Mamá de todos

1222 Words
Vidal estaba en casa con sus dos hijos menores. Iman, especialmente, estaba enojado por no tener a su mamá, pero su papá, ingeniosamente, había descubierto que estar cerca de su hermana le relajaba lo suficiente como para no molestar. No estaba dormido, pero estaba en silencio acariciando la oreja de Índigo, quien dormía cómoda contra su pecho. Vidal les acarició a ambos la espalda y encendió el ventilador; ese ruido blanco ayudó al pequeño a dormirse finalmente. Pero su madre, la mujer que los había llevado por nueve meses, finalmente regresó con Anastasia de su almuerzo. Anastasia le dio un beso a su papá y acarició la espalda de Iman e Índigo. —¿Cómo les fue, cariño? —pregunta su esposa. Vidal está a punto de contestar cuando sus hijos le interrumpen en llanto con un sonido similar al terror. Consuelo reconoce que también los extrañó antes de acostarse en la cama y ponerlos contra su pecho. Vidal les da un beso a los tres y carga a Anastasia hacia la cocina, quien trae un almuerzo completo para su padre. —¿Qué tal estuvo tu almuerzo? —Mmm. —¿Tu clase de ballet? —Normal. —¿Te gustaría elaborar? —pregunta su padre. —Me duele un poco la cabeza. —¿Quieres acostarte, Anastasia? —Sí, pero me da pena que comas solo. Vidal sonríe y le da un par de besos en la mejilla. —Ve a acostarte a tu cama, ya te subo un té. —No, te espero, papá. Vidal le preparó el té y le sugirió soltarse el cabello. Anastasia asintió con una sonrisa y le contó que tendrían un recital mixto. Su papá escuchó todo sobre la producción en tan solo unos minutos y, después de comer, los dos subieron a la habitación con Consuelo y los bebés. Estos no habían perdido ni un segundo con su mamá: habían comido, requerían un cambio de pañal y uno de ropa. Finalmente, Consuelo estaba acostándolos de nuevo en su colecho. —Mira el jack que acabo de desbloquear —comenta Vidal y los pone en un solo colecho. Iman toma la oreja de su hermana e Índigo coloca su mano contra la de su hermano. Consuelo toma diez fotos, videos, y se acuesta de vuelta en la cama. —Voy a tomar una siesta, que luego tengo tarea. —¿Quieres dormir aquí un ratito? —le pregunta su papá. —Sí, pero no le cuenten a los otros. Vidal sonríe y Anastasia anuncia que va a ponerse algo cómodo. Su papá y su madrastra se quedan en la cama, besuqueados y contándose sobre las dos horas que han pasado separados. —Han estado tranquilos. Iman te ha buscado más; Índigo se ha dado por vencida un poco más rápido. —Te aman demasiado —comenta ella—. ¿Qué tal si se enamoran de ti como yo? —Esperaría eso —responde y le da un beso sobre los labios—. ¿Qué tal tu almuerzo? —Bien. Xavier y Alexis pelearon por Padma. —¿Nadine? —Sí. —Deja de cambiarle el nombre. —Apenas puedo con el de nuestros hijos, no me pidas novias —se queja. Vidal le acaricia la espalda mientras se acerca un poco más a ella y la apura para que continúe antes de que Anastasia regrese. —Stace tiene nuevos compañeros de baile. Le advertimos que es muy probable que jueguen para el otro lado. —No he tenido el corazón para recalcar eso. Consuelo está por contarle las actualizaciones más recientes cuando su esposo pega su pelvis contra la de ella y los dos se ríen. Anastasia entra un poco después con su almohada y un conjunto fresco y suave de seda. Se acuesta del lado de su papá y este la abraza antes de quedarse dormidos los dos juntos. Consuelo se va con los bebés al primer piso cerca de la hora de llegada de sus hijos. Francesca llega primero de recoger a sus hijos. Se da el gusto de cargar a los bebés y olfatearlos un poco. —Están deliciosos, a mí me encantaría tener uno más. —Tienes como cincuenta. —Tengo cuarenta —se queja Francesca, y Xavier sonríe con maldad. Tessa va a su habitación sin decir mucho, y Consuelo les recuerda a los niños que la merienda está servida en el comedor. Xavier va por uvas y fresas, y su mamá le recuerda que tiene hermanos. Este se va a su habitación sin decir mucho más. Alex pasa por algo de comer y también sube. Consuelo ve a sus hijas llegar. Alice parece una niña que solo fue a la escuela a socializar: viene ligeramente despeinada, con la camisa sucia y manchada, las medias cafés cuando eran blancas y tiene un raspón en la rodilla. —¿Te peleaste con alguien? —Sí, y mañana tienes que ir a la escuela —responde y le da el cuaderno de mensajes. Natalia le da un beso a su mamá y saluda a Francesca antes de ir por algo para merendar. Antes de subir, comenta: —Estoy muy feliz de ser tu hija favorita. Consuelo eleva una ceja. —Sin contar a Índigo. —Claro, claro. Eres casi perfecta, espero que te dure un mes y no solo el día. —Que no se nos borre el hechizo mágico. —¿Trajiste a Mariana temprano? —pregunta Ramón antes de darle un beso en la mejilla a su hermana. —No, Natalia me dijo que se ausentó de la escuela, pero esperaba verla llegar y echarle el viaje de culpa. —La llamé y no respondió —dice Ramón, ligeramente preocupado. Consuelo le pide a su hermano que vaya por su teléfono y por Natalia. Este va corriendo por la casa y hace unas cuantas llamadas antes de llegar al primer piso. Consuelo llama a su hija un par de veces y esta no contesta, por lo que empieza a interrogar a su hermana. —Natalia, ¿qué fue lo último que dijo? —pregunta—. ¿Desde hace cuánto no la ves? —No te preocupes. —Natalia, por supuesto que me preocupo. —Ya sé, pero Mariana no ha estado bien, seguro... seguro regresa más tarde. —Dime dónde está o llamo a la policía. —Llámala, pero vendrán los de protección infantil, nos llevarán a Alice y a mí y será horrible. —Natalia, yo no estoy jugando. —Yo tampoco, pero se han llevado a niños por menos. —Consuelo está dando lactancia y cualquier susto puede intervenir en ese proceso. ¿Por qué no nos ayudas pensando en dónde podría estar tu hermana? —pide Francesca en tono calmado. Natalia toma asiento y reconoce que su hermana tiene el hábito de desaparecer, pero siempre vuelve, entonces no deberían estar preocupados. Consuelo está más que preocupada, está horrorizada ante la idea de que su hija pueda estar en peligro, herida, drogada o algo peor. Consuelo no deja de llamar y su hermano intenta tranquilizarla. Le dice que ha pedido ayuda a uno de sus conocidos para rastrear el teléfono. Consuelo le escribe un mensaje a Mariana: Hija, por favor contesta. Estamos muy preocupados, solo queremos que vuelvas a casa sana y salva. Mamá.
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