregunta Alice—. ¿Alex va a venir a casa?
—Mi amor, Alex va a ir por un tratamiento, pero está bien. Los ama mucho y vamos a ir más tarde y contarles todo.
—Vale, los esperamos.
—Gracias, no llamen hasta que sea una emergencia.
Vidal no quería dejar a su hijo, mucho menos tener que pasar por contacto cero con él, pero era lo mejor para él. Esa noche, cuando llegaron a casa, se encontraron con globos y dos pasteles bien decorados. Sus hijos más pequeños dormidos en la cuna con sus gorros de fiesta.
Todos preguntaron por Alex. Vidal y Consuelo abrazaron y besaron a sus hijos antes de darles la noticia. Todos parecían decepcionados, pero al mismo tiempo felices.
—Bueno, es el cumple mes de mis hermanos. Horneé, las chicas y yo decoramos, Xavier usó esos globos y dejó que Robertus les oliera el pañal. El perro está traumado y no quiere saber de ellos —Consuelo y Vidal se ríen.
Sus papás los felicitan por ganar la custodia de su hijo y los llenan de besos y abrazos. Los pequeños se despiertan para tomar su cena y, antes de que vuelvan a dormirse, les cantan cumpleaños. Consuelo y Vidal soplan las velas y sus hijos celebran antes de probar los pasteles de Tessa, uno de chocolate y otro de vainilla.
—¡Qué espectacular, Dios mío!
—Sí, buenísimo. Para mi cumpleaños quiero uno de ocho torres, igual, igual de sabor —pide Alice—. Hermana, ¿me puedes ayudar?
—Nunca he hecho nada así, pero puedo intentar.
—Gracias, me encanta. Acepto, acepto, tú intenta... —responde Alice emocionada—. ¿Será que Alex sí viene?
—Mi amor, es un tratamiento, hay que seguir las indicaciones y consideraciones de su médico.
—Siento que este pastel, con un poquito de café del que Vidal esconde pero igual tomamos, estaría espectacular —comenta Mariana, y Vidal las mira con los ojos entrecerrados. Sus hijos ríen.
—Vidal, ¿nos invitas a tu café que nos robamos? —pregunta su esposa—. Y Tessa, dame una porción generosa, doble, exquisita —pide, y su hijastra feliz le sirve otra porción mientras conversan sobre la receta.
Consuelo aprovecha para ponerse al día con su familia y escucha a sus hijos. Alice la está petando en la escuela y parece haberse vuelto una mini Alex. Está en el grupo de debate y spelling bee.—Xavier suspira.
—Quiero que todas entiendan que sus decisiones nos afectan a todos en esta familia, ¿vale? Usamos un solo apellido.
—Cámbiatelo —responde Natalia y se encoge de hombros. Sus abuelos se ríen.
Antes que una discusión ridícula empiece pro apellidos, una discusión d ela cual su madre, sus hijos y su esposo son fieles apasionados, Cosneulo le da el espacio para conversar a sus hijas y pregunta:
—Mariana y Natalia, ¿cómo van?
—Bien. No me uní a debate, pero estoy yendo a tutorías después de clase, y a veces, cuando no se comportan como locos, Tessa y Xavier ayudan.
—Mis bebés son buenos —comenta Consuelo feliz y todos se ríen—. Tessa, ¿tú tienes algo que contar?
—Oh, no... no. Yo preparé estos pasteles maravillosos, pasé tiempo con mis hermanas pequeñas y valoré que Indi no habla mucho todavía, pero se queja —los cuatro ríen—. Me estoy tomando la terapia más en serio y estoy valorando lo que sí tengo y lo que me hace feliz. Y esta familia es... agradable, es un buen regalo para todos nosotros.
—Eres mi segunda hija favorita después de Anastasia —comenta Vidal y le entrega su capuchino a sus tres hijas mayores. Café n***o y solo para Alice y Xavier, uno para Consuelo igual. A sus suegros, café con mucha leche por la hora. Y toma asiento finalmente.
—¿Cuál número de hija favorita soy? —pregunta Alice.
Mariana y Robert les advierten que ese es un juego terriblemente peligroso. Consuelo dice que ella no tiene hijos favoritos, solo le caen un poco mejor unos días que otros. Sus hijos se quejan de inmediato y Vidal acepta que todos son los favoritos por momentos. Más que un hijo, tienen una cualidad favorita.
—Sí, papá —responde Anastasia incrédula—. Si tuvieses un riñón...
—Compraría los demás.
—Es ilegal, Vidal —se queja Mariana, y todos se ríen.
—Mi amor, yo compraría los riñones e iría a la cárcel ¿feliz?
—Pero yo quiero saber mi número de favorita, por favor. —insiste Alice.
