Esperáte

1220 Words
Cosas divertidas que han pasado: Consuelo y Vidal reciben cada semana una mala review sobre la paternidad, y después de visitar al padre en busca de un "sí, ven, bautiza a tu hijo mañana", se dieron cuenta de que eran malos papás, con malos padres, con una vida pobre en espiritualidad. Consuelo llevaba su cartera llena de dinero, pero le dio vergüenza enseñarle la donación que planeaba hacer al padre cuando este les recordó que no tenían que bautizar a dos hijos: tenían que bautizar a varios hijos. Tenían que bendecir su unión. —Creo que tiene usted toda la razón. Nuestros hijos necesitan una bendición, son, al final, hijos de padres divorciados. —Sí, tú y Francesca se han pasado. Mi matrimonio se anuló. —Consuelo, te hice el catecismo. Sé de lo que eres capaz —interviene la monja. —Y te has confesado dos veces en la vida, las dos conmigo. Eres una pecadora —Vidal asiente. —Por eso nuestros hijos necesitan ayuda. Urgente. —Tienen que hacer el curso, para bautizarlos. —Yo hice el curso. Bautizamos a Tessa y a Xavier. —¿Qué pasó con Anastasia? —Vimos algo en ella —bromea su padre—. Nos divorciamos poco después de tenerla. —¿Dos años después? —preguntó, y el padre se ríe. —El curso... —¿Hay uno flash o especial? Soy médico, opero cerebros, padre. Consuelo pone la bolsa sobre la mesa y la monja se cubre el rostro. El padre se ríe, se pone en pie, va a darles una bendición a los bebés y les pide a sus padres que se vayan. Le devuelve la bolsa con dinero a Consuelo, y ella le pide que toque el cuero Chanel de su bolsa. —Esto vale miles… ¿eh? —Vete, antes de que el diablo pase a recogerte con urgencia —le advierte la monja. —El diablo puede entrar a la iglesia. —Consuelo, no digas nada más, por favor, no digas nada —pide su marido, y ella le sigue. —Podemos fingir que los bautizaron hoy. —No voy a ir al infierno contigo. —No vas a ir al cielo porque operas cerebros. Dios te está escuchando. —Dios no quiere escucharnos hasta que estemos en casa. Vidal se va todo el camino quejándose de las iglesias, robándonos la oportunidad de darle a nuestros hijos la bendición. “Yo voy a quedarme en silencio”, dice, mientras bajamos a los dos pequeños. Sugiere un exorcismo en grupo y Vidal parece listo para buscar un tutorial en internet. Si algo le gusta a Consuelo de ser mamá, es saber que sus hijos cuentan con abuelos espectaculares. Antonia está sentada con sus nietas tomando el té mientras se comen un pastel a cucharazos. Incluso la consuegra está invitada. Le dan una señal a Consuelo para que se acerque, y esta se va feliz con Índigo e Iman en el coche. —¿Cómo va lo del bautizo? —Mal. No somos buenos papás espirituales y, a partir de mañana, todos nuestros hijos van a ir varias veces al día a la iglesia. Hay que cambiar el curso de la vida. —Mamá, así no funciona —responde Alice—. Si vamos varias veces, tú vienes varias veces. —Oye, Consu, ¿has sabido algo de Lex? —Tu papá fue a almorzar con él esta mañana. Su médico dice que le va muy bien, está avanzando. —¿Y tú has ido? —Sí, lo vi hace un par de semanas. Se ha cortado el pelo y está aumentando un poco de peso por el ejercicio. —Músculos —le corrige Tessa. —Creo que el otro año voy a dejarme de besos y lanzarme completamente a las drogas —comenta Natalia, y su madre y sus abuelas la ven serias antes de entrecerrar los ojos. —Es un contexto completamente diferente. Mi hermano está de luto y enfermo. Tú eres necia a repetición. —Anastasia, escuchamos y juzgamos en nuestra cabeza —comenta su abuela. —¿Es normal pelearse todo el día? —pregunta Marita—. ¿Todos los días? —insiste—. Son agotadores. Consuelo deja que las abuelas no sean tan adorables y les regañen por aquí y por allá, cuando en realidad, se siente feliz de no tener que llamarles la atención por esas discusiones constantes. Antonia recuerda que tiene pendiente una conversación con Vidal y conmigo, una sobre arte y “vidalismo”, y la verdad es que hay más hermanos agotadores en esta familia, y son los hijos de mi suegra. Anabelén no quiere una pintora metida en su casa, su hermano no la quiere en su cocina y su hijo no se siente cómodo exponiendo a su familia. —La verdad, mamá, Consuelo y yo hemos estado hablando de convertir la galería y el apellido en algo grande, en una marca. Y si mis hermanos no están a bordo con eso, no podemos tener un restaurante Vidal, una marca de ropa Vidal que no es la mejor. Así que, el que no quiera salir o mostrarse, necesita empezar a generarnos como nombre o marca. —Sabes que es el apellido de todos. —Pero yo lo he registrado como marca, y como mi papá invirtió en todos esos negocios, son parte de mi imperio económico, por lo cual hacen lo que les digo o los remuevo de los cargos que ocupan en la empresa familiar. —¿Tú quieres iniciar una guerra familiar? —No, es lo que he conversado con mi esposa, encargada del negocio que alimenta a nuestras cinco familias. —Vidal, cuando le digas esto a tus hermanos, procura usar chaleco antibalas. —Todos los imperios de este país funcionan porque trabajan juntos: los Salomono, los Caine, los Luethor, los Pieth, los Murdock. Si no trabajamos juntos, pronto vamos a ser solo gente sin dinero. Tenemos hijos caprichosos y artísticos. A mí me encantaría que Xavier tenga toda una casa productora, y que Anastasia Vidal sea la cara del baile Vidal. Así como cualquier cosa que les apetezca, pero somos lo que somos. —Te va a tocar liderar con el ejemplo, hijo. Sé un pintor. Ninguno de tus hermanos pinta. Sé un pintor, exígete, y después les puedes exigir a cualquiera de tus hermanos —responde la mujer—. Mientras seas papá a tiempo completo y neurocirujano con una subespecialidad en columna y arteriografía… bueno… no sirve criticar la forma mediocre con la que mides el talento de tus hermanos. —Una competencia —propone Consuelo—. Competir es la forma más Murdock de mantener viva la llama de la riqueza. Esa gente compite por hacer el confite más bonito a mano. Entienden el nivel de exigencia, pero funciona: una multinacional dulcera con documentales, libros de repostería, películas dando vueltas por el mundo. Creo que Consuelo Murdock ganó esa competencia, y Consuelo Murdock Mondragón de Vidal está por darles la bienvenida al juego del negocio familiar… o a los Juegos del Hambre… curioso, porque alguien de verdad podría morirse. Espérense a que María Belén se entere… Anabelén, ya saben, la hermana loca de Vidal… la que a mí me encantaría que mi amiga no provoque.
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