—Todos son mis favoritos. A ver... Tessa es mi favorita para divertirme, siempre dice locuras y quiere caprichos y los quiere ya. Anastasia es mi favorita por pegajosa. Cuando a un hombre le venden tener hijas, le venden a Anastasia... hasta que responde alguna grosería. Y cuando no es dirigido a mí, a su mamá, a su madrastra y hermanos, casi siempre me encanta. Mariana y Alex me recuerdan a Pablo, siempre callados pero viviendo tanto, haciendo tanto. Solo quiero pasar el día abrazándolos. Y Natalia es una mini Consuelo, mi persona favorita en todo el universo, así que disfruto de ver las comparaciones. Y de último, y no menos favorito, Xavier.
—No dijiste por qué es tu favorito —reclaman sus hijas.
—Me recuerda mucho a mí, buscándome, intentando ser la mejor versión para mí y no para los demás. Nada de lo que he dicho hoy lo pueden usar en mi contra.
Los niños llegan a la sabia conclusión de que, así como hay un color favorito, un día favorito de la semana y un papá favorito, debe existir un hijo favorito en esa familia. Sus papás se cierran a seguir la discusión y sus abuelos deciden intervenir.
—Tú también eres nuestro yerno favorito —bromea su suegro, y los dos ríen.
—¿Contra quién he estado combatiendo? —pregunta divertido, y sus suegros se encogen de hombros.
—A ver, Gretta es nuestra hija por elección. Tú te has ganado un hueco en esta familia. Cuando pensamos que era un disparate de Consuelo, nos dimos cuenta de que eras el indicado para nuestra familia. Así que eres el yerno favorito...
—Sí, y comparado con todas las personas poco agradables que nos ha presentado Consuelo, comparado con el hombre que pidió su mano la vez antes que tú, estás muy bien... estás bien —responde Marita.
—Sí, definitivo, eres nuestro favorito —los Murdock Mondragón se toman de la mano y dicen:
—Eres nuestro yerno favorito... —Vidal sonríe y está a punto de dar las gracias—. Después de Gretta, por supuesto.
Todos en la casa ríen.
—Yo creo que tus favoritos son Iman e Índigo —comenta Xavier para encender la llama, y sus hermanas, que no habían llegado a esa conclusión, deciden estar de acuerdo.
—Papá, te has tomado casi un mes para estar en casa paternando.
—Xavier, que tú no recuerdes no quiere decir que sea una realidad —comenta su padre divertido—Hijo, antes, cuando hacías residencia, lo que te contaban eran las horas. Yo pasé seis meses de mi primer año de residencia 100% en el hospital para tomarme tres meses cuando naciste. Tu mamá también estaba empezando, pero cirugía es más feroz con las mujeres. Le dirían que perdió ritmo y habilidades, y usarían todas las excusas para sacarla del programa. Hice guardias seguidas durante seis meses para pasarme la licencia de maternidad cuando tú naciste. Tenía horas de descanso acumuladas, y Arturo decidió dármelas. Frans se tomó una semana en casa, y yo tres meses. Estudié, volví y nada pasó.
Cuando Tessa nació, ya tenía un nombre, entonces saqué vacaciones más horas que tenía guardadas, y con Anastasia, lo mismo. Hay estudios que demuestran que el cerebro está en rápido crecimiento durante estos primeros meses, y es importante lo que escuchas, lo que vives, las rutinas. Básicamente, logras codificar a tus hijos en las primeras 90 semanas de vida. Por eso, los primeros 90 días son fundamentales para el neurodesarrollo.
—Mientras me cuidabas, ¿escribiste el artículo?
—Por supuesto, no soy un pendejo, Xavier. En la vida hay que hacer dinero y ser un buen padre.
—Já —se burla su hijo.
—Algún día sabremos quién es su hijo favorito, y cuando lo sepamos, estarán condenados a vivir con su menos favorito.
—Suerte con eso, no vas a engañarnos para que los nueve se quedemos a vivir aquí de por vida.—broema Consuelo.
—A qué edad hay que mudarse —pregunt aAlcie.
—Diesiocho —reespodne Aanstasia.
—No tan pronto,pero... después de lo cuarenta ninguno puede vivir en nuestra csa y a los ochenta y cinco empiezan a llamarnos Señor y señora Vidal, nada de mamá y papá.
—¿Cuántos años planeas vivir, consuelo?—pregunta Xavier.—¿Será que tenemos que habla de asilos de ancianos, a los noventa y yo dejo de visitatarlos y los institucionalizo. Estoy seguro de que papá se quitará la dentadura y Consuelo va a ser una vieja pedorra —todos se ríen ante la cara de impresión de Consuelo